Biodiésel cordobés: en la UNRC buscan producir el biocombustible a partir de aceite de maíz
El grupo de investigación Simap, de la Facultad de Ingeniería de la UNRC, junto a la empresa Synergy Solutions transforman un derivado de la producción de etanol en biodiesel. Se podría escalar y complementar con las plantas etanoleras de Córdoba, lo que daría un giro importante a la producción de biocombustibles en la provincia
Hablar de biodiesel en la Argentina es pensar inmediatamente en soja. Es que la oleaginosa es la materia prima que ingresa al procesamiento para obtener aceite de soja y luego biodiesel. Las grandes plantas productoras se concentran en la zona de Rosario y desde allí abastecen mercados internacionales, aunque con una alta capacidad ociosa. Luego existen pequeñas plantas distribuidas en Buenos Aires, La Pampa y Santa Fe, cuyo combustible se destina al corte del gasoil para el mercado interno. Es decir, le entregan la producción a las petroleras para que termine en los surtidores de las estaciones de servicio.
Pero a partir de un trabajo que viene realizando el grupo de investigación Simap de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Río Cuarto junto a la empresa Synergy Solutions pretenden sumar a la paleta de materias primas del biodiesel al máiz. Aquí vale otra aclaración: el maíz es el punto de partida del bioetanol, que se produce en plantas como Bio4 (Río Cuarto), Promaíz (Alejandro Roca) o AcaBio (Villa María). Sin embargo, no habría competencia entre ambos combustibles por la misma materia prima. La magia pasa porque el biodiesel se haría a partir de un subproducto del bioetanol: el aceite de maíz.
Así, este equipo de investigación ya probó que es posible convertir a las plantas etanoleras en duales: que sigan elaborando etanol de maíz y al mismo tiempo, con una línea de producción complementaria, obtener biodiesel. Así, esas plantas pasarían a ser biorrefinerías.
La investigadora que lidera Simap es María Fernanda Gayol y dialogó con I+I CBA sobre los orígenes y alcances de las pruebas realizadas en su cubículo, dentro del Departamento de Tecnología Química de la Facultad de Ingeniería. Allí convive a diario con destiladores, tubos de ensayo, un cromatógrafo de última generación, bidones de aceite de maíz y dos jóvenes investigadoras que intentan abrirse camino en medio de las restricciones que ofrece el sistema para la ciencia. Ezequiel Magnani es el otro habitante de ese espacio que por momentos parece desordenado pero que en realidad está permanentemente regido por la búsqueda de hacer encajar las piezas y poder gritar Eureka!
Magnani es uno de los fundadores de Synergy Solutions, la empresa que completa el armado investigativo para el biodiesel cordobés. Se trata de un egresado de la Facultad de Ingeniería y con paso por la empresa Porta Hnos. Siempre se interesó por el mundo de los biocombustibles y se acercó al Simap para apostar por el proceso productivo que, aseguran, le sumará a Córdoba otra fuente para consolidarse en la mesa nacional de combustibles, aun sin contar con ningún pozo petrolero. En medio de la revolución de Vaca Muerta en el sur, Córdoba vive una revolución biosustentable de la mano de sectores productivos asociados a economías circulares, una academia que se enfocó en aportar para potenciar ese desarrollo y un sector público dispuesto a acompañar con políticas de fomento y respaldo. De hecho, la investigación que lideran Gayol y Magnani cuenta con financiamiento provincial del PRI (Programa Regional de Innovación), Voucher de Innovación Colaboración IV y están a la espera de un nuevo aporte para el tramo final de su trabajo.
El desarrollo
Al ingresar al cubículo hay que hacerlo con cuidado. Es un pequeño laboratorio de unos escasos 20 metros cuadrados donde todo está puesto para aprovechar al máximo los espacios. Hay que caminar por pasillos angostos. A su alrededor hay muchas otras investigaciones que se llevan adelante en las salas contiguas, todas próximas a la nueva planta piloto de la Facultad de Ingeniería. Todo está integrado en un mismo edificio. Los guardapolvos blancos largos van y vienen. Pero en el Simap se destacan rápidamente dos aparatos enfrentados entre sí a los lados del pasillo de ingreso. Son dos destiladores de escala piloto que marcan el punto de partida del proceso de investigación. Uno de ellos es un aparato importado de Alemania, de alta complejidad y de manejo sofisticado. Casi de uso exclusivo para investigaciones y de muy difícil escalabilidad. Enfrente, hay una réplica adaptada y construida por los investigadores locales, más rústica y posible de escalar a un esquema de producción industrial. Lo construyeron específicamente para este trabajo, porque la intención es que los desarrollos tengan aplicabilidad e impacto productivo. Ese es el norte que los guía en el día a día.
Un poco más adelante hay un cromatógrafo de alta tecnología que quedó como parte del equipamiento del Simap por una investigación anterior para el que lograron el financiamiento. Básicamente sirve para separar, identificar y cuantificar los diferentes componentes de una mezcla química. También clave para el proceso en marcha.
Lo cierto es que la hipótesis de trabajo comenzó con la idea de utilizar el aceite de maíz, un subproducto del proceso del bioetanol, y darle una vuelta más y aprovecharlo como materia prima de un nuevo proceso productivo. Tal vez a partir de la idea de que el aceite de soja es el puntapié inicial del biodiesel. La premisa central del grupo de investigación es clara: “Valorizamos subproductos de la industria del bioetanol para generar un biocombustible renovable y de calidad”.
Los investigadores empezaron a imaginar cómo transformar ese subproducto que abunda en la principal zona maicera de la Argentina, en un biocombustible que se pueda destinar al corte del gasoil. La primera complicación que encontraron era el nivel de acidez de ese aceite, incompatible con el objetivo final. Allí hubo un mojón importante en el que los destiladores fueron fundamentales porque necesitaban un proceso físico y no químico para bajar esa acidez, debido a que no podían alterar la calidad del aceite. Ese trabajo dio un primer resultado positivo que partió de una acidez en torno al 15% y que lograron reducirla a 0,42% con el destilador molecular importado de Alemania y al 0,10% con el construido por el equipo. Fue una primera gran noticia. Especialmente por el resultado obtenido del segundo aparato que le dio un aceite acondicionado de menor acidez listo para continuar el proceso.
A partir de allí se inicia una etapa en la que se busca separar el biodiesel por un lado, y la glicerina cruda por el otro. Eso se hace a través de un proceso de transesterificación que convierte el aceite en ésteres etílicos de ácidos grasos que se conocen como FAEE (existe un biodiesel común que se lo conoce como FAME). Posteriormente llega un tiempo de centrifugado y allí queda por un lado el biodiesel, que por su menor densidad se aloja en la parte superior del contenedor, y la glicerina, más densa, en la parte inferior. Se separan, se eliminan impurezas, y se obtiene el biodiesel final de alta calidad.
“Esto es un biocombustible de segundo grado que, como tal, no es una competencia con la fuente de alimento de personas”, explicó Gayol, en referencia a una vieja discusión que algunos sectores plantean respecto a la utilización de granos como materia prima de biocombustibles.
Por su parte, Magnani remarcó que la intención es que “este proceso pueda cumplirse al interior de las estructuras de las etanoleras actuales, lo que hará de esas plantas una biorrefinería. Necesariamente este proceso debe cumplirse en el marco de una planta de etanol, pero sin alterar su funcionamiento porque lo que estamos desarrollando es una estructura paralela que podría desacoplarse en cualquier momento sin interferir en el resto de la planta”, indicó.
La sorpresa que se llevó el ministro López al pasar por el cubículo
El ministro de Obras y Servicios Públicos de Córdoba, Fabián López, pasó en la semana por el cubículo del Simap y quedó sorprendido por lo que vio en el desarrollo del biodiesel cordobés. Al dialogar con I+I CBA, el funcionario destacó que había podido ver “un aspecto muy innovador que están desarrollando aquí, que le pusieron medio jocosamente el nombre biodiesel cordobés, y que la verdad que es una tecnología que podría ser estudiada para llevarse a escala, que permite producir biodiesel a partir de bioetanol”, indicó López.
Y agregó: “El biodiesel que hoy estamos usando de manera masiva en todo el país, se produce en Córdoba y especialmente en Santa Fe, a partir del aceite de soja. O sea, proviene de la soja como sustituto del gasoil. En cambio, del maíz lo que estamos sacando hasta ahora es el bioetanol, que es el combustible que sustituye la nafta”, explicó el ministro. De allí la innovación que lleva adelante Simap junto a Synergy Solutions.
López recordó también que “Córdoba es la principal productora de bioetanol de maíz de Argentina, por lejos. Y se produce en plantas como la que tienen aquí en Río Cuarto, que es Bio4, o como AcaBio en Villa María, o ProMaíz en Alejandro Roca”.
Por eso, López destacó que la investigación que se realiza en la UNRC “sería un paso adelante, tratando de producir biodiesel ya no de aceite de soja, sino de bioetanol de maíz. Por eso es algo innovador, es algo de mucho futuro si se logra desarrollar a escala, con un impacto económico muy importante, y son todas las oportunidades que tenemos capacidad de generar”, sintetizó el funcionario.