Blanco y negro: cómplices, en la justa medida
Combinar el negro con el blanco en un mismo ambiente puede ser una gran estrategia, pero es necesario atender algunos aspectos para que el balance sea el apropiado. Y en ese equilibrio intervienen múltiples variables que van desde las dimensiones del espacios, la iluminación, los complementos, entre otros.
Un análisis previo de los componentes que entrarán en interacción permitirá garantizar que esta combinación de tonalidades nos devuelva la elegancia y sobriedad que los caracteriza y evitará “morir en el intento” en la búsqueda de la comunión entre ambos acromáticos.
Animarse a implementar estos tonos en la justa medida es recomendable en función de que evita la fatiga visual en un mismo ambiente y a la vez otorgan mayor protagonismo a aquellos objetos de color que destaquen determinadas áreas.
Un cuadro, un sillón y hasta una mesa resaltarán en lo individual si se encuentran rodeados de esta combinación de tonos, por lo que es importante animarse a dar el primer paso si te gustó la combinación del blanco con el negro en otros hogares. Además, estas tonalidades no se identifican con ningún estilo en particular y pueden trascender a ellos con el paso de los años.
Buscar el equilibrio
El primer desafío estará dado por la búsqueda del equilibrio. Es importante no abusar del uso del color negro en un interior que pueda tener dimensiones pequeñas y mucho menos si carece de iluminación. En esos casos, puede implementarse en filares u objetos pequeños que aporten contraste con el blanco, incluso, con otras tonalidades de grises.
Si un ambiente es muy amplio, se puede optar por pintar una o varias paredes en negro, combinar otras en blanco. Es cuestión de jugar con el espacio y los muebles para crear diferentes ambientaciones.
Un aspecto a tener en cuenta: el techo siempre debe ser blanco porque, entre otras funciones, debe ser difusor de la luz artificial, cualidad que los tonos oscuros pierden. En cambio, en el piso sí se puede pensar la combinación y existen múltiples posibilidades en cuanto a la recreación de superficies.
Una combinación versátil
La neutralidad de la combinación del color negro con el blanco hace que pueda ser implementado en cualquiera de los ambientes de una casa. Así, una cocina, un dormitorio, un estar y hasta un baño admiten la posibilidad de ser pensados bajo esta premisa acromática, devolviendo resultados que distinguirán el espacio. Otra de las cualidades por las que se destaca el potencial de esta combinación está relacionada con la facilidad en cuanto a mantenimiento. Por ejemplo, en el caso de las paredes, será mucho más fácil dar retoques a una pared blanca o negra que en el caso de una pared de color.
Iluminación
La iluminación es clave al momento de asignar los tonos blanco y negro a los componentes de un espacio y conocer cómo ingresa la luz en horarios diurnos y cómo se distribuye la luz artificial serán algunos de los primeros factores a atender para tal decisión.
Relevado esto, se sugiere ubicar los muebles oscuros en las zonas más luminosas y viceversa con el mobiliario más claro, de forma de buscar una compensación.
Complementos
Definidos los componentes que combinarán el blanco con el negro, es igual de importante ahora pensar en la textura y los materiales que incorporaremos como accesorios dentro del mismo espacio. Serán estos últimos los que dialoguen entre sí contenidos por este marco acromático que ofrecerá un resultado conjunto.
Así, alfombras de pelo largo, mantas en los sillones y objetos decorativos aportarán calidez al espacio. La madera, el cuero y los tejidos también harán lo suyo desde la rusticidad de sus texturas.
Las transparencias de los muebles con vidrio que favorecen el paso de la iluminación también le otorgan personalidad al conjunto en donde el blanco y el negro son protagonistas.