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Amor infinito

Boca cumplirá mañana un nuevo aniversario. Fundado en 1905, el club Xeneize se volvió una de las instituciones más importantes del país

Boca cumple mañana un nuevo aniversario de su fundación. 

 

Un compañero de secundario, hincha de Independiente, se esforzaba para explicar en las asambleas de bueyes perdidos que desarrollábamos en el campito después de un furibundo picado, que Boca y River tenían más hinchas porque era fácil decir los nombres cuando uno recién empezaba a hablar.

"¿Sabés los papelones que hacía yo para decir Indendente...que era lo que me salía?". "Vos largás Boca y te sacaste el problema de encima". Un argumento que aún hoy sostiene en la mesa de café de los sesentones, cada mediodía.

La cuestión es que por lo que sea, uno abre la canilla y sale un hincha de Boca.

Y más allá de controversias, de cariños, de simpatías o exagerados fanatismos, mañana estará cumpliendo años una bandera, un escudo, una camiseta, de las más populares del mundo, no tengan dudas.

Boca Juniors nació el 3 de abril de 1905. No sería fácil organizar una cena en la que los invitados sean cada uno de los que hicieron la historia del club, del cuadro de la Ribera, de Boquita, en definitiva.

Las mesas irían llenando un salón que debería ser de goma para estirarlo en la medida en la cual haya que colocar más comodidades para aquellos que vienen a saludar el cumpleaños 115 de los "bosteros". Porque ahora son eso. Antes y siempre, los xeneizes. Con el tiempo, el mote que los definía despectivamente fue trocando en una manera de identificarse. Y el "soy bostero" es una frase de batalla, llena de orgullo.

En ese enorme salón pasarían el film de la historia de Boca. El del relato del barco sueco que le dio los colores, el de las canchas de leyenda, desde la Primera hasta la Bombonera remodelada de hoy, reductos que presumíamos a la distancia con el "dale boooo..." que se escuchaba de fondo cuando relataba Fioravanti y había que esperar algunos días para ver las fotos en diarios o revistas de lo que nos había entrado por el oído y la imaginación.

Y casi como si se abriera un ventanal para que entren recuerdos que vuelan por encima de los comensales, Roma le vuelve a atajar el penal a Delem como en el 62 y el Chapa Suñé la clava en el ángulo de Fillol en la cancha de Racing, tal cual ocurrió en el 76.

Y el Muñeco Madurga encabeza la vuelta olímpica en el Monumental en el 69 y Diego desparrama al Pato para delirio de los hinchas.

Mientras tanto desde un túnel imaginario salen a la cancha Marzolini y Rattín, y en un costado, Palermo festeja sus goles con el mechón amarillo de entonces, después de una asistencia de Riquelme o de Guillermo.

Hay mesas de silenciosos héroes, como Pepino Borello, Roberto Cherro y Jaime Sarlanga, Lombardo, Pescia y Colmán, Grillo y el Beto Menéndez, y un guía que explica a los más jóvenes, como harán los lectores más veteranos con sus pibes, de quiénes se trata tanta emoción y aplausos juntos. Battaglia piensa y Giunta pone.

Y mientras el Tanque Rojas charla con el Tula Curioni, Carlitos Tevez y el Bati de cómo hacer goles, hay un rincón para los lujos en donde Rojitas toca con Potente y Brindisi. Y en el escenario, el arquero cantor Don Elías Musimessi canta: "Dale Boca...viva Boca, el cuadrito de mi amor".

El de boina es Severino Varela y desafía a Comitas y Perotti a quién hace más goles en un solo partido. Y llega García Cambón y cuenta de sus cuatro a River en los 70.

Y están los extranjeros de ayer, hoy y siempre. Uruguayos como el Manteca Martínez, paraguayos como Cabañas y colombianos como el Chicho, el Patrón o Córdoba. El brasileño Paulo Valentim levanta aplausos y vítores de todos. El peruano Meléndez le pide a Alcides Silveyra que la toque a la salida del área y el Chino Benítez repite el gol a Baley ante Huracán en el 76. Ponce y Ferrero andan por las bandas con los pantaloncitos mitad azul, mitad amarillo. Ibarra, Samuel y Arruabarrena discurren con Nicolau y Rogel sobre cómo hay que frenar a los que se vienen. Con guantes puestos, el Loco Gatti, Rubén Sánchez y el Pato Abbondanzieri miran una foto de Américo Tesoriere. Mouzo cuenta sus partidos en Primera y el Tano Novello recuerda su lesión prematura en 1969. El ¨Popi" Bracamonte, el Rodi RodrÍguez , Rubén Díaz, Martín Herrera y Ariel Boldrini son los representantes riocuartenses en la fiesta.

Claro que está la mesa de técnicos en la que Lorenzo, Bianchi y Basile sacan pecho por sobre los otros, con vitrinas llenas de copas. Y Miguel Russo los mira desde el hoy. Tabárez, Ischia y Falcioni también tienen su lugar.

Y de repente se pone todo oscuro y una luz dorada atraviesa el salón. La música es celestial e interpretada por Juan Pueblo cantando: "Maradoooo". Y un ángel morocho y retacón, vaya a saber de dónde, haciendo jueguito. Y la fiesta de Boca se completa con el fondo de relatos de Bernardino Veiga, Hector Caldiero, Alejandro Fantino y Daniel Adrián, como contadores oficiales de los goles de Boca por radio durante muchos años.

Presiden Alberto Armando y Antonio Alegre la mesa de muchos dirigentes, más o menos aplaudidos por los presentes.

En este salón o en Orán. En Tierra del Fuego o Posadas. Con Usted querido lector de Puntal, hemos hecho la fiesta de Boca en su cumple. Faltaron nombrar centenares de invitados que andan por ahí dando vueltas.

Eso sí. Me voy. Lo dejo a Usted con el festejo de su cuadro. De Boca. De los bosteros. De la mitad más uno.

Y mientras arranca el: "Sí, sí, señores...yo soy de Boca", salgo hacia la calle. Y el salón tiembla y late. Como la Bombonera. Como las sierras y las montañas. Como hace olas el mar. Es que Boca festeja su cumpleaños. Y es un alarido de gol. En definitiva, un retrato de amor infinito.

Osvaldo. A. Wehbe