Ángel Clemente Rojas y Boca: crónica íntima de un amor correspondido
Ángel Clemente Rojas, o Rojitas simplemente. Uno de los máximos ídolos de Boca Juniors de toda la historia. Producto de una época, de una infancia a pura pelota y sólo pelota en los potreros de Sarandí. Allí, en esas calles empedradas, comenzó a gestarse la leyenda de uno de los futbolistas xeniezes más queridos de todos los tiempos.
A mediados de la década del 50, hijo de un empleado de una fábrica de pinturas y de un ama de casa: ese era Rojitas. Pruebas infructuosas en River para ser receptado por su archirrival y un breve paso de juvenil por Arsenal de Llavallol, cuasisucursal del club de la Ribera por aquel momento.
Después, historia conocida: debut a los 17 años en la Primera de Boca; seis títulos en su haber, integrando equipos míticos como el del 65 y el del 69, dirigido por Di Stéfano, con el cual nunca tuvo una buena relación; y delanteras memorables: Gonzalito, el Tanque Rojas, Pianetti, con emblemas como Rattín (con quien concentró siempre y al día de hoy no lo tutea a pesar de la amistad) o Marzolini, Roma y el peruano Meléndez.
Trato amable en la nota, siempre de “usted”, “pibe” o “muchacho”. Un fenómeno, una leyenda que el sábado cumplió 76 años y así comienza la charla.
“Fue una cosa muy linda, encerrados con toda la familia, la pasamos muy bien con mis nietos y mi hijo. Recibí el amor y el cariño de toda la gente de Boca que me ha llamado y se acordaron. Son cosas importantes en mi vida; creo que, gracias a Dios y a la Virgen, cumplí con el club. Amo a Boca porque nací en Boca y mi corazón va a estar allí.
-Tiene su cuenta de Twitter (@rojitasclemente) y se mantiene muy activo, ¿cómo fue descubrir ese mundo?
-Son cosas lindas, hizo todo mi hijo. Yo jamás tuve un celular y le dije a Martín que si quería que lo hiciera él; tuvimos mucha suerte, hay muchos seguidores, el sacrificio fue de él.
-¿Cómo ha llevado este tiempo sin fútbol?
-Es difícil para todos, nadie lo esperaba, vamos a estar ya en los seis meses y para el que le gusta el fútbol se hizo muy largo esto. Esperemos que se corte en breve; la gente no está bien, la pasamos mal, es mucho problema.
-Lo invitó Riquelme al palco a ver un partido del torneo anterior, ¿siente que ha sido una reivindicación para glorias como usted?
-Son cosas que salen de la mente y del corazón de ellos. Yo fui a los once años a jugar a Boca, empecé en la Novena, y con el correr del tiempo, a los 17, tuve la suerte de debutar en Primera y seguí. Pensaba que era un partido solo, pero por suerte continué. Fue lo más importante que me pasó en mi vida futbolística, nunca soñé que iba a jugar en la Primera del club. El destino lo quiso así, lo hice con amor y cariño y tengo el afecto de la gente. Uno se ha portado bien en ese sentido.
-Ese cariño que nombra es genuino, de corazón, no se compra con nada.
-Es lo mejor; han pasado muchos años desde que uno dejó de jugar y tener el recuerdo de la gente es muy importante, no sólo para mí, sino también para mi familia y para todos. Es algo muy lindo jugar en un club como Boca.
-¿Qué significa ser ídolo de Boca?
-Es lindo, la gente te elige porque te lo has ganado, con el respeto de todos mis excompañeros que tuve. Uno se lo ha ganado jugando, demostrar lo que era, dar el alma por Boca, a mí me dio todo. Yo creo que estamos empatados con Boca, son cosas muy lindas de la vida que no te las olvidás nunca. Yo no me voy a olvidar jamás de esto.
-¿Alguna vez imaginó aquel pibe de Arsenal de Llavallol todo lo que le iba a pasar como gran figura del fútbol argentino?
-No, de ninguna manera. Arsenal era un club, casi sucursal que tenía Boca, y yo estaba en la Novena. En ese tiempo Boca se asocia a Arsenal y me mandan un año a Llavallol para ponerme mejor, yo era muy delgadito y en ese año me fue muy bien. Luego de eso vino Adolfo Pedernera y tuve la suerte de que agarró la Primera del club y me llevó con él. Después, a los 17, debuté en Primera siendo muy jovencito.
-Quedó para la historia su imagen con Amadeo Carrizo en esos clásicos, ¿cómo recuerda su figura?
-Como arquero, fue lo más grande que hubo, no hubo alguien como Amadeo y una persona espectacular, sensacional. Nació para ser grande en el arco y para ser grande en la vida, para eso se nace; lamentablemente, falleció hace poquito, pude hablar con la familia, darle mis condolencias, él mereció eso y mucho más.
-Lo une una relación muy fuerte con Antonio Rattín, ¿cómo puede describir su figura?
-Rattín fue el hombre que me aconsejó, que me hablaba. Yo estuve once años con él concentrando juntos, desde los 17 años. La primera vez tenía esa edad; en todos lados, juntos, acá o en alguna gira a Europa lo mismo, fue la persona que más me valoró, me enseñaba, me explicaba. Él venía de una familia muy humilde y todavía nos vemos. Yo siempre dije que él es mi segundo padre.
-En diferentes notas, cuando habla, nunca lo tutea, incluso hasta el día de hoy.
-Es así, hoy lamentablemente no está pasando por un buen momento de salud. Nosotros nos veíamos todos los fines de mes, nos reuníamos con los muchachos de antes, años estuvimos así. Ahora se fue cortando por este virus, por la pandemia. Estamos esperando que vuelva a ser como fue siempre y vernos una vez al mes, como era antes.
-En 1969 usted tuvo algunas diferencias con don Alfredo Di Stéfano, ¿cómo era él?
-Él vino siendo la figura que era, un grande del fútbol, un ídolo total donde estuvo. Digamos que él no me cayó bien a mí y yo no le caí bien a él. Hubo discusiones pero fue hasta ahí. Yo jugué todo ese año, no falté a ningún partido, fui el goleador del equipo, salimos campeones. Se fue de Boca y no nos despedimos, no estaban bien las relaciones.
-Era, como se decía, un “cascarrabias”...
-Sí, era difícil, así cascarrabias como dice usted. Era su forma de ser, la habrá traído desde que nació. Yo jamás le dije nada, hasta que un día me cansé y nos agarramos, pero ya pasó, fue hace muchos años.
-Finalmente, ¿cómo quién jugaba Ángel Clemente Rojas?
-Eso no sé, que lo diga la gente que me vio, yo jugaba como en el potrero, nací en el potrero. Llevé mi fútbol a Boca, nada me lo cambió, siempre seguí igual y Dios y la Virgen me ayudaron.