Meléndez, siempre de galera y bastón
Hace unos años, en medio de un relato, en la cabina de la Bombonera, divisé a Julio Meléndez Calderón, sentado en la platea, a pocos metros de mi posición. Fue casi una aparición, diría. Campera de cuero negro y un impecable semblante. Esa figura que siempre me había impactado a través de las fotos de los diarios y de la narración de los partidos, y que apenas si vi por televisión al ser tan exigua la oferta de la pantalla chica en los sesenta y setenta por estos lados, estaba cerca de mí. Y logré que se arrimara a la cabina para charlar de Boca y alrededores.
Morocho esbelto, onda Morgan Freeman y lucidez total a la hora de deslizar sus opiniones. Con el respeto con el que trataba a la pelota. Eso era Meléndez: un mimo para los balones. Y era marcador central. Y de Boca. ¡Había que ser sutil y crack en ese puesto y con semejante casaca, con antecedentes rústicos encarnados en Marante, Colman o Silvero! Después de él la línea dura continuó entre los Nicolau y Bermúdez, los Rogel y Matellán. Pero Meléndez fue una flor peruana que llenó de fútbol el área de Boca.
Nació en Lima el 11 de abril de 1942 y con 1,85 de estatura, se las ingenió para obstaculizar delanteros sin golpear y salir jugando para que la hinchada xeneize cantara: "¡Y ya lo ve...es el peruano y su ballet!".
Se inició en los juveniles de Centro Iqueño y deambuló por Defensor Lima y KDT Nacional, hasta que llegó a Sport Boys, que sería su plataforma hacia una carrera extraordinaria en Perú y Argentina. En 1965, jugó un partido que lo mostraría al mundo. Perú armó una selección de sus mejores jugadores para enfrentar al Real Madrid que estaba de gira por ese país. El 22 de febrero, los peruanos vencieron a los merengues, tres a dos, siendo la única derrota de los blancos en territorio peruano, que, en sus más de cien años de historia, visitaron el Perú en tres ocasiones. Julio Meléndez fue una de las figuras teniendo enfrente a Puskas y Gento, entre otros.
Ese año pasó a Defensor Arica, un equipo chico que era protagonista del campeonato peruano en ese entonces. Se destacó y fue en ese momento cuando Boca Juniors puso la mira en él.
El Metropolitano de 1968 fue la escenografía del debut de Meléndez en Boca. Llegó a la Ribera junto a Rogel y Pardo de Gimnasia, el arquero Errea, que volvía de Uruguay; Jorge Fernández y Cabrera, de Atlanta; Cardozo, de Colón; Milton Viera, de Nacional de Montevideo, y el brasileño Texeira Lima. El 10 de marzo, en Santa Fe y por la segunda fecha, Boca derrotó a Colón, dos a uno. Arbitraje de Guillermo Nimo y Boca con Errea; Meléndez y Marzolini; Ovide, Rattín y Nicolau; Pardo, A. González, Ángel Rojas, Alfredo Rojas y Lima. Pardo y Alfredo Rojas, los goles; Borgogno para Colón.
En el Xeneize disputó 214 partidos entre amistosos y oficiales. Oficialmente lo hizo 154 veces y nunca fue suplente. Meléndez también jugó 35 partidos con la selección de su país y formó parte del equipo que en 1975 conquistó la Copa América.
Esa Copa América no tuvo sede fija y la curiosidad es que, en semifinales, Perú le ganó a Brasil 3 a 1 de visitante y perdió dos a cero de local y se recurrió a un sorteo para determinar el finalista. Perú lo ganó y jugó las finales contra Colombia, que en semis dejó afuera a Uruguay.
Fueron tres partidos finales. En Bogotá ganó Colombia uno a cero, en Lima con goles de Cachito Ramírez y Oblitas fue Perú el que venció, dos a cero, y en el tercer encuentro, en Caracas, los incaicos vencieron uno a cero con gol del "Cholo" Sotil.
El campeón formó con Sartor; Soria, Meléndez, Chumpitaz y Díaz; Percy Rojas, Quesada, Ojeda y Teófilo Cubillas; Sotil y Oblitas. El técnico era Marcos Calderón, quien hizo ingresar a Ramírez por Rojas.
Cuando el propio Meléndez refiere a su juego de calidad, cuenta una anécdota de sus inicios que lo marcó para siempre: "Yo recién me estaba probando en Defensor Lima. Confiaba plenamente en mis condiciones y en mi capacidad para ganarme el puesto. Sin embargo, tuve un minuto de debilidad. Creí, equivocadamente, que para conseguir la aprobación de quienes iban a decidir si quedaba o no, debía demostrarles que yo era un hombre que se hacía respetar. Le di un golpe a un muchacho llamado Hugo Arrué, que era titular del equipo y al caer se le produjo una fisura en la tibia. Estuvo cerca de 15 días postrado, pero cuando supe la importancia de la lesión fui enseguida a su casa a visitarlo. Me recibió sin un solo reproche. Apenas me dijo: ‘Mirá, a vos no te conviene ir tan fuerte en las jugadas porque no lo necesitás. Ese asunto de los macheteros, aquí ya es cosa antigua. Ahora triunfan los que saben jugar al fútbol. Y vos sabés. No lo digo por lo que me pasó mí. Te lo digo por tu bien’".
Esa fue una lección inolvidable: "Lo que me dijo aquel muchacho me había vuelto a la realidad y desde entonces empecé a jugar con serenidad, sin brusquedades, sin pretender intimidar a nadie". "Cuando me tocó debutar en Boca estaba como técnico Silveira. En los primeros partidos Cacho me decía que pusiese cara de malo y saliera con todo a enfrentar a los rivales. Pero después se dio cuenta de que yo no podía hacer eso y poco a poco me fui ganando la confianza general, conservando la íntima satisfacción de saber que era titular de Boca con lo poco o lo mucho que había aprendido de fútbol, pero sin necesidad de cambiar mi manera de ser y de jugar". Julio Meléndez en estado puro, en una entrevista de El Gráfico.
Ganó con Boca tres títulos. La Copa Argentina 69 y los Nacionales 69 y 70.
Volvió a Perú en el 72, después de una prueba en Sevilla, en donde no llegó a un acuerdo económico. Jugó en varios clubes de su país. Primero Defensor Lima y al año siguiente el Atlético Chalaco, "la furia chalaca", para luego ir al Juan Aurich. Finalmente jugó las Eliminatorias del Mundial Argentina 78, que clasificó a Perú. Se retiró en ese partido final, lo que generó un sentimiento encontrado entre la hinchada peruana, por un lado la alegría de la clasificación y, por otro, el retiro de uno de sus más brillantes futbolistas.
Así la carrera de Don Julio Meléndez Calderón. Cuando lo vi en la cancha de Boca, en la platea, de campera y sombrero, supe que me daba el gusto de charlar con uno de los mejores defensores que pisaron nuestras canchas. De galera y bastón.
Osvaldo Alfredo Wehbe. Redacción Puntal