“Altro’que” frescura
"El otro lado de la cama": otro ejemplo más del gran éxito de la tontería
Para comentar obras como “El otro lado de la cama”, los críticos suelen replicar con frecuencia, abusivamente, la palabra frescura utilizada como adjetivación laudatoria, como ligereza agradable, y acaso de trivialidad pero en una dosis que, lejos de incomodar, estimula y sienta bien.
La tal frescura, suele sonar, en el contexto de esos comentarios, a una forzada resenmantización, para acomodar el cuerpo y así esquivar el bulto, evitando la poro conveniente operación de enfrentar, en términos de opinión, a tamaño éxito de taquilla.
Tan grande éxito que, a su paso por Río Cuarto, caba de reunir, en cuatro funciones, la friolera de 2.000 espectadores, boleto más boleto menos, configurando un hecho cuya excepcionalidad remite a muy pocos antecedentes de ese tipo en nuestra ciudad.
Ahora bien: ¿De qué se trata la tan mentada frescura, esa que los resignados comentaristas suelen referir cuando no encuentran mejor justificativo y que un gran número de gente disfruta con risas a repetición luego de pagar cifras altas por tener su entrada?
Visto lo visto, se trata actores (?) disparando una catarata verbal, tropelía de chistes previsibles y conocidos, con tanta velocidad que, aunque no son percibidos fielmente, parecen causar efecto por confusión, o porque pagado lo pagado, se impone reír.
Los personajes que lo ejecutan son un canchero de buen lomo que la va de bígamo, una hippie new-age que vive fuera de la realidad, un joven sensible y desorientado, una jovencita anhelada y erotizante, y un amigo taxista.que funge de cordobés.
Son chistes tontos que dicen guiñándose con la platea y que giran en su mayoría en torno al tema de la infidelidad. y se intercalan con la interpretación de algunas canciones que cada uno de ellos se encarga de asesinar puntualmente.
Chistes de ramplona picardía que, varios de ellos, incluyen concepciones tan retrógradas y degradantes acerca de la homosexualidad y de la mujer, que muchos y muchas de las que ríen desde la platea, sentirían como indignantes en su vida cotidiana. ¿En qué quedamos?
Los actores tienen como principal recurso expresivo abundantes movimiento de pelvis (especialmente el espantoso Nicolás Vázquez) y las actrices interpretan por el método de insinuación de curvas, mientras suenan frases tales como “cuanto peor la tratás, más muerta la tenés” que, extrañamente, ríe la platea.
“¡Altro que frescura!”, diría mi abuelo piamontes: esto es pescado podrido. Eso sí, visto lo visto, y no sólo en el teatro, hay muchos, muchísimos, multitudes, que están dispuestos a comprarlo.
Ricardo Sánchez
La tal frescura, suele sonar, en el contexto de esos comentarios, a una forzada resenmantización, para acomodar el cuerpo y así esquivar el bulto, evitando la poro conveniente operación de enfrentar, en términos de opinión, a tamaño éxito de taquilla.
Tan grande éxito que, a su paso por Río Cuarto, caba de reunir, en cuatro funciones, la friolera de 2.000 espectadores, boleto más boleto menos, configurando un hecho cuya excepcionalidad remite a muy pocos antecedentes de ese tipo en nuestra ciudad.
Ahora bien: ¿De qué se trata la tan mentada frescura, esa que los resignados comentaristas suelen referir cuando no encuentran mejor justificativo y que un gran número de gente disfruta con risas a repetición luego de pagar cifras altas por tener su entrada?
Visto lo visto, se trata actores (?) disparando una catarata verbal, tropelía de chistes previsibles y conocidos, con tanta velocidad que, aunque no son percibidos fielmente, parecen causar efecto por confusión, o porque pagado lo pagado, se impone reír.
Los personajes que lo ejecutan son un canchero de buen lomo que la va de bígamo, una hippie new-age que vive fuera de la realidad, un joven sensible y desorientado, una jovencita anhelada y erotizante, y un amigo taxista.que funge de cordobés.
Son chistes tontos que dicen guiñándose con la platea y que giran en su mayoría en torno al tema de la infidelidad. y se intercalan con la interpretación de algunas canciones que cada uno de ellos se encarga de asesinar puntualmente.
Chistes de ramplona picardía que, varios de ellos, incluyen concepciones tan retrógradas y degradantes acerca de la homosexualidad y de la mujer, que muchos y muchas de las que ríen desde la platea, sentirían como indignantes en su vida cotidiana. ¿En qué quedamos?
Los actores tienen como principal recurso expresivo abundantes movimiento de pelvis (especialmente el espantoso Nicolás Vázquez) y las actrices interpretan por el método de insinuación de curvas, mientras suenan frases tales como “cuanto peor la tratás, más muerta la tenés” que, extrañamente, ríe la platea.
“¡Altro que frescura!”, diría mi abuelo piamontes: esto es pescado podrido. Eso sí, visto lo visto, y no sólo en el teatro, hay muchos, muchísimos, multitudes, que están dispuestos a comprarlo.
Ricardo Sánchez