En medio de la preocupación cada vez más acentuada de la escalada de precios, en particular de los alimentos, las pymes alimenticias aseguran que podrían colaborar en contrarrestar esa tendencia ampliando su volumen de producción de manera casi inmediata porque actualmente tienen, en promedio, un 30% de capacidad ociosa.

Sin embargo, advierten por una serie de inequidades que sufren frente a las grandes empresas del sector, la exclusión de los acuerdos de precios, la incertidumbre para avanzar e invertir, los temores por los juicios laborales y las complicaciones que generaron las últimas medidas económicas tomadas por el Gobierno.

Ornella Calvete es ingeniera en alimentos, pero además trabajó para la FAO y hoy es consultora de esa agencia para la alimentación y la agricultura de Naciones Unidas. También colabora con el BID, pero desde hace un tiempo se enfocó en la conducción de la Cámara Argentina de Pequeñas y Medianas Industrias de la Alimentación y Bebidas (Capyma). En diálogo con Tranquera Abierta analiza al sector, pero en particular lo que ocurre con los precios de los alimentos, en la cadena y las últimas medidas del Gobierno, en particular el anuncio de importar alimentos.

“Desde el Gobierno se están tomando medidas que parecieran resolver cuestiones en el corto plazo pero en el mediano y largo plazo son completamente perjudiciales para la economía nacional y regional; y especialmente para el desarrollo local y la sostenibilidad ambiental. En lo económico, creemos que se trata de medidas depredadoras y perjudiciales en el mediano y largo plazo".

¿Cómo es eso?

Consideramos que en este contexto toda medida debe ser parte de un plan estratégico y aportar en ese sentido. Hay que tener en claro primero cuál es el modelo económico, sus objetivos y sumar en esa dirección. Sino terminamos diluyendo los recursos que son poquitos en esfuerzos aislados. Hoy no tenemos margen para equivocarnos.

¿Eso es en referencia a la importación de alimentos?

En este caso en particular se dan manotazos de ahogado para resolver ciertas cuestiones en la microeconomía, cuando el verdadero problema es de la macroeconomía. Desde la Cámara vemos estas medidas como cortoplacistas, que patean para adelante el problema, que no se soluciona, se agranda con el tiempo y terminan explotando en el futuro. Estamos a favor de la importación de todo aquello que sea necesario para la industria argentina, para que se mantenga en funcionamiento. Y para que los precios sean los adecuados, también. Lo que no vemos es que estas medidas ayuden a resolver el problema de raíz.

¿Puede además ser perjudicial para la industria alimenticia?

En el corto plazo podría parece positivo porque al haber más jugadores en el sistema, el precio se puede acomodar. Pero la verdad que no es así. Las cosas que se importan no son a precios diferenciales, ni es que de golpe vamos a tener tomates a $100; para nada. Y por otro lado termina depredando a la industria local. Si nosotros queremos gestionar o controlar los precios de una manera responsable, en este contexto de altísima inflación y recesión, lo que habría que hacer es también atender la capacidad ociosa de las pymes de la alimentación que hoy supera el 30%. Es altísima. Y solucionar eso va a servir para reactivar las economías locales, la economía nacional y para generar empleo.

¿Cómo se puede hacer?

Se pueden generar beneficios impositivos, dar subsidios, apoyar con aportes a la industria, algo que hoy se hace con las grandes empresas; por eso no pedimos un trato diferencial para las pymes, al contrario. Pedimos el mismo trato. Y en el caso que se necesite importar porque hay faltantes, habría que incluir a las pymes como operadoras y no únicamente a las grandes empresas que son las que están habilitadas hoy para importar. Ahí es donde vemos también un importante diferencial.

Como en otros rubros, ¿también en alimenticias hay diferentes realidades por escala?

La verdad que eso es algo que atraviesa la economía en general y a todos los sectores. La alimentación no queda excluida de eso, lamentablemente. Se dan planes o programas que sólo incluyen a las grandes empresas y la excusa en su momento fue que eran las únicas que eran capaces de abastecer el mercado. Pero si eso mismo se pudiera regionalizar, podría incluir a las pequeñas y medianas industrias locales, traccionar las economías locales e incluso bajar costos, porque hoy un componente importante de ese costo está asociado a la logística.

¿Por qué alimentos y bebidas sube al ritmo que lo hacen, que junto con vestimenta y calzado hacen punta en la escalada de precios?

Es cierto, e incluso en el primer cuatrimestre de este año subió más que Calzado y Vestimenta. Se dan varios factores: el primero es el contexto de inflación generalizado y una gran incertidumbre. A su vez la suba de los precios es más rápida que la de los ingresos o salarios, lo que va deteriorando el poder de consumo y por ende aflora un proceso recesivo como el que estamos viendo. Eso puede desembocar a su vez en desempleo. Y en ese contexto, con una inflación tan alta, los precios se descontrolan, no responden a lógicas de mercado; tienen su propio ritmo, su propia aceleración. Eso pasa hoy con los alimentos. Por un lado por el contexto macroeconómico, y por otro, por ciertas circunstancias que se dieron en el último tiempo como la sequía que afecta en todo: carne, leche, frutas y verduras, entre otras. Y eso a su vez daña la capacidad del país de exportar y generar divisas. La verdad que la sequía termina afectando todo porque impacta en el modelo económico del país. Entonces, lo que está pasando es que a su vez se generan distintas situaciones: los grandes jugadores del mercado tiene una capacidad de especulación altísima, que no tienen las pequeñas y medianas empresas, que no tienen capacidad de stock o capital o herramientas financieras para stockearse. Y ahí hay distorsiones que van más allá de la inflación y aparece la especulación, que se potencia con los planes de precios regulados, que se llevan adelante con grandes jugadores y entre grandes jugadores. Esto genera un círculo vicioso en la fijación de los precios, y los pequeños jugadores quedan por fuera y con precios completamente distorsionados. Y los consumidores se terminan encontrando con una situación caótica. Si la inflación fue del 32% en el primer cuatrimestre, hay productos alimenticios que aumentaron 150%.

¿Cómo están en ese marco las pymes alimenticias?

Para empezar, asustadas. Todas las pymes desde siempre estamos en situación de vulnerabilidad por la característica propia del sistema. Pero a eso se suma el contexto de incertidumbre y fuerte recesión que baja el consumo y ahí nos atamos de manos. Y la verdad que el que tiene un pequeño resto de capital para invertir, que puede ser un grupo muy pequeño, no lo hace porque no hay garantías, o hay menos que nunca. Eso termina reforzando los efectos negativos de la recesión y la inflación.

Nadie está dispuesto a arriesgar en este contexto...

Exacto. De hecho hoy las pymes buscan salir empatadas. Abren las puertas a las 5 de la mañana para recibir mercadería y cierra la fábrica a las 22 porque buscan salir empatadas; estamos muy ajustadas.

En tu caso particular con una pyme de productos veganos y vegetarianos, ¿cómo está la situación?

En este momento estamos bastante parados porque no estamos recibiendo insumos importados; estamos complicados por las materias primas.

Ese es otro problema que parece agravarse, sumado a la idea de importar alimentos que generó reclamos porque además hay trabas para exportar algunos alimentos...

Totalmente. Por eso insistimos mucho en que deberían considerar a las pymes como operadores para importar y exportar. Porque a las pymes no nos dejan operar allí y a su vez invitan a nuevos jugadores aquí adentro. Por eso insisto en que las medidas tomadas el fin de semana no ayudan, son de corto plazo y no resuelve el problema; por el contrario, se acrecienta.

¿Cuál es el principal problema hoy para las pymes la inflación, las importaciones, la recesión...?

Es difícil porque es una combinación de todos. Incluso la capacidad ociosa que tenemos en las pymes es un gran problema porque el sector elige no crecer porque se le complica contratar gente. En el momento que queremos contratar por un lado no conseguimos personas capacitadas para lo que las fábricas requieren y por otro, hay toda una industria del juicio laboral por la cual las pymes tienen miedo y prefieren quedarse donde están en este contexto. Con otra realidad ese riesgo se puede asumir porque hay perspectivas de crecimiento supongamos, pero eso hoy no está. Si la empresa anda, se asumen riesgos. Pero hoy el escenario económico no lo permite. Eso es un gran problema porque las pymes damos el 70% del empleo formal en el país. Somos la columna vertebral de la economía argentina. Y podríamos aumentar si pudiéramos cubrir la capacidad ociosa. Hoy no se avanza por el temor.

A su vez ampliar el uso de la capacidad aumentaría la oferta de bienes y colaboraría con los precios...

Claro, aseguraríamos más oferta y precios más competitivos. De todas formas hay ciertos insumos que están siendo limitantes como el vidrio o la hojalata, que en ese caso se podría pensar en la importación, pero para impulsar la economía local no para competir con ella.