Río Cuarto | camionero

El crimen del camionero que apareció en un pozo de agua

El reinicio de los juicios por jurados en Río Cuarto será el 20 de julio, cuando la Cámara Segunda del Crimen juzgue a Maricel Angiolini, una vecina de Arias de 44 años acusada del homicidio de su amante, un camionero de la ciudad santafecina de Casilda.

Juan Carlos Romero, de 44 años, fue encontrado el 7 de diciembre de 2017. Estaba boca abajo y en avanzado estado de descomposición en un pozo de bombeo de agua del patio de Angiolini, quien vivía sola en Arias.

La familia del camionero había denunciado judicialmente la desaparición el 29 de noviembre de 2017, cuatro días después de haberlo visto por última vez.

Romero estaba casado y era padre de cuatro hijos. Había iniciado una relación sentimental con Angiolini poco más de un año antes de ser asesinado.

Si bien empezó a visitar a Angiolini y hasta alquilaron una casa en la ciudad de Casilda, donde convivieron poco tiempo, la relación era difícil, según confiaron sus compañeros de trabajo al diario La Nación.

Señalaron que Romero estaba listo para salir con su camión cargado desde el playón de la empresa en la que trabajaba en Casilda rumbo a Puerto San Martín, cuando vieron a la mujer pasar a buscarlo en un auto. Él se acercó voluntariamente y se fueron juntos.

Según confió un familiar a la fiscalía, estuvieron un mes sin recibir noticias de Romero y, cuando el camionero regresó a Casilda, comentó que la mujer lo tuvo secuestrado y lo tenía amenazado.

Sin embargo, Romero volvería a contactarse con Angiolini. La última vez que fueron vistos juntos fue en el playón de camiones de Casilda. Los compañeros de trabajo reconocieron a la mujer, pero no advirtieron si había alguien más en su auto.

Desde la desaparición del camionero, una de sus hijas empezó a recibir mensajes de texto que supuestamente eran enviados por él. “

Allí, supuestamente pedía que no lo buscaran más e informaba a su familia que iba a radicarse en el norte del país. Pero su hija desconfiaba de esos mensajes no sólo por el contenido sino por la modalidad de esos contactos: los mensajes eran escritos y Romero siempre se comunicaba con su familia a través de mensajes de audio.