Provinciales | camioneta | hijos | cuadras

Le robaron la camioneta con sus tres hijos adentro y los abandonaron a pocas cuadras

El hecho ocurrió a plena luz del día en la zona norte de la ciudad de Córdoba y activó un operativo

policial que permitió recuperar el vehículo y detener a un sospechoso. Los niños, de 10 y 7 años,

fueron asistidos después de que fueran obligados a descender del rodado en medio de la huida

Una escena cotidiana, de esas que se repiten a diario en cualquier barrio, se transformó en segundos en una pesadilla difícil de narrar incluso horas después. Ocurrió sobre avenida Donato Álvarez, en la zona norte de la ciudad de Córdoba, un corredor urbano atravesado por comercios de cercanía, paradas de colectivo y un tránsito constante que, sin embargo, convive con sectores cada vez más desprotegidos.

Allí, en ese punto donde la rutina parece imponerse, Nicolás, un hombre de 32 años, trabajador, padre de tres hijos, detuvo su utilitario Renault Kangoo frente a una farmacia. Eran cerca de las 12.20 del jueves. “Yo los estaba llevando al colegio a ellos. Frené un segundo para comprar”, relató en diálogo con Puntal. El movimiento fue automático: apagar el motor, dejar la llave colocada y bajar. Adentro quedaron sus hijos: Teo, de 10 años, en el asiento delantero, y Amelia y Alfonsina, de 7, en la parte trasera.

La escena, que parecía no tener riesgos, se quebró en un instante. Nicolás alcanzó a notar la presencia de un hombre que pasaba por el lugar. “Lo vi pasar y después volver. Se vuelve hacia la camioneta y se sube del lado del conductor”, contó. La reacción fue inmediata: corrió, intentó detenerlo, golpeó la ventanilla. Pero el delincuente ya había arrancado.

Lo que siguió fue una secuencia caótica y desesperante. El vehículo aceleró de manera brusca, se desvió hacia la vereda, impactó contra la reja de una iglesia y continuó su marcha. “Mi hijo intentó forcejear, agarrar el volante. Se suben a la vereda, casi chocan a un chico que estaba en la parada”, reconstruyó Nicolás. Detrás, él corría, gritaba, pedía ayuda. “Me estaban robando la camioneta con los chicos adentro”.

La avenida Donato Álvarez, a esa hora, mostraba su dinámica habitual: tránsito fluido, vecinos en movimiento, algunos comercios abiertos. Sin embargo, nada de eso alcanzó para frenar la huida ni para evitar el riesgo extremo al que quedaron expuestos los niños.

Fueron apenas una o dos cuadras, pero para Nicolás se trató de un trayecto interminable. Dentro del vehículo, el miedo tomó forma en los pedidos desesperados de sus hijos. “Le pedían que frene, que por favor los baje”, relató. El delincuente finalmente detuvo la marcha y los hizo descender en plena vía pública.

Cuando Nicolás llegó, los encontró en la calle, llorando, contenidos por una mujer que se había acercado a asistirlos. “Estaban nerviosos, llorando”, dijo. La escena, aunque sin consecuencias físicas, dejaba ver el impacto emocional del momento.

A pocos metros, un conocido suyo trabajaba en un lavadero. Sin perder tiempo, Nicolás le pidió ayuda. Subieron a otro vehículo y comenzaron una búsqueda improvisada, mientras intentaban dar aviso a la Policía. “Salimos a buscar la camioneta. A todos los que veíamos les preguntábamos”, recordó.

El recorrido los llevó hacia barrio Villa 9 de Julio, una zona que el propio Nicolás describió como “un barrio de trabajadores, pero con algunas partes más complicadas”, con sectores de calles sin salida y descampados. Allí, tras unas diez o quince cuadras de búsqueda, lograron ubicar el utilitario. “La vimos en una calle sin salida, al lado de un descampado. Estaba la camioneta y el hombre al lado, con otro chico más”.

El desenlace fue abrupto: al advertir la presencia del damnificado, los sospechosos huyeron a pie. Nicolás recuperó el vehículo y regresó hacia donde estaban sus hijos. Recién entonces se cruzó con un móvil policial, al que pudo indicar el lugar donde había visto a los hombres.

Minutos más tarde, según el propio relato, la Policía logró detener a un sospechoso de 32 años y recuperar, además, un teléfono celular que había quedado dentro del utilitario. La causa es investigada por la fiscalía a cargo de Liliana Copello.

Con el paso de las horas, la tensión comenzó a ceder, aunque el impacto persiste. “Fue bastante feo. Los chicos estaban mal, nerviosos. Por suerte no les pasó nada”, dijo Nicolás. La camioneta, además, es su herramienta de trabajo diaria, lo que sumaba otra dimensión al episodio. “Era todo un combo que en ese momento nunca pensé que me podía pasar”.

El relato deja entrever también una preocupación más amplia sobre la seguridad en la zona. “Está bastante fea. Hay poco control policial. O los controles son más de motos, pero ahora roban en autos”, señaló. Y agregó: “El robo de autos es casi todos los días. Esto fue más llamativo porque estaban mis hijos”.

En medio del miedo, quedó grabado un detalle inquietante: “Cuando subió, le dijo ‘perdón’ a hijo”, contó. Un gesto mínimo, casi absurdo, en una escena marcada por la violencia y la indiferencia.

Hoy, con sus hijos a salvo y el vehículo recuperado, Nicolás intenta volver a la rutina. Pero la experiencia dejó una marca. “Fue un segundo. Uno no espera que pase. Ahora andás más alerta”, reflexionó.

En la avenida Donato Álvarez, donde el movimiento no se detiene, la historia suma un nuevo capítulo a una preocupación creciente entre los vecinos: la sensación de vulnerabilidad en espacios donde, hasta hace no tanto, la rutina parecía ser garantía de resguardo.