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¿Cuánto ayudará el campo al nuevo Gobierno que empieza el domingo?

Un informe de Ecolatina muestra el protagonismo que el sector podría tener, especialmente en la generación de los dólares que necesitará la nueva gestión para que las medidas anunciadas tengan un impacto menos dañino

La cosecha de maíz crecerá durante este ciclo al igual que la de soja.

 

El cambio de gobierno del próximo domingo coincidirá con un cambio de ciclo climático que impactará favorablemente en la producción agropecuaria. La magnitud de este segundo elemento es lo que aún no está claro; pero será sin dudas mejor que la del último año.

En ese interrogante avanzó el trabajo de Ecolatina publicado ayer en el que plantea ya desde el título el foco del análisis: “Sin el agro no se puede, ¿con el agro alcanza?”.

Por eso remarca que en medio de una incertidumbre agudizada y marcados desequilibrios macroeconómicos que implicarán enormes desafíos para la nueva administración, emergen buenas noticias: una es que, tras tres años de sequía, siendo la de este año una de las más severas de la historia, el clima jugará a favor de una importante recuperación de la próxima cosecha agrícola.

A pesar de registrarse precios menores al ciclo pasado, el rebote de la producción de cereales y oleaginosas luego de la paupérrima campaña 22/23 permitiría en 2024 una notable mejora en las exportaciones y una mayor recaudación por Derechos de Exportación (“retenciones”), además de contribuir a amortiguar el impacto de la corrección de los desequilibrios macroeconómicos sobre la actividad económica.

No obstante, remarca Ecolatina, vale recordar que, en 2021 y 2022, la mejora en los precios internacionales jugó en favor de una liquidación récord del complejo cerealero-oleaginoso exportador que no tuvo su correlato en la acumulación de reservas internacionales, por lo que será clave corregir los desajustes macroeconómicos para sacar provecho a la recuperación productiva esperada.

Para Ecolatina, en 2024 “se recuperará un actor sumamente relevante para la economía local: la cadena agroindustrial que representa cerca del 17% del PIB; es el principal generador de divisas, concentrando el 65% de las exportaciones totales; y genera en forma directa el 12% del empleo privado registrado del país. Además, explica 2 de cada 10 pesos de la recaudación nacional”, sintetizó.

El clima juega a favor

Las previsiones de un mayor volumen cosechado están sustentadas en que, luego de experimentar las últimas tres campañas bajo la presencia del fenómeno climático “La Niña”, que generó en el país una situación de sequía sin precedentes, el ciclo 2023/24 estaría signado por un año “Niño”, a partir del cual las precipitaciones tienden a ser superiores a las normales en el área agrícola, mejorando los rindes de los cultivos.

La gravedad de “La Niña” fue tal que la producción de los tres principales cultivos (trigo, maíz, soja) en la campaña 2022/23 fue de tan sólo 67 millones de toneladas (-40% interanual), una de las más reducidas que se tenga registro.

Este derrumbe, destacó Ecolatina, generó impactos múltiples sobre la economía en su conjunto, contribuyendo a agravar la fragilidad macroeconómica y a poner en jaque el cumplimiento de las metas con el FMI: la actividad agrícola primaria caería cerca del 35% en 2023, con una incidencia directa negativa en el PIB en torno a los 2 puntos; las exportaciones del sector caerían cerca de USD 20.000 millones este año (equivalente a cuatro meses de importaciones); dado su incidencia en la recaudación vía Derechos de Exportación, que en años normales alcanza el 2% del PIB, el ingreso por esta fuente sería tan sólo de 0,8% del PIB; indujo mayores presiones inflacionarias ante el impacto de la sequía en los precios de algunos alimentos frescos y la menor disponibilidad de bienes en la economía.

Ahora bien, de cara a la campaña 2023/24, según el último informe del IRI (International Research Institute for Climate and Society) de la Universidad de Columbia, desde agosto el clima está regido bajo las condiciones de “El Niño” con intensidad moderada, y hasta febrero 2024 hay 100% de probabilidad de que se mantenga. Además, hasta mayo del año que viene -al cierre de la cosecha gruesa- las probabilidades de seguir bajo este fenómeno climático son de cerca de 60%.

El trigo, pobre

En un contexto de aguda escasez de reservas, la cosecha de trigo se configura como un puente de divisas de vital importancia hasta la cosecha gruesa (segundo trimestre): en los últimos años sin sequía las exportaciones de trigo representaron para diciembre-febrero el 10% del total de las exportaciones.

No obstante, las lluvias no llegaron a tiempo para el cereal y, en conjunto con heladas agronómicas, el clima redundó en grandes pérdidas producto de la condición regular a mala en más de la mitad del área sembrada. Ya con la cosecha de trigo avanzada al 36,4% según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), se espera la segunda peor cosecha en ocho años: sería sólo 17% superior a la desastrosa campaña pasada y un 10% menor al promedio de los últimos diez ciclos.

Ecolatina destaca sin embargo que podría haber buenas noticias: según las entidades especializadas, la cosecha realizada hasta el momento viene reflejando rindes superiores a los estimados, por lo que, de sostenerse, podría aumentar la proyección de la producción -de hecho (recientemente la bolsa rosarina ajustó levemente al alza la correspondiente a la zona núcleo).

La gruesa, con buen panorama

“Para el caso de los cultivos gruesos, las perspectivas son más que alentadoras”, afirmó Ecolatina. La siembra de la soja y la del maíz -según la BCBA- vienen progresando muy por encima respecto a la campaña previa, con coberturas que alcanzan el 44% y 32% de la superficie proyectada, respectivamente.

La campaña de soja tendría una robusta recuperación y se ubicaría en 50 millones de toneladas, un crecimiento del 138% interanual respecto a la campaña previa y un 19% por encima de los últimos cinco ciclos. Por su parte, el maíz también tendría un gran repunte hacia los 55 millones de toneladas, un 62% por encima del ciclo previo y un 10% sobre las últimas cinco campañas.

Por eso Ecolatina destaca que, de cara a 2024 la recuperación de los principales cultivos tendrá un impacto transversal en la economía en su conjunto: contribuirá en forma directa en un crecimiento del PIB en cerca de 1,3 puntos; la cosecha valorizada rondaría los US$ 13.500 millones extras respecto a la campaña previa a los precios actuales; se recuperará una fuente de ingresos fiscales clave, con un aporte en Derechos de Exportación rondando nuevamente los 2% del PIB; mejorarán la condiciones de cosecha de los alimentos frescos y, por ende, su disponibilidad en el mercado, restando presión a una inflación que sin dudas se acelerará.

Finalmente Ecolatina destaca que la recuperación proyectada para las exportaciones del sector agropecuario jugará a favor para una próxima administración que iniciará su mandato con la imperiosa necesidad de recomponer el stock de reservas internacionales netas, hoy por debajo de los USD 10.000 M, frente a los pasivos en moneda extranjera que se enfrentarán en 2024: entre los principales, la deuda comercial por importaciones, vencimientos de deuda en dólares, atrasos en la remisión de dividendos y utilidades.

Para sacar provecho de ello, el principal desafío que tendrá que abordar la próxima administración consistirá en recrear un esquema cambiario consistente y sostenido en el tiempo que elimine restricciones, reduzca la brecha cambiaria, corrija el atraso cambiario e incentive la liquidación de exportaciones, en el marco de la necesidad de estabilizar la economía para evitar acelerar el escenario de crisis nominal.

Ayudarlo para que el agro ayude

Ahora bien, esta mejora no deberá implicar una actitud pasiva por parte del Gobierno: para sacar provecho de ello, el principal desafío que tendrá que abordar la próxima administración consistirá en recrear un esquema cambiario consistente y sostenido en el tiempo que elimine restricciones, reduzca la brecha cambiaria, corrija el atraso cambiario e incentive la liquidación de exportaciones, en el marco de la necesidad de estabilizar la economía para evitar acelerar el escenario de crisis nominal.