Rogelio Aníbal Luchetti tiene 56 años, es de Canals y nació con síndrome de Down.
La pandemia para él en su vida fue un antes y un después, estuvo internado junto con su mamá, de 84 años, tras contraer la enfermedad del Covid-19. Su mamá lamentablemente fallece, por lo que Lucía Garay, hija de José y Liliana, ahijada de Rogelio, decide acompañarlo en este momento tan difícil.
Ella es estudiante de acompañante terapéutico, por lo que fue una persona clave en el duelo del canalense.
Poco a poco, y con un cuidado muy especial, Rogelio decide ir a vivir con su primo hermano, Hugo José “Pepe” Garay, así fue que hoy Rogelio es parte de la familia Garay, con quien convive y comparte su día a día.
Con José, su papá, como así lo llama Rogelio, comparten una misma pasión: correr.
José hace 36 años que practica atletismo a nivel amateur y su fiel compañero en las carreras es Rogelio.
Además, van tres veces al gimnasio, aunque Rogelio pone condiciones para hacer actividades físicas. “Él sólo entrena si sus profes, con los que se lleva bárbaro, le regalan alfajores o golosinas”, comentó José.
A diario, Rogelio participa activamente de las actividades de los demás integrantes, desde acompañar a su papá en el taller hasta realizar tareas domésticas con su mamá Liliana.
Rogelio Luchetti, de 56 años, participó junto con José Garay, a quien nombra como su papá, en la maratón de Las Higueras y su llegada a la meta se hizo viral en redes.
Rogelio disfruta de andar en bicileta, ir a cenar con sus amigos e incluso salir a bailar.
José y Liliana hace dos años le regalaron a Rogelio su propia bicileta.
Disfruta mucho de estar al sol y hacer sociales con sus vecinos.
Una actividad rutinaria de Rogelio es que todas las noches pedalea en su bicicleta fija, ya que no puede salir a pasear por la noche porque tiene que usar anteojos por su poca visión.
Una nueva oportunidad
Tras la muerte de su madre, Rogelio emprendió una nueva vida junto con la familia Garay.
“Este cambio para él fue un antes y un después. Fue un reseteo a sus 53 años, él tenía otra vida junto con su mamá. Empezó una nueva vida y se adaptó completamente con nosotros. Es un aprendizaje conjunto del día a día”, enfatizó Lucía Garay, quien con su profesión logró brindarle autonomía al canalense y comprenderlo en sus momentos más difíciles.
“Con mi tía, su mamá, siempre hubo una hermosa relación, compartimos mucho con Rogelio, creo que eso también le dio la seguridad para elegirnos como su segunda familia”, dijo en diálogo con Puntal.
El deporte, como para tantas otras personas, es una disciplina que logró sanar a Rogelio y es su cable a tierra cada día de esta nueva vida.
El canalense junto con su papá, José, participaron de la maratón en Las Higueras y el video de la llegada de Rogelio fue furor en las redes sociales.
“Fue hermoso ver a Rogelio y a papá acompañándolo hasta la meta final. El video fue viral y la cantidad de mensajes hermosos para él y para nosotros, como familia, fue un mimo. La historia de Rogelio es una historia motivacional y saber que lo que uno se propone se logra”, señaló Lucía.
Embed - Rogelio Luchetti: una historia de superación y motivación
José recalca la importancia de la inclusión en el deporte, ya que ellos disfrutan sin importar el resultado final.
“A Rogelio le encanta correr, se hace amigos de la zona que comparten la misma pasión y le encanta que la gente aplauda y le grite que siga”, dijo José, quien está siempre acompañándolo, a la par, juntos.
Al vivir en un pueblo, Lucía remarca que muchas veces no hay espacios de inclusión para ellos, por lo que manifiesta un profundo agradecimiento y satisfacción ante el cuidado y el acompañamiento de sus papás para con él.
La actividad física para Rogelio, quien tiene 56 años, es fundamental no sólo por las capacidades físicas, que destacan grandes avances con relación a lo coordinativo, motriz y su condición física, sino también por la autonomía que le permite a él.
La historia de Rogelio es de superación, motivación e inclusión. La familia Garay logró darle una segunda oportunidad en la vida al canalense de 56 años. Los lazos sanguíneos demuestran una vez más que las pasiones se transmiten de manera transgeneracional.