Arquitectura |

Captó la esencia de un barrio y la sintetizó en una escultura

Víctor Becerra es un verdadero artesano del hierro y es el autor de la obra que identifica no solo al Jockey Club Río Cuarto, sino también a todo un sector urbano. Un trabajo que ofrece una experiencia personal y un sentimiento colectivo

Un hombre arriba de un caballo. Ésa puede ser la más simplista de las definiciones que tanto chicos como grandes pueden dar cuenta al momento de tomar un primer contacto con la escultura que desde hace semanas realza el ingreso principal del predio al Jockey Club Río Cuarto.

Pero el grado de aproximación y la empatía que alcancemos con la obra será la clave para que cada espectador viva su propia experiencia con la escultura.

escultura9.jpg

En una vista satelital, que puede ofrecer un servicio como Google Earth u otro similar, podemos advertir que en el suroeste de Río Cuarto un gran óvalo rompe con la retícula de la trama urbana. Es la pista de turf que históricamente fue epicentro de un deporte que transformó la fisonomía de un barrio y fue motor de una multiplicidad de actividades sociales. Hoy, esa llama se mantiene encendida, y junto con ella se puede ver cómo a diario recorren la zona cuidadores con caballos que ingresan al predio para entrenar a los animales o bien comercios característicos, como son el puñado de veterinarias que se emplazan sobre avenida Presidente Perón y alrededores.

En esa zona vive el turf de Río Cuarto. Y ésa esencia fue la que captó el artista Víctor Becerra al momento de encarar la propuesta de crear una escultura que diera identidad al Club centenario de la ciudad.

escultura3.jpg

Por esa razón ya podemos dejar de decir que es tan solo “un hombre arriba de un caballo”, porque el lugar donde se erige ya aporta otras connotaciones. Solo con ser vecino del sector nos daremos cuenta que no es un caballo común, sino que por su anatomía y su cuerpo estilizado, estamos frente a un animal entrenado. Y que la postura que adquiere, la musculatura y los gestos de su rostro dan cuenta que está en plena carrera.

Pese a estar hecho de pesados hierros que en la sumatoria rondan los 800 kilogramos, se lo percibe liviano, competitivo.

escultura2.jpg

Y quien lo guía tampoco es un jinete cualquiera, sino que es un jockey provisto de la indumentaria y elementos de seguridad propios de la disciplina y que se mantiene en total sinergia con el avance del animal.

“Me dieron la libertad de elegir la posición del caballo y realizarla, y elegí esa posición que es en plena carrera y porque tiene dos puntos de apoyo para su colocación. Le quise dar la mayor cantidad de movimiento posible y que represente velocidad”, explica Becerra a Puntal ADC.

escultura8.jpg

El proceso

En el proceso de búsqueda, el escultor admite que lo primero que hizo fue pensar en el público que lo iba a ver.

“Pensé en quienes cuidan los caballos, que están las 24 horas con los animales y tienen un conocimiento acabado de ellos. Y también en quienes están vinculados a la ciencia, que son los veterinarios, lo que me exigía en que debía prestar especial atención a la anatomía. Busqué fotos de caballos desde todos los ángulos, porque sabía que mientras más información entrara en mi cabeza, mejor se expresaría en el hierro”, señaló.

Escultura proceso 1.jpg

La ejecución

El artista riocuartense explica que la escultura se realizó de manera artesanal “de adentro hacia afuera”, con el esqueleto como estructura, y componentes de hierro que dieron forma a la anatomía propia del cuerpo.

“Las piezas elegidas tales como los engranajes, ya connotan movimiento, mientras que la misma nobleza del hierro también brinda esa sensación de fuerza propia de los caballos de carrera”, comenta Víctor.

Escultura proceso 2.jpg

El hecho de utilizar componentes en desuso de camiones, reforzó aún más la idea de robustez y potencia, y cada receptor, desde su quehacer cotidiano, fue adquiriendo una experiencia individual con la obra. “Una persona vino al taller y me dijo: ‘esa es una directa de un (camión Mercedes Benz) 1114’. Por eso cuando la persona ve cada una de las piezas tiene su propia percepción: los ojos son hechos de tornillo de ferrocarril, una parte de la cara del caballo tiene una pata de arranque de una Gilera 200. Cada uno vive su propia experiencia según sus vivencias previas y recuerdos”, sostiene el artesano de la herrería.

Para agregar: “Es una obra que a 10 o 15 metros de distancia se puede apreciar el todo como una figura, pero que si nos aproximamos para observarla de cerca, es otra escultura totalmente distinta porque la disposición de las piezas te dan a entender cómo son los músculos, los huesos y los tendones en un caballo. Todo el conjunto de líneas orientadas en una dirección hace que te dé esa sensación de que el caballo avanza mientras que el jockey acompaña el movimiento hacia el lado que se balancea el caballo y le está haciendo hacer lo que se conoce en la jerga del turf como ‘el cambio de mano’ al caballo”.

Escultura proceso.jpg

El oficio del artista

Becerra trabaja en herrería desde los 12 años y a los 16 se inclinó directamente a todo lo que es la creación de objetos con hierros curvos.

En la ciudad, algunas de sus obras se exhiben en los jardines exteriores del Viejo Mercado, en el Campus de la Universidad Nacional, en el Colegio Leonardo Da Vinci y en Patio Linné, entre otros lugares.

escultura8.jpg

La escultura emplazada en el portal de ingreso al Jockey Club de Río Cuarto le demandó un plazo aproximado a los 7 meses, de los cuáles entre dos y tres meses fueron netamente abocados a la investigación y búsqueda de información para luego ejecutar en el plazo restante la obra en su taller de calle Mártires Riocuartenses al 1946.

“Cada vez que inicio una escultura, mi objetivo es agarrar la chatarra, transformarla, unirla entre sí y darle vida. Y palpar la obra es un condimento más que también he descubierto, porque en el caso del caballo, se puede percibir la barbilla del animal y los detalles en el rostro, con solo tocarla. Incluso una persona no vidente puede descubrir la escultura con solo recorrerla con sus manos”, finalizó.

Javier Borghi

las más leídas