Matías Caramuti, de Soles del Oeste a coronarse en el rugby estadounidense
Río Cuarto se acostumbró a tener campeones y campeonas en todo el mundo. En el último tiempo, el deporte universitario de Estados Unidos es uno de los ámbitos en los que se destaca una buena cámara de jóvenes atletas locales. Uno de ellos es Matías Caramuti, el rugbier formado en Urú Curé que se consagró a nivel nacional representando a la Universidad Thomas More.
"Fue todo un poco loco", dice Caramuti sobre el camino al título. La travesía hacia la consagración incluyó un viaje relámpago a Río Cuarto para el egreso de su hermana y la rendida de un examen de historia en tiempo récord.
En el 2020, en plena inactividad por la pandemia, Caramuti decidió armar un vídeo compilando sus mejores acciones y los envió a varias universidades de Estados Unidos. “Tuve la suerte de que John Fox, head coach de Thomas More, me contestó con la mejor y la verdad que decidí no desaprovechar la oportunidad”, comenta el back riocuartense sobre su partida. Agrega que hasta antes de la pandemia no tenía pensado ir a estudiar afuera, pero que sí estaba entre sus deseos, incluso estuvo un tiempo en Australia.
El riocuartense arribó a Thomas More, institución ubicada en Crestview Hills, una zona urbana al sur de Cincinnati y el Río Ohio, pero en el estado de Kentucky. Allí, además de jugar al rugby, estudia administración de empresas. “La vida en el campus es muy tranquila, si la comparás con las universidades más grandes. Somos poco más de 2.000 estudiantes. No tenemos mucho más para hacer que entrenar y estudiar”, relata el formado en Urú.
Cincinatti es la ciudad importante más cercana, que está a 15 minutos del campus. “Es muy linda, muy parecida a Chicago y siempre tenemos ganas de ir, pero hay que ir en Uber y no es tan sencillo”, explica Caramuti.
No es el único argentino en el equipo, allí también se encuentra el tucumano Alejandro Torres, a quien el riocuartense le está muy agradecido por cómo lo ayuda en el período de adaptación a la vida en Thomas More. “Yo si bien tengo buen nivel de inglés, nunca lo había tenido que usar cotidianamente y eso me llevó un tiempo. Él me dio una mano muy grande en ese sentido”, cuenta Caramuti.
En cuanto a lo rugbístico, Caramuti se encontró con una realidad muy distinta a la Argentina. Una de las aristas es la del nivel. “El rugby acá está muy por detrás de los tres deportes principales: básquet, fútbol americano y béisbol. Por ende no es mucho el desarrollo o la tradición que tienen”, cuenta el riocuartense. Describe que muchos de sus compañeros llegan al rugby tras pasar por otras disciplinas, como el fútbol americano o la lucha libre. “Si hablamos de lo atlético, están tremendamente entrenados, pero les falta lo técnico. Nosotros con el otro argentino trabajamos mucho con cuestiones como dar el pase y como poner las manos. Hay una búsqueda por desarrollarlo, pero todavía faltan algunas cosas”, explica Caramuti.
Hoy, el rugby profesional en Estados Unidos recién está empezando a crecer. Las franquicias que conforman la MLR (Major League Rugby) han contratado a figuras internacionales (entre ellos, argentinos) para contribuir al desarrollo. Allí juega, por ejemplo, el veterano australiano, Adam Ashley-Copper.
Esa falta de atención también se ve en los montos que tienen los programas de rugby de las universidades. Incluso, para juntar plata para el equipo, los integrantes del equipo vendieron gaseosas y comida en uno de los encuentros de los Bengals, la franquicia de fútbol americano de Cincinatti.
En ese panorama, el rugby universitario está organizado en cuatro divisiones. El equipo del riocuartense salió campeón nacional en la División 2 y consiguió el ascenso a la División 1. “Fue muy lindo el título para nosotros. Trabajamos mucho y siempre lo hicimos desde la humildad. Calladitos le dimos para adelante y fuimos partido por partido”, describe el apertura sobre lo que fue el camino al título.
Uno de los pasos importantes se dio en la final de la conferencia ante Marian University de Indianápolis. “Ya le habíamos ganado el torneo de Seven en su cancha. En un partido lleno de emociones ganamos 45 a 15 y clasificamos a los Regionales. Fue muy lindo porque había mucha pica con ellos”, explica el ex-Urú.
“En los Regionales me pasó algo muy lindo, porque tuvimos que viajar como seis horas, todos juntos, tomando mates con el otro argentino. Me hizo acordar mucho a los viajes con Urú. Con la diferencia de que en el club lo hacíamos con más comodidad. Acá, porque no tenemos mucho presupuesto, tuvimos que hacer el trayecto todos apretados en una Van”, relata Caramuti. Esos recuerdos de la entidad de Soles del Oeste son los que lo mantienen fuertemente ligado a la ciudad. “Se extrañan muchas cosas. La gente acá es un poco más fría que nosotros. Además está lo cotidiano, la familia, los amigos. Eso está presente todos los días”, describe.
En la final de los Regionales se encontraron con uno de los candidatos, por lo que llegaron de punto. “Había un periodista especializado acá en Estados Unidos que siempre nos tiraba con todo. Siempre ganábamos porque al otro equipo le pasaban cosas, nunca por nuestros méritos. Al final eso nos sirvió como motivación porque ganamos por mucha diferencia”, comenta el riocuarense.
El pase a la fase final trajo consigo nuevos desafíos para el riocuartense, ya que en los días previos, debía volver a la ciudad para asistir al egreso de su hermana. “Yo no podía faltar. Para nosotros como familia es muy importante estar en esos momentos. Así que lo hablé con el entrenador y me dio el ok. Esa semana fue una locura. Volví a la argentina el 5 de diciembre, estuve entrenando en Río Cuarto, esperando el día de la fiesta, que era el 7. En el egreso me quedé hasta las tres de la mañana y al otro día me levanté temprano para volver a Estados Unidos”, relata Caramuti.
Todo ese trayecto entre Río Cuarto y Houston –ciudad en la que se disputaban las finales-, el riocuartense lo hizo con la amenaza de la variante Ómicron del Covid-19 dando vueltas y sus obligaciones académicas. “Tuve que hacer malabares. Esa semana fue de exámenes finales. Yo llegué a Houston a las 5 de la mañana. Me hospedé en la casa de los padres de un compañero. Comí algo y me tuve que poner a rendir una prueba y me quedaban 45 minutos para hacerla. Generalmente te dan dos horas para hacerla, pero yo no me pude poner antes. Me fue bien, así que salió todo redondo”, cuenta el apertura. Al otro día, jugaron las semifinales y después llegó la final. En ambos partidos el equipo respondió, a pesar del fuerte viento que se presentó en la ciudad del suroeste estadounidense.
“La verdad fue una temporada redonda. Más no puedo pedir”, remarca Caramuti, a quien todavía le queda un año de estudio en Thomas More. “Todavía no pensé mucho en el después. Sé que quiero hacer unas pasantías acá, pero no sé qué va a pasar más adelante”, señala.