“Tengo mucho miedo: ¿quién nos garantiza la vida de nuestros seres queridos?”
Ana Chevarría, abuela de un interno de la cárcel local, denunció que su nieto fue brutalmente golpeado. Advierten trama de violencia, drogas y corrupción. “De ahí salen física y emocionalmente mutilados”, dijo
La abuela de un joven que está preso en la unidad penitenciaria local, denunció públicamente la reiteración de hechos de violencia a la vez que advirtió sobre una trama vinculada a la comercialización de drogas al interior del penal. Asimismo, aseguró que teme por la integridad de su nieto ya que “no es la primera vez que sufre este tipo de torturas en los tres años que lleva en la cárcel”.
“Hablo desde el dolor porque amo a mi nieto y es un ser humano como todos nosotros, ya me callé por mucho tiempo. Como mucha gente, durante mucho tiempo me llamé al silencio simplemente por miedo, porque los que están ahí adentro, en la cárcel, son nuestros seres queridos y uno no sabe que les puede pasar después. Pero ya no aguanto más, llegó un momento en el que tuve que salir a hablar; no puede ser que en un lugar en el que ingresan para poder reincorporarse a la sociedad, los golpeen de esa manera”, narró a PUNTAL Ana Chevarría, la abuela de un joven de 27 años está cumpliendo su condena en la Unidad Penitenciaria N° 6, de nuestra ciudad.
Ana Chevarría contó que el día martes fue alertada telefónicamente por un interno del servicio penitenciario, a quien no conoce, sobre la golpiza que había recibido su nieto: “Me dijo que hiciese algo porque mi nieto estaba muy golpeado, en una celda de aislamiento y temía por lo que le pudiera pasar”, afirmó.
Chevarría se dirigió al penal y solicitó ver a su nieto. Tras unas horas de espera, le fue concedida la visita. “En ese intervalo había sido bañado y arreglado un poco. Igual se notaba que había sido brutalmente golpeado: tenía la nariz muy inflamada y las muñecas lastimadas por las esposas. Aunque tiene que haber estado con calmante, se lo notaba dolorido”, señaló.
La abuela del joven señaló que -tal vez aleccionado sobre lo que tenía que decir- su nieto le expresó que los golpes se debían a que se había caído de la cama. “Me parece todo muy raro, porque en la celda de aislamiento en la que estaba dormía en un colchón en el suelo”, cuestionó Chevarría, quien añadió que el mismo hecho de estar aislado de los otros internos, la lleva a pensar que la golpiza que recibió su nieto provino del personal del penal.
“Él me decía: ‘No te preocupes abuela, yo ahora entro en un pabellón y voy a estar bien, quédate tranquila abuela’”, revivió Chevarría. Asimismo, señaló que tras una solicitud en Tribunales logró que su nieto fuera revisado en el día de ayer por un médico forense, quien elaborará un informe sobre su estado de salud.
“Hace años que estoy callando, que estoy sufriendo; y lo hago público para que la sociedad, que a veces quizás desde la desinformación condena socialmente, sepa que esa es la manera con la que se pretende recuperar a estos jóvenes y reinsertarlos en la sociedad”, remarcó la abuela del joven, a lo que añadió: “Como abuela estoy totalmente quebrada, y tengo mucho miedo: ¿quién nos garantiza la vida de nuestro seres queridos?”.
Violencia, droga y traslados
La abuela del joven que cumple su condena en la penitenciaría local señaló que no es la primera vez que su nieto vive este tipo de situaciones sino que “desde el momento mismo en el que ingresó a la cárcel empezó a sufrir una serie de hechos de violencia, de maltrato constante y de traslados injustificados”. Asimismo, denunció que al interior del penal “existe una trama vinculada a la comercialización de droga” que en muchos casos subyace a los distintos conflictos que se suceden entre los internos.
“Hay un grupo de internos que todos los conocen como ‘los plumas’ que son los que tienen el poder y mandan en cada uno de los pabellones de la unidad penitenciaria. Los obligan a consumir drogas, los obligan a que sean clientes. Entonces si no consumís y no hay un aguante económico de afuera para ellos ahí adentro, los golpean”, expresó Chevarría.
“Cuando por el trato que reciben de los otros internos piden salir, entonces son puestos en celdas de aislamiento en donde están en las peores condiciones o son trasladados a otros lugares, lejos de sus familias”, afirmó Chevarría, quien recordó que su nieto es uno de los internos que fue trasladado reiteradas veces a Cruz del Eje.
Paralelamente, la abuela se preguntó “por qué hay tanta droga ahí adentro si cada vez que los familiares ingresan al penal deben pasar por numerosas e intensivas requisas”.
“Como abuela tengo mucho miedo. Los familiares de todos los internos tenemos mucho miedo. No puede ser que en un lugar en donde se supone que los recuperan y preparan para reincorporarlos de nuevo a la sociedad pasen todas estas cosas. Al final, de ahí salen física y emocionalmente mutilados”, concluyó.
“Hablo desde el dolor porque amo a mi nieto y es un ser humano como todos nosotros, ya me callé por mucho tiempo. Como mucha gente, durante mucho tiempo me llamé al silencio simplemente por miedo, porque los que están ahí adentro, en la cárcel, son nuestros seres queridos y uno no sabe que les puede pasar después. Pero ya no aguanto más, llegó un momento en el que tuve que salir a hablar; no puede ser que en un lugar en el que ingresan para poder reincorporarse a la sociedad, los golpeen de esa manera”, narró a PUNTAL Ana Chevarría, la abuela de un joven de 27 años está cumpliendo su condena en la Unidad Penitenciaria N° 6, de nuestra ciudad.
Ana Chevarría contó que el día martes fue alertada telefónicamente por un interno del servicio penitenciario, a quien no conoce, sobre la golpiza que había recibido su nieto: “Me dijo que hiciese algo porque mi nieto estaba muy golpeado, en una celda de aislamiento y temía por lo que le pudiera pasar”, afirmó.
Chevarría se dirigió al penal y solicitó ver a su nieto. Tras unas horas de espera, le fue concedida la visita. “En ese intervalo había sido bañado y arreglado un poco. Igual se notaba que había sido brutalmente golpeado: tenía la nariz muy inflamada y las muñecas lastimadas por las esposas. Aunque tiene que haber estado con calmante, se lo notaba dolorido”, señaló.
La abuela del joven señaló que -tal vez aleccionado sobre lo que tenía que decir- su nieto le expresó que los golpes se debían a que se había caído de la cama. “Me parece todo muy raro, porque en la celda de aislamiento en la que estaba dormía en un colchón en el suelo”, cuestionó Chevarría, quien añadió que el mismo hecho de estar aislado de los otros internos, la lleva a pensar que la golpiza que recibió su nieto provino del personal del penal.
“Él me decía: ‘No te preocupes abuela, yo ahora entro en un pabellón y voy a estar bien, quédate tranquila abuela’”, revivió Chevarría. Asimismo, señaló que tras una solicitud en Tribunales logró que su nieto fuera revisado en el día de ayer por un médico forense, quien elaborará un informe sobre su estado de salud.
“Hace años que estoy callando, que estoy sufriendo; y lo hago público para que la sociedad, que a veces quizás desde la desinformación condena socialmente, sepa que esa es la manera con la que se pretende recuperar a estos jóvenes y reinsertarlos en la sociedad”, remarcó la abuela del joven, a lo que añadió: “Como abuela estoy totalmente quebrada, y tengo mucho miedo: ¿quién nos garantiza la vida de nuestro seres queridos?”.
Violencia, droga y traslados
La abuela del joven que cumple su condena en la penitenciaría local señaló que no es la primera vez que su nieto vive este tipo de situaciones sino que “desde el momento mismo en el que ingresó a la cárcel empezó a sufrir una serie de hechos de violencia, de maltrato constante y de traslados injustificados”. Asimismo, denunció que al interior del penal “existe una trama vinculada a la comercialización de droga” que en muchos casos subyace a los distintos conflictos que se suceden entre los internos.
“Hay un grupo de internos que todos los conocen como ‘los plumas’ que son los que tienen el poder y mandan en cada uno de los pabellones de la unidad penitenciaria. Los obligan a consumir drogas, los obligan a que sean clientes. Entonces si no consumís y no hay un aguante económico de afuera para ellos ahí adentro, los golpean”, expresó Chevarría.
“Cuando por el trato que reciben de los otros internos piden salir, entonces son puestos en celdas de aislamiento en donde están en las peores condiciones o son trasladados a otros lugares, lejos de sus familias”, afirmó Chevarría, quien recordó que su nieto es uno de los internos que fue trasladado reiteradas veces a Cruz del Eje.
Paralelamente, la abuela se preguntó “por qué hay tanta droga ahí adentro si cada vez que los familiares ingresan al penal deben pasar por numerosas e intensivas requisas”.
“Como abuela tengo mucho miedo. Los familiares de todos los internos tenemos mucho miedo. No puede ser que en un lugar en donde se supone que los recuperan y preparan para reincorporarlos de nuevo a la sociedad pasen todas estas cosas. Al final, de ahí salen física y emocionalmente mutilados”, concluyó.