Por Paco Rodríguez Ortega. Especial para Puntal.
No me quiero sumergir en el dolor que es mucho, suficiente.
Prefiero referirme, al amigo que se fue, un ser cálido, reservado, inteligente.
Hablar de Carlos Giorgis es hablar sin dudas de uno de los más importantes artistas que tuvo la ciudad.
Con un dominio del dibujo y una gran sensibilidad para el color, pudo ganarse un lugar importante en el arte de la provincia y la ciudad.
Carlos fue el referente de una generación de pintores que veíamos en él a un artista distinto, con todas las letras, un artista contemporáneo con mayúsculas.
Recuerdo perfecto el día que hable con él por primera vez y su serenidad y generosidad me sorprendieron. Ese encuentro fue muy cerca de una gran muestra de él en el Museo de Bellas Artes.
De su estética podría recalcar muchas cosas, porque desde el dominio del dibujo podía disparar en diferentes direcciones saliendo bien parado siempre. Lo digo así porque su mundo temático era así.
Obras pobladas de personajes que recorren el espacio del cuadro, enfrentados o en la misma dirección, llenos de dinamismo.
Una pintura muy seria que renegaba un poco de su propia seriedad, con elementos autoreferenciales.
Obras que tienen poesía pero también ironía, esa ironía del destino que él conocía muy bien.
Podría decir que en sus cuadros además de todo eso que describo se podía un poco sentir un olorcito a tango.
Recuerdo muy bien de esa muestra que menciono arriba, un cuadro en el que se veía el retrato de Freud al mando de un timón de un barco y en el posible cambio de dirección, de un lado estaba el propio autorretrato de él y del otro un desnudo femenino impecablemente pintado. Lo llamativo además era el color de un cielo azul casi negro poblado de estrellas.
Querido Carlos te fuiste a navegar por ese cielo lleno de estrellas, los que tuvimos la suerte de ser tus amigos te vamos a extrañar, pero queda tu legado artístico de excelencia con tu poética personal y única.

