Opinión | Casa Rosada

Otra vez sopa: el combo dólar, precios y elecciones

Los tres elementos suelen aparecer en simultáneo sobre el escenario, siempre conformando complejas problemáticas que los gobiernos no logran resolver, pese a la escasa originalidad de la dificultad. Misma encrucijada, mismas recetas, ¿resultados distintos?
Roberto Feletti, flamante secretario de Comercio Interior, con empresarios la semana pasada.  

Cada vez más sectores de la industria alertan sobre las dificultades que están teniendo para producir por la imposibilidad de importar libremente insumos o bienes de capital. La contracara de eso es la estrechez de reservas que tiene el Banco Central, que se sigue estirando para tratar de tapar los agujeros por donde se escapan los billetes verdes sin encontrarle una solución de fondo a lo que ya parece cada vez más un colador. Busca demorar todo lo que puede las importaciones para evitar que la fuga de dólares continúe, lo que naturalmente atenta contra la capacidad de producción y en definitiva contra la reactivación que vienen mostrando algunos sectores en los últimos meses y que fue ratificada la semana pasada con datos oficiales aportados por el Emae del Indec. Ese estimador reflejó un alza del 12,8% en la actividad económica en la comparación interanual de agosto.

La tensión en el mercado cambiario tuvo, como siempre, su correlato en la cotización del dólar blue en su habitual rol de villano. Cerró el viernes a 195 pesos e igualó su máximo histórico que fue en octubre del año pasado. Naturalmente hoy será uno de los puntos de atención en el escenario nacional, porque aunque pequeño, el mercado paralelo de divisas tiene su efecto en la economía real. De hecho, quienes tienen que comprar insumos importados suelen observar cómo hay una relación directa entre ese valor y lo que deben pagar en pesos por lo que adquieren. Los productores agropecuarios suelen ser testigos de esa situación.

Muchos advierten que la cotización del blue es exagerada y que responde a un precio de pánico: ante la incertidumbre los compradores convalidan precios irracionales.

Muchos economistas advierten que esa cotización es exagerada y que responde a un precio de pánico: ante la creciente incertidumbre, los compradores convalidan precios que hasta reconocen excesivos. Nadie hoy en Argentina se atrevería a decir que ese debería ser el precio del dólar. Del mismo modo, hay muchos indicadores que revelan que el precio de la cotización oficial quedó atrasada por decisión del Gobierno. Sin ir más lejos, al cruzarla con el avance inflacionario de este año.

En paralelo, el Gobierno advirtió el 12 de septiembre que la persistente suba de precios golpeaba con fuerza los bolsillos de los argentinos que tienen ingresos fijos y una explicación de los resultados electorales fueron asociados a esa problemática del poder adquisitivo que no es otra cosa que un constante deterioro de la capacidad de compra de los ingresos. Y por si le faltaba una mala noticia a la Casa Rosada era que el Indec dio a conocer que en septiembre la inflación dio otro salto y llegó al 3,5%. Cuando la tendencia era a la baja desde abril, el noveno mes trajo otra vez una cifra en alza, incluso mayor a la que pronosticaban los pesimistas. Esa medición mensual llevó al acumulado anual al 52,5%, casi igualando el peor registro del macrismo.

Así, el Gobierno nacional enfrenta el pico de inflación y el máximo histórico en la cotización del dólar blue en el marco de una campaña electoral que desembocará en la legislativa del 14 de noviembre, pero que cuenta con un antecedente negativo para la gestión de Alberto Fernández por la derrota de septiembre.

El Gobierno nacional enfrenta el pico de inflación y el máximo histórico en la cotización del dólar blue en el marco de una campaña electoral que desembocará en la legislativa del 14N.

En definitiva, un resultado muy negativo en las urnas con indicadores económicos sensibles, como dólar e inflación, en su peor momento. Frente a ese complejo escenario, el Gobierno reaccionó con cambios de Gabinete que intentaron darle otra impronta, por ejemplo con la incorporación de Juan Manzur como Jefe de Gabinete y Aníbal Fernández en Seguridad. El primero salió “a comerse la cancha” de arranque, pero se quedó sin piernas o está cambiando el aire porque su figura se desinfló en las últimas dos semanas. El ministro de Seguridad ya tuvo sus primeras controversias de envergadura y también bajó el perfil. Pero en la principal área de dificultades, el Ministerio de Economía, no hubo cambios. Sí lo hubo en el de Producción y más puntualmente en la Secretaría de Comercio Interior. Es la esperanza del Frente de Todos en el combate contra la inflación, aunque poco tiene que ver la cartera en las causas del alza de precios. Más bien, es la encargada de martillar los valores en las góndolas, al final del proceso. Sólo tiene incumbencia en la pata especulativa de la inflación que siempre es más difícil de precisar. Que la hay, la hay, pero alimentada por un contexto de desajuste generalizado que destruyó las referencias de precios. Es difícil saber hoy cuánto vale un producto. Y cuando el proceso inflacionario termina levantando velocidad tiene la capacidad de retroalimentarse y su envión responde a varias causas en simultáneo. Por eso, aplicar precios congelados a 1.432 productos no debería generar demasiadas expectativas, más allá de la imagen del Gobierno que ahora intenta mostarse activo.

La mala noticia es que entre ambos problemas hay vasos comunicantes unidireccionales. Cuando el dólar se tensa, los precios tienden a subir, pero difícilmente ocurra que ante la baja del billete las góndolas cambien sus cartelitos. A su vez, el contexto electoral y la incertidumbre proyectada hacia el 15 de noviembre juegan a favor de la mayor tensión, que encuentra también en el cierre del año viento a su favor.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal