Provinciales | casa

El día después: Esmeralda volvió a casa y crecen las preguntas sobre lo ocurrido

La niña de dos años recibió el alta médica y se encuentra en buen estado de salud; sus padres sostienen

que “alguien se la llevó” y la Justicia intenta reconstruir qué pasó durante su ausencia

 

El silencio del barrio San José Obrero, en Cosquín, ya no es el mismo. Después de casi 24 horas de angustia, rastrillajes y una búsqueda desesperada que mantuvo en vilo a toda la provincia, Esmeralda volvió a su casa tras recibir el alta médica. Está viva, está con su familia. Pero el alivio convive con una pregunta que nadie logra responder: qué ocurrió durante esas horas en las que estuvo desaparecida.

La pequeña, de apenas dos años, recibió el alta médica este viernes por la mañana en el Hospital Domingo Funes, en el valle de Punilla. Los estudios confirmaron que se encuentra en buen estado general de salud y sin signos de violencia. Solo algunos raspones en las piernas y en los pies, huellas visibles de haber estado descalza en una zona agreste, atravesada por monte serrano y vegetación espinosa.

Minutos después de regresar a su vivienda, su mamá, Tania, habló con Puntal. La voz ya no tenía el quiebre de la desesperación de las horas previas, pero sí el peso emocional de lo vivido. “Está bien, sanita. Gracias a Dios no tiene nada grave”, dijo tras ese reencuentro que fue tan esperado como incierto.

La escena, sin embargo, está lejos de cerrarse. La madre no duda: “Para mí, a mi hija alguien me la tuvo”. Lo repite con una convicción que nace tanto de la intuición como de los detalles que no logra encajar. Habla de las horas sin agua ni alimento, del frío de la noche serrana, de un terreno hostil que, asegura, una niña de su edad no podría haber atravesado sola.

“Tenía el body al revés y mal puesto. Ella no sabe sacárselo ni ponérselo”, explicó. También mencionó pequeñas heridas, espinas en los pies y un golpe leve en la frente. Indicios que, en su mirada, refuerzan la sospecha de que alguien intervino en lo ocurrido. “No sé en qué situación la tuvieron, pero quiero que se investigue”, insistió.

El padre, todavía con el cansancio acumulado de horas sin dormir, reconstruye su propia carrera contra el tiempo. Contó que estaba en la ciudad de Córdoba cuando recibió el llamado desesperado. Salió de inmediato. “Pensé que podía estar en el campo. La busqué por todos lados, pero no estaba”, relató. La desesperación lo llevó a activar contactos, pedir ayuda, sumar recursos. “No sabía dónde estaba, cómo estaba”, repitió.

Cuando finalmente la vio, la sensación fue tan intensa como difícil de explicar: “Estaba asustada, nerviosa. Miraba para todos lados. Yo la agarré y no la solté más”. Desde entonces, el reencuentro se volvió un refugio, pero también un punto de partida para nuevas preguntas.

La investigación, a cargo de la fiscal Silvana Pen, avanza en múltiples frentes. En estas primeras horas se analizan comunicaciones, cámaras de seguridad y movimientos registrados en la zona. Hay al menos once teléfonos celulares secuestrados del entorno cercano y se toman testimonios para intentar reconstruir cada minuto desde la desaparición hasta el hallazgo. Por ahora, no hay personas detenidas y la causa se mantiene bajo secreto de sumario.

En el pueblo, la percepción es casi unánime. Quienes conocen el terreno sostienen que el recorrido hasta el lugar donde apareció, a más de 400 metros de su casa, atravesando monte espeso, resulta prácticamente imposible para una niña de dos años. “No pudo haber ido sola”, repiten vecinos y rescatistas que participaron de los operativos.

La búsqueda había comenzado el miércoles por la tarde y movilizó a policías, bomberos, baqueanos y voluntarios. Hubo drones, perros rastreadores y recorridos nocturnos en condiciones adversas. Sin embargo, durante horas no hubo rastros. Ese dato, sumado a que el sector donde fue hallada ya había sido rastrillado, profundiza el misterio.

En medio de la conmoción, el gobernador Martín Llaryora encabezó un reconocimiento a los efectivos que encontraron a la niña: el sargento Franco Cabrera y el agente Lucas Badra. Ambos habían finalizado su turno, pero decidieron continuar con la búsqueda. Recibieron una medalla en honor al Cura Brochero y un ascenso dentro de la fuerza.

Durante el acto, el mandatario fue contundente: “Hay que seguir investigando. Esto está pasando muchas veces en la Argentina. ¿Qué hay detrás de todo esto?”. Y agregó una frase que dejó al descubierto la dimensión del caso: “Esta vez logramos recuperar a Esmeralda, si no sería un Lian o un Loan”.

En la casa, mientras tanto, la vida intenta recomponerse lentamente. Esmeralda juega, se mueve como siempre, ajena al revuelo que provocó su ausencia. “Está como siempre, caprichosa, enojona”, cuenta su mamá, con una sonrisa que mezcla alivio, cansancio y una emoción difícil de traducir en palabras.

Pero debajo de esa aparente normalidad, persiste la incertidumbre. La niña no puede explicar lo que vivió. Sus palabras aún no alcanzan para reconstruir lo ocurrido. Y el tiempo, por ahora, no trae respuestas claras.

El día después no es un cierre. Es apenas el inicio de una investigación que busca llenar los vacíos de una historia que conmovió a toda Córdoba y que, todavía, guarda más preguntas que certezas.