Arquitectura | casa

"¿Y si la revestimos con piedra?"

Cuando todo se había pensado con el ladrillo visto como terminación final, el cliente decidió cambiar la estética de lo que sería su vivienda. El resultado conformó a todos. ¿Cómo se logró la sinergia entre arquitectos, comitente y mano de obra?

El proyecto dio también protagonismo a la vegetación.

 

La piedra le aporta su propia impronta a la casa.

 

Maceteros incrustados en el muro hoy cobijan cactus y helechos.

 

Un proyecto de arquitectura puede llegar a buen puerto cuando las partes que lo impulsan logran una sinergia entre sí.

Saber atender la demanda, escuchar las distintas propuestas y conocer cómo se pueden materializar en obra es fundamental al momento de la ejecución.

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Una experiencia que sirve de ejemplo a este tipo de interacción positiva tuvo por protagonistas a los profesionales que integran el estudio local Balliano-Palacios Arquitectura, quienes tuvieron como cliente a un allegado de uno de sus integrantes y con quien le dieron forma a lo que en el futuro sería su hogar de residencia.

Los arquitectos Mario Balliano y Guillermo Palacios cuentan a Puntal ADC que recibieron el desafío de proyectar sobre un lote unos 9 mil metros cuadrados situados al oeste de la ciudad, que contaba con una antigua casa de los años ’50 justo en el corazón del terreno, caracterizado por árboles añosos y un distinguido paisaje natural.

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“La primera consulta que nos hizo el comitente era si debía demoler la vieja edificación para construir una nueva, o bien, si podía trabajarse sobre esa misma estructura. La tipología de la casa mostraba una planta en medialuna, como una herradura, y tras ser relevada se recomendó solo demoler y renovar el área de servicios para poder dotarla de instalaciones sanitarias más modernas”, señala Balliano.

Y agrega: “A la pareja que la iba a ocupar le gusta mucho cuidar del paisaje, entonces nos pareció bueno generar en esa vivienda una relación con el espacio intermedio. Es decir, que además de acondicionar la vivienda antigua y reciclar algunos ambientes, debíamos captar las visuales preservando esa sensación ‘del adentro y el afuera’, con galerías, circulaciones y demás componentes”.

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Por su parte, Palacios comenta que de ése primer análisis surgió la propuesta de plantear una casa de estilo industrial, con perfiles metálicos industriales a la vista y de bajo mantenimiento.

“Fuimos logrando consenso con el cliente en el hecho de utilizar el ladrillo visto como revestimiento, ya que va a tono con este estilo industrial, y de usar perfilería metálica a la vista. Hasta incluso viajamos a Córdoba para ver locales que tenían ese estilo y poder analizar cómo podíamos adaptarlo a nuestro proyecto”, sostiene el profesional.

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Barajar y dar de nuevo

“Desde el inicio del proyecto, el desafío era cambiarle la imagen a aquella vieja casa, vestirla de nuevo recuperando ambientes en desuso y a su vez potenciar la relación entre el adentro y el afuera. A punto de largar la obra, el cliente nos plantea: ‘Me gustaría que mi casa fuera de piedra’. Entonces, le preguntamos: ¿pero, que sea una parte de piedra y el resto de ladrillo visto? ‘No, toda de piedra’, nos dijo”, recuerda Mario con una sonrisa.

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Pero en aquel entonces, cuando incluso ya habían visitado la fábrica de ladrillos y casi compran ese material, debieron barajar y dar de nuevo.

Entre los fundamentos del comitente, se podía enumerar que había quedado deslumbrado con la estética de una casa en las sierras de Calamuchita con terminación en piedra y que contaba con un establecimiento próximo a una cantera de granito de donde podían proveerse de ese material.

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“Así que paramos todo ahí, reiniciamos el proyecto y nos fuimos a ver las piedras. Realmente, eran muy buenas, de un tamaño importante. Eso nos implicó tener que hacer una doble piel sobre el viejo muro quedando por resultado una pared de unos 40 y hasta 50 centímetros de ancho”, sostiene Balliano.

“La casa vieja tenía muros de 30, a lo que se sumó la piedra de 25 centímetros, mientras que la parte nueva hicimos muro de 18 más la piedra”, agrega Palacios.

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Finalmente, la casa se concretó en piedra, combinada con estructuras metálicas estilo industrial, hormigón visto y vidrio, como envolvente liviana.

“Otro de los requisitos es que les gustaba que el parque no quedara afuera, por lo que hicimos unos maceteros en chapa fundida que incrustamos en la misma pared para que de ahí luego nacieran helechos y cactus que caen sobre el muro”, cuenta Balliano, para agregar: “Quedamos muy conformes con el resultado, porque quedó una obra muy particular para un cliente muy particular”.

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La mano de obra, clave

La “tercera pata” que jugó un rol preponderante en la concreción de la obra estuvo representada por la mano de obra que ejecutó el proyecto.

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Los arquitectos destacan la labor de los albañiles, quienes debieron atender otra solicitud del cliente: que no se vieran las juntas en los muros de piedra, por lo que había que elegir las piezas de mayor tamaño, una por una, y usar pequeñas piedras a modo de traba.

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“El albañil jugó un rol clave, porque propuso la forma de colocar las piedras a plomo y realmente lo resolvió muy bien”, cuenta Balliano.

Y sobre ello, Palacios añade: “Las manos del albañil terminan definiendo el proyecto. Puede potenciarlo o puede tirártelo abajo, por eso tiene que ser un albañil particular, para el proyecto de un cliente particular y nosotros, a la vez, también estar abiertos a esas particularidades”.

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Ambos profesionales se mostraron realizados con el desarrollo del proyecto sobre el cual ya ejecutaron una piscina y está prevista la concreción de otros espacios más, todo bajo el mismo concepto y con la piedra como protagonista.

Por último, coinciden en que, como socios del estudio, representa uno de los mejores productos alcanzados en lo que va de su trayectoria en la ciudad.

Por Javier Borghi