En la mañana de ayer, y durante dos horas y media, se vivió en los Tribunales riocuartenses un nuevo capítulo en la zaga de intentos que viene desplegando la defensa de Marcelo Macarrón con un objetivo claro: eyectar de la causa Dalmasso al fiscal que acusó al viudo de homicidio agravado por el vínculo.
Con los mismos argumentos que oportunamente el juez de Control Daniel Muñoz diera por tierra, los abogados Marcelo Brito y Gustavo Liebau insistieron en un informe “in voce” -una exposición oral- con el apartamiento de Daniel Miralles.
El que llevó la voz cantante de la apelación que deberán resolver los jueces de la Cámara Segunda Andruet, Bianchi y González Castellanos, fue el histriónico Brito, que en su primer alegato se opuso a la decisión del fiscal de Cámara Jorge Medina de mantener a Miralles en la emblemática causa y al fallo del juez de Control que lo convalidó.
Una vez más, Brito dijo que Medina se apartó de lo que marca la ley y no debió tomarse la atribución de rechazarle el pedido de inhibición a Miralles. En el mismo tramo, criticó la postura de Muñoz y sostuvo que al no tener fundamentos el juez buscó una vía tangencial para rechazar el pedido de la defensa y así no verse obligado a pagar “el precio social” de tener que sacar a Miralles.
Precisamente, en ese aspecto se concentró la alocución de Brito: en la presunta influencia que los medios de comunicación -y en particular este diario- tenían sobre los funcionarios que deciden en la causa Dalmasso. “El proceso mediático se está fagocitando el proceso judicial”, dijo, y completando su particular visión aseguró que “el gran negocio de la prensa es tener a Macarrón en el banquillo”.
Tras un breve cuarto intermedio, Brito volvió a la carga. En el segundo alegato, buscó torcer otro fallo del juez de Control, el que rechazó el primer pedido de recusación de Miralles.
Sin despegarse de su estilo entre pedagógico y teatral, buscó convencer a los magistrados de que el fiscal Daniel Miralles había adelantado opinión en la conferencia de prensa que ofreció cuando llegó el estudio de ADN de Miguel Rohrer.
Lo que puso sobre alerta a la dupla defensora fue el dato periodístico de que -tras la feria judicial- la causa Dalmasso se encaminaría hacia un juicio, con el traumatólogo como único imputado.
No hacía falta ser un experto para llegar a esa conclusión, pues a poco que Miralles tomara la causa Dalmasso imputó al viudo y se fijó una serie de actos probatorios antes de tomar una resolución. Esos actos concluían con el ahora demorado estudio de 3D de la Policía Judicial.
Lo concreto es que frente a la perspectiva de un inminente juicio, Brito y Cía trataron de valerse de las publicaciones de la prensa para atribuirle a Miralles un adelanto de opinión y pedir su apartamiento.
Ayer, Brito fue en la misma sintonía y hasta les marcó la cancha a los jueces pidiéndoles que resuelvan estos dos planteos de apelación recién después de que el juez Muñoz se expida sobre la segunda recusación que presentaron al filo de la feria judicial.
En esa ocasión, los defensores argumentaron que las marchas y contramarchas de Miralles -su propuesta de inhibirse y finalmente la aceptación de seguir en la causa- le hacen temer al imputado que no se manejará con objetividad e imparcialidad.
Sobre ese punto, Brito no se privó de la ironía. “Pasaron más de 20 días y parece raro que el mismo juez que se caracteriza por resolver con celeridad se esté tomando tanto tiempo”.
Si Muñoz rechaza la recusación, la pelota caerá en el campo de la Cámara y serán los 3 jueces los que tendrán la última palabra en la compleja maraña judicial que tejió la defensa. Si, como se rumorea desde hace semanas, el juez de Control se inclina por dar curso al pedido, Brito y Cía habrán logrado por fin desembarazarse del fiscal que, desde que asumió la causa, colocó al viudo en el centro de todas las sospechas.
El que llevó la voz cantante de la apelación que deberán resolver los jueces de la Cámara Segunda Andruet, Bianchi y González Castellanos, fue el histriónico Brito, que en su primer alegato se opuso a la decisión del fiscal de Cámara Jorge Medina de mantener a Miralles en la emblemática causa y al fallo del juez de Control que lo convalidó.
Una vez más, Brito dijo que Medina se apartó de lo que marca la ley y no debió tomarse la atribución de rechazarle el pedido de inhibición a Miralles. En el mismo tramo, criticó la postura de Muñoz y sostuvo que al no tener fundamentos el juez buscó una vía tangencial para rechazar el pedido de la defensa y así no verse obligado a pagar “el precio social” de tener que sacar a Miralles.
Precisamente, en ese aspecto se concentró la alocución de Brito: en la presunta influencia que los medios de comunicación -y en particular este diario- tenían sobre los funcionarios que deciden en la causa Dalmasso. “El proceso mediático se está fagocitando el proceso judicial”, dijo, y completando su particular visión aseguró que “el gran negocio de la prensa es tener a Macarrón en el banquillo”.
Tras un breve cuarto intermedio, Brito volvió a la carga. En el segundo alegato, buscó torcer otro fallo del juez de Control, el que rechazó el primer pedido de recusación de Miralles.
Sin despegarse de su estilo entre pedagógico y teatral, buscó convencer a los magistrados de que el fiscal Daniel Miralles había adelantado opinión en la conferencia de prensa que ofreció cuando llegó el estudio de ADN de Miguel Rohrer.
Lo que puso sobre alerta a la dupla defensora fue el dato periodístico de que -tras la feria judicial- la causa Dalmasso se encaminaría hacia un juicio, con el traumatólogo como único imputado.
No hacía falta ser un experto para llegar a esa conclusión, pues a poco que Miralles tomara la causa Dalmasso imputó al viudo y se fijó una serie de actos probatorios antes de tomar una resolución. Esos actos concluían con el ahora demorado estudio de 3D de la Policía Judicial.
Lo concreto es que frente a la perspectiva de un inminente juicio, Brito y Cía trataron de valerse de las publicaciones de la prensa para atribuirle a Miralles un adelanto de opinión y pedir su apartamiento.
Ayer, Brito fue en la misma sintonía y hasta les marcó la cancha a los jueces pidiéndoles que resuelvan estos dos planteos de apelación recién después de que el juez Muñoz se expida sobre la segunda recusación que presentaron al filo de la feria judicial.
En esa ocasión, los defensores argumentaron que las marchas y contramarchas de Miralles -su propuesta de inhibirse y finalmente la aceptación de seguir en la causa- le hacen temer al imputado que no se manejará con objetividad e imparcialidad.
Sobre ese punto, Brito no se privó de la ironía. “Pasaron más de 20 días y parece raro que el mismo juez que se caracteriza por resolver con celeridad se esté tomando tanto tiempo”.
Si Muñoz rechaza la recusación, la pelota caerá en el campo de la Cámara y serán los 3 jueces los que tendrán la última palabra en la compleja maraña judicial que tejió la defensa. Si, como se rumorea desde hace semanas, el juez de Control se inclina por dar curso al pedido, Brito y Cía habrán logrado por fin desembarazarse del fiscal que, desde que asumió la causa, colocó al viudo en el centro de todas las sospechas.

