Río Cuarto | Caso-Dalmasso

El caso Nora: doce años de soledad

El aniversario del asesinato de Nora Dalmasso llegó con un giro en la acusación. El viudo ahora quedó señalado como presunto instigador. Pizarro no descartó otras imputaciones por el móvil económico
 
La causa judicial más emblemática de la provincia -la que busca dilucidar el crimen de Nora Dalmasso- se movió desde el comienzo con la dinámica espasmódica y errática de quien da palazos a ciegas en el aire.

Esta vez, el manotazo lo lanzó el enésimo fiscal que tiene la causa, Luis Pizarro, e hizo estallar en mil pedazos la “ventana horaria” y el viaje relámpago del viudo Marcelo Macarrón, desde Punta del Este a Río Cuarto. 

En sintonía con lo que venía propiciando la defensa del único imputado, a través del tándem Brito-Libeau, Pizarro se bajó definitivamente de esa hipótesis el martes 20 de noviembre: para el fiscal, Marcelo Macarrón ya no está sospechado de ser el autor material del homicidio de su esposa.

Aunque sigue en el centro de la escena -ahora se lo imputó por haber encargado el crimen de Nora-, la situación del traumatólogo es menos comprometedora y la posibilidad de un juicio, por lo menos, incierta.

Volantazo al final del camino

No fue casual que un puñado de días antes del aniversario número doce el enésimo fiscal del caso rompiera el mutismo de un año. "La hipótesis que se ajusta a la prueba en la causa es que el señor Macarrón habría mandado a matar a la señora Dalmasso", dijo el hombre de la barba candado, mientras relojeaba un anotador,  para evitar decir una coma más de lo que tenía previsto.

En el contacto con la prensa explicó que al viudo Marcelo Macarrón lo imputaban del crimen por encargo de su esposa por dos razones: “por las desavenencias matrimoniales y por la cuestión económica que subyace".

Así, de un plumazo, el quinto fiscal que instruyó una causa kilométrica desmontaba el andamiaje que había armado su antecesor Daniel Miralles apoyado en una prueba crucial: la presencia del ADN del acusado en la escena del crimen.

El día que Macarrón volvió a surcar la escalera de Tribunales con un saco azul y camisa al tono, la Fiscalía dio a conocer el cambio de calificación legal. Ahora, se lo acusa de homicidio calificado por el vínculo y por precio o promesa remunerativa. Es decir que se le atribuye a Marcelo Macarrón ser el instigador del crimen. La escala penal es la misma que el delito que se le imputaba antes: prisión perpetua. Pero el nuevo estatus legal le cambia el precio a una prueba que hasta ayer tenía un valor incalculable.

La letra chica de la imputación sólo la tienen, por ahora, el propio Pizarro y los defensores. ¿Estará en ese escrito la explicación de por qué se prescinde de la prueba más vigorosa de la causa?

La presencia del ADN del viudo en la habitación de la coqueta casa de la calle 5 de Villa Golf donde Nora yacía ahorcada fue determinante para que Macarrón quedara en el centro de todas las sospechas. “Eso sólo basta y sobra para enviar a juicio a alguien”, precisó -y aún hoy sostiene- un experimentado funcionario del Palacio de Justicia. 

En septiembre de 2017, cuando la causa estuvo más cerca que nunca de ser enviada a un tribunal con jurados populares, Brito olfateó el riesgo y se valió de lo único que tenía a mano -las publicaciones de la prensa que lógicamente reflejaban lo que se caía de maduro- para eyectar al fiscal Miralles.

Lo hizo con la anuencia de los jueces de la Cámara Segunda del Crimen, Emilio Andruet, Pablo Bianchi y Carlos Gonzalez Castellanos, quienes concluyeron que Miralles había anticipado lo que iba a decidir, por lo tanto debía abandonar la investigación.

Antes de que eso sucediera, el propio Miralles hizo un inesperado aporte a la defensa del viudo. Ofreció a su superior apartarse de la investigación con el pretexto de que se sentía violentado por las agresiones verbales que el verborrágico letrado cordobés había vertido en los medios. A las pocas horas, cuando advirtió su error, ya era tarde: había sellado su suerte.

Ahora, los vientos soplan en dirección del móvil económico y podría haber nuevos imputados. Advertido de la nueva dirección de la causa, el 1° de noviembre el exvocero de la familia Macarrón, Daniel Lacase, hizo un pedido de mantenimiento de libertad y solicitó al fiscal tener participación de la causa. Pizarro no le otorgó la chance de ver el expediente y, respecto a su pedido de libertad, se limitó a responder que tomó nota, sin expedirse.

¿Qué sabía Nora? ¿Por qué había que callarla? ¿Qué secreto se llevó a la tumba junto con la identidad del asesino? La lista de preguntas podría incluir unas cuántas más, sólo agregaremos una: ¿por qué ahora se le da real trascendencia a una sospecha que estuvo instalada en los albores del caso?

Desde aquella madrugada infame, desde aquel ya lejano noviembre de 2006, el crimen de Nora Dalmasso quedó asociado al poder y a los intereses económicos. ¿Qué nuevo dato surgió ahora para dar un volantazo y volver al punto de partida? Con semejante mar de fondo, la ausencia de una voz y un rostro que rompan con la abulia de la investigación y que exijan Justicia a grito pelado, otorga una ventaja considerable a quienes pudieran haber estado detrás de la muerte de Nora.

De bajísimo perfil, la madre de la víctima, Nené Grassi de Dalmasso -una mujer de 87 años quebrada por el peor dolor-, sólo tuvo fugaces apariciones públicas. La última y más extensa la concedió a este periodista el año pasado.

“Que sea lo que Dios quiera, a mi hija no me la van a devolver. Llevo  años luchando y pensando quién fue. Si es o no es, no lo sé”, expresó en alusión a su yerno. 

Ese 3 de septiembre de 2017, en un comedor rodeado de portarretratos de su hija, Nené le puso palabras a un pensamiento recurrente: “Yo digo que ojalá no haya sido Marcelo, porque me parecería una cosa horrorosa para mí. Yo no puedo decir que mi yerno fue o no fue. Por eso estoy como estoy”.

Doce años después, la violenta muerte de Nora Dalmasso sigue esperando justicia. En su nombre no existe, siquiera, un abogado querellante que golpee la puerta de los despachos, que siga con ojos críticos los movimientos de los fiscales, que acerque pruebas, que ayude a separar el dato valioso del que sólo busca embarrar la cancha.

Demasiado sola, así transitó la memoria de Nora Dalmasso estos doce años de incertidumbre.

Alejandro Fara

Redacción Puntal