La heroica historia del capitán riocuartense que dio su vida para salvar a sus soldados en Malvinas
Buscando poner en resguardo a la tropa, fue impactado por un misil en Puerto Argentino. Pero antes de partir, pidió que sus restos descansaran junto a los de su hijo. Éstos serán trasladados en diciembre.
Eran las 23.30 del 29 de mayo de 1982 y María Cristina Scavarda hacía dormir a sus hijos en el Palomar, Buenos Aires. En ese momento se le presentó la imagen de Luis Darío José, su esposo. Pero le pareció extraño que tuviera la mitad de su cabeza como en una nube. A esa misma hora, el primer teniente Castagnari moría por el impacto de un misil en plena guerra por las Islas Malvinas.
Efectivamente, mientras el militar riocuartense se desplazaba durante esa noche al frente de un pelotón del Grupo de Operaciones Especiales (GOE), el cual se veía amenazado por el continuo cañoneo naval, un misil estallaba en Puerto Argentino y terminaba así con su vida.
Para María Cristina, la aparición de la imagen de su marido fue algo así como una despedida de él.
Castagnari había pedido ir a la guerra de Malvinas. Por su carácter enérgico e hiperactivo, sus camaradas le decían “Furia”.
Pero antes de partir le pidió a su esposa que, si llegaba a morir en combate, sus restos fueran sepultados junto a los de su primer hijo, Gustavo, quien falleció de cáncer a los 3 años.
“Me hizo recordar la mirada de Gustavito antes de irse. La de él también fue una mirada de despedida”, dijo la viuda a PUNTAL, con los ojos humedecidos por la emoción, al evocar ese momento.
Y añadió: “Él siempre me decía que cuando le tocara morir lo quería hacer defendiendo a la Patria”.
María Cristina siempre creyó que su esposo iba a volver de Malvinas. Pero el destino quiso otra cosa.
“Si no vuelvo quiero que traigas mi cuerpo y me entierres junto a Gustavito”, le dijo él como si fuera una premonición. Y ella le prometió que sí.
El proyecto de vida de Luis Darío José y María Cristina quedó trunco. Y hubo que volver a empezar.
La de ellos dos es una historia de amor. Se conocieron mientras viajaban en un ómnibus de larga distancia y se enamoraron a primera vista.
Se casaron en 1973 y tuvieron cinco hijos: Gustavo, Martín, Guillermo, Walter y Roxana. Pero Gustavo, a quien habían apodado “Pirinchito”, murió el 7 de enero de 1978 de una enfermedad terminal. “Fue un angelito que nos mandó el Cielo”, recuerda María Cristina.
*****
Hijo de don Armando y doña Alejandra, Castagnari nació el 19 de marzo de 1949 en General Cabrera. Era rubio, de ojos celestes y de sonrisa entradora.
Pasó sus primeros días en el campo de sus abuelos maternos, pegadito a Carnerillo, y luego su familia se tuvo que ir a vivir a Bariloche porque su padre era suboficial del Ejército y lo habían trasladado allí.
Con los años, los Castagnari se radicaron en Río Cuarto. Fue hasta tercer grado a la escuela 21 de Julio y luego terminó el primario e hizo el secundario en el colegio San Buenaventura.
Ya de adolescente sentía vocación militar. Por ejemplo, siempre estaba dispuesto a participar de cuanto desfile se hacía en la ciudad.
Tras terminar el secundario, se presentó en la Escuela de Aviación Militar con asiento en Córdoba pero no logró su objetivo. Después se incorporó a la Armada pero se dio cuenta de que no era lo suyo. Él quería ser piloto.
Insistente, probó otra vez en la Aviación y pudo ingresar. En 1972, egresó con el grado de alférez. Era muy querido por sus pares.
En tanto, en Río Cuarto logró cumplir otro de sus sueños: ser paracaidista. En el Aeroclub Río Cuarto se graduó de paracaidista civil y a partir de entonces empezó una brillante carrera desde las alturas.
En efecto, en 1981, Castagnari fue trasladado a la Base Aérea Militar de Río Gallegos, donde a pesar de los fuertes vientos realizaba saltos con caídas libres de gran altura.
Sin embargo, frente a tantos desafíos en su carrera militar, había uno que lo obsesionaba: ir a Malvinas.
*****
Ya en 1982 Castagnari, quien pertenecía al GOE, consiguió la autorización para embarcarse a Malvinas el día 2 de abril de ese año. Llegó en el primer Hércules C-130 que aterrizó en la pista malvinense.
Estando allí, solicitó permanecer en las islas, pese a la orden de replegarse con los prisioneros ingleses. Y así fue: en medio de los bombardeos ingleses, tanto aéreos como navales, Castagnari permaneció allí.
La estrategia consistía en hacer pequeños desplazamientos en los intervalos que existían entre los impactos de los proyectiles.
¿Pero qué ocurrió en la fatídica noche del 29 de mayo de 1982?
Mientras Castagnari buscaba poner a resguardo a su gente, un helicóptero Sea King disparó un misil antirradar Shrike AGM-45 dirigido a la antena del puesto de comando.
En ese momento, la radio con la que se comunicaba el riocuartense interfirió la señal del misil y lo desvió directamente hacia la zona donde se encontraba Castagnari, impactando a unos veinte metros de él y causándole la muerte.
“Esa noche, en la que vi la imagen de mi esposo, la nube estaba en el lugar en que había sido alcanzado en su cabeza tras el impacto del misil”, evoca María Cristina. Y añade: “A esa misma hora, mis hijos se despertaron llorando”.
*****
El primer teniente Castagnari fue ascendido a capitán (post mortem), recibiendo la Medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate” y la Cruz de “La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate” que fue otorgada por la Cámara de Senadores y la de Diputados por Ley 24.229, en reconocimiento a la actuación de los soldados en la llamada Guerra del Atlántico Sur.
También fue declarado “Héroe Nacional” por el Congreso de la Nación, mediante la Ley 24.950.
En el 2015, junto a sus hijos Martín y Guillermo, María Cristina pisó por segunda vez territorio malvinense sin haber podido cumplir la promesa de traer los restos de su marido a Río Cuarto.
“Me aferré a la cruz y lloré”, comentó María Cristina a PUNTAL. Y agregó: “Pero le dije que me tuviera paciencia, que iba a cumplir con lo que me había pedido”.
El proceso no fue fácil y llevó su tiempo. Fue el resultado de un trabajo conjunto entre el gobierno de las Islas Malvinas, el del Reino Unido y el de la Argentina, junto con la familia del militar.
“Empecé a hacer gestiones con la Fuerza Aérea, luego con la embajada británica y posteriormente con el gobierno nacional”, dijo.
Y acotó: “Iniciamos conversaciones con el secretario (Claudio) Avruj, quien con el tiempo me comunicó que los restos podrán estar entre la primera y segunda semana de diciembre”.
“Fue cuando le dije que me gustaría que en lo posible fuera en la primera semana porque cumplo años el 8 de diciembre. Va a ser el mejor regalo que haya recibido”, afirmó la viuda del capitán riocuartense, embargada por la emoción.
Ahora los restos de Castagnari volverán a Río Cuarto en la primera semana de diciembre próximo para ser cremados.
Descansarán en paz junto a los de su hijo, Gustavito, en la parroquia Sagrados Corazones, la misma iglesia en la que se casaron Cristina y Darío. En vísperas de la Navidad, se cumplirá así su voluntad.
Marcelo Irastorza
mirastorza@puntal.com.ar
Efectivamente, mientras el militar riocuartense se desplazaba durante esa noche al frente de un pelotón del Grupo de Operaciones Especiales (GOE), el cual se veía amenazado por el continuo cañoneo naval, un misil estallaba en Puerto Argentino y terminaba así con su vida.
Para María Cristina, la aparición de la imagen de su marido fue algo así como una despedida de él.
Castagnari había pedido ir a la guerra de Malvinas. Por su carácter enérgico e hiperactivo, sus camaradas le decían “Furia”.
Pero antes de partir le pidió a su esposa que, si llegaba a morir en combate, sus restos fueran sepultados junto a los de su primer hijo, Gustavo, quien falleció de cáncer a los 3 años.
“Me hizo recordar la mirada de Gustavito antes de irse. La de él también fue una mirada de despedida”, dijo la viuda a PUNTAL, con los ojos humedecidos por la emoción, al evocar ese momento.
Y añadió: “Él siempre me decía que cuando le tocara morir lo quería hacer defendiendo a la Patria”.
María Cristina siempre creyó que su esposo iba a volver de Malvinas. Pero el destino quiso otra cosa.
“Si no vuelvo quiero que traigas mi cuerpo y me entierres junto a Gustavito”, le dijo él como si fuera una premonición. Y ella le prometió que sí.
El proyecto de vida de Luis Darío José y María Cristina quedó trunco. Y hubo que volver a empezar.
La de ellos dos es una historia de amor. Se conocieron mientras viajaban en un ómnibus de larga distancia y se enamoraron a primera vista.
Se casaron en 1973 y tuvieron cinco hijos: Gustavo, Martín, Guillermo, Walter y Roxana. Pero Gustavo, a quien habían apodado “Pirinchito”, murió el 7 de enero de 1978 de una enfermedad terminal. “Fue un angelito que nos mandó el Cielo”, recuerda María Cristina.
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Hijo de don Armando y doña Alejandra, Castagnari nació el 19 de marzo de 1949 en General Cabrera. Era rubio, de ojos celestes y de sonrisa entradora.
Pasó sus primeros días en el campo de sus abuelos maternos, pegadito a Carnerillo, y luego su familia se tuvo que ir a vivir a Bariloche porque su padre era suboficial del Ejército y lo habían trasladado allí.
Con los años, los Castagnari se radicaron en Río Cuarto. Fue hasta tercer grado a la escuela 21 de Julio y luego terminó el primario e hizo el secundario en el colegio San Buenaventura.
Ya de adolescente sentía vocación militar. Por ejemplo, siempre estaba dispuesto a participar de cuanto desfile se hacía en la ciudad.
Tras terminar el secundario, se presentó en la Escuela de Aviación Militar con asiento en Córdoba pero no logró su objetivo. Después se incorporó a la Armada pero se dio cuenta de que no era lo suyo. Él quería ser piloto.
Insistente, probó otra vez en la Aviación y pudo ingresar. En 1972, egresó con el grado de alférez. Era muy querido por sus pares.
En tanto, en Río Cuarto logró cumplir otro de sus sueños: ser paracaidista. En el Aeroclub Río Cuarto se graduó de paracaidista civil y a partir de entonces empezó una brillante carrera desde las alturas.
En efecto, en 1981, Castagnari fue trasladado a la Base Aérea Militar de Río Gallegos, donde a pesar de los fuertes vientos realizaba saltos con caídas libres de gran altura.
Sin embargo, frente a tantos desafíos en su carrera militar, había uno que lo obsesionaba: ir a Malvinas.
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Ya en 1982 Castagnari, quien pertenecía al GOE, consiguió la autorización para embarcarse a Malvinas el día 2 de abril de ese año. Llegó en el primer Hércules C-130 que aterrizó en la pista malvinense.
Estando allí, solicitó permanecer en las islas, pese a la orden de replegarse con los prisioneros ingleses. Y así fue: en medio de los bombardeos ingleses, tanto aéreos como navales, Castagnari permaneció allí.
La estrategia consistía en hacer pequeños desplazamientos en los intervalos que existían entre los impactos de los proyectiles.
¿Pero qué ocurrió en la fatídica noche del 29 de mayo de 1982?
Mientras Castagnari buscaba poner a resguardo a su gente, un helicóptero Sea King disparó un misil antirradar Shrike AGM-45 dirigido a la antena del puesto de comando.
En ese momento, la radio con la que se comunicaba el riocuartense interfirió la señal del misil y lo desvió directamente hacia la zona donde se encontraba Castagnari, impactando a unos veinte metros de él y causándole la muerte.
“Esa noche, en la que vi la imagen de mi esposo, la nube estaba en el lugar en que había sido alcanzado en su cabeza tras el impacto del misil”, evoca María Cristina. Y añade: “A esa misma hora, mis hijos se despertaron llorando”.
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El primer teniente Castagnari fue ascendido a capitán (post mortem), recibiendo la Medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate” y la Cruz de “La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate” que fue otorgada por la Cámara de Senadores y la de Diputados por Ley 24.229, en reconocimiento a la actuación de los soldados en la llamada Guerra del Atlántico Sur.
También fue declarado “Héroe Nacional” por el Congreso de la Nación, mediante la Ley 24.950.
En el 2015, junto a sus hijos Martín y Guillermo, María Cristina pisó por segunda vez territorio malvinense sin haber podido cumplir la promesa de traer los restos de su marido a Río Cuarto.
“Me aferré a la cruz y lloré”, comentó María Cristina a PUNTAL. Y agregó: “Pero le dije que me tuviera paciencia, que iba a cumplir con lo que me había pedido”.
El proceso no fue fácil y llevó su tiempo. Fue el resultado de un trabajo conjunto entre el gobierno de las Islas Malvinas, el del Reino Unido y el de la Argentina, junto con la familia del militar.
“Empecé a hacer gestiones con la Fuerza Aérea, luego con la embajada británica y posteriormente con el gobierno nacional”, dijo.
Y acotó: “Iniciamos conversaciones con el secretario (Claudio) Avruj, quien con el tiempo me comunicó que los restos podrán estar entre la primera y segunda semana de diciembre”.
“Fue cuando le dije que me gustaría que en lo posible fuera en la primera semana porque cumplo años el 8 de diciembre. Va a ser el mejor regalo que haya recibido”, afirmó la viuda del capitán riocuartense, embargada por la emoción.
Ahora los restos de Castagnari volverán a Río Cuarto en la primera semana de diciembre próximo para ser cremados.
Descansarán en paz junto a los de su hijo, Gustavito, en la parroquia Sagrados Corazones, la misma iglesia en la que se casaron Cristina y Darío. En vísperas de la Navidad, se cumplirá así su voluntad.
Marcelo Irastorza
mirastorza@puntal.com.ar