El Centro de Bioquímicos de Río Cuarto se creó en 1954, depende del Colegio provincial y es el único instituido como centro del interior provincial, representa a todo el sur abarcando los departamentos Gral. Roca, Juárez Celman, Río Cuarto y Roque Sáenz Peña, además nuclea a 178 profesionales afiliados de toda la zona y unos 50 laboratorios.
Es una entidad sin fines de lucro con una comisión directiva formada por el presidente, el vicepresidente, los vocales y una junta fiscalizadora más tesorero, todos prestando servicios ad honorem, realizan y fomentan la actividad gremial colaboran con todos los laboratorios en lo profesional y en el asesoramiento ético, gestionan convenios con prepagas, obras sociales y mutuales entre otros beneficios.
Marcelo Alanis es el presidente del colegio desde julio de 2021. Cuenta que estuvo 4 años en la comisión directiva como vocal, ahí llegó por una convocatoria de la comisión anterior ante un puesto vacante. “Me llamaron a participar, fue algo nuevo para mí, no tenía idea de cuánto trabajan. Una vez que cumplo con la función de vocal, llega el momento de renovar autoridades y armamos una lista donde yo iba como presidente y quede desde julio de este año, somos varias personas dentro de la comisión directiva además del personal administrativo, sin ellos no podríamos hacer muchas de las cosas que hacemos”.
Marcelo Alanis estudió Técnico en Laboratorio en la UNRC; estudiando, a los 18 años, comenzó a trabajar en una de las primeras ediciones del Plan Primer Paso y lo hizo en el Instituto Médico Río Cuarto, una vez recibido se fue a estudiar bioquímico a San Luis. Allí trabajo 8 años ya recibido. Luego volvió a Río Cuarto.
¿Qué cosas te atraen de la bioquímica?
-Siempre me gustaron las ciencias del arte de curar, estaba entre medicina y técnico en laboratorio y me incliné por esta última porque siempre tuve mucha curiosidad de lo que significaba trabajar en un laboratorio. Hasta el día de hoy no sabes qué pasa con tu tubo de sangre, por eso pensamos este laboratorio con todo a la vista para que se vea. También me gusta mucho la investigación trabajé en ese ámbito durante algunos años. Siempre estuve dentro de un laboratorio ligado a la internación de alguna institución de la salud, eso me gustó mucho, el trato con el paciente y poder ver que el resultado que obtenido es mucho de lo que hablas con el paciente, creo que eso es lo que no tenemos que perder en la bioquímica, el contacto con el paciente.
La dinámica es distinta entre laboratorio privado y otro que trabaja para internación.
-Totalmente. El paciente que viene a hacerse un análisis de rutina difiere del paciente que ves en la terapia o ves en internación, personalmente y profesionalmente aprendes mucho más. En muchas instituciones, al bioquímico le permiten formar parte de las conferencias o hacer el recorrido de habitaciones, ahí te vas nutriendo y te das cuenta que tu examen, tu laboratorio es parte del diagnóstico del paciente.
¿Cómo es la logística del tubito de sangre?
-El paciente llega con una orden, es atendido en secretaría y en espera se le hace la extracción de sangre, algo que muchos pacientes tiene temor, una vez que se toma la muestra ingresa al laboratorio y cada muestra lleva un diferente análisis, algunas se analizan en el mismo tubo y otras se llevan a centrifugación o a separación del plasma o del suero y se hace el análisis físico y químico, lo mismo con las muestras de orina. El proceso por el que pasa la muestra es pre analítico, analítico y pos analítico, los tres son de alta relevancia, pero siempre hacemos mucho hincapié en la etapa pre analítica, porque cualquier error que pueda suceder es en esa instancia. Lo tubos van rotulados con código de barras que asocian código con paciente.
¿Hay nuevas maneras de analizar muestras?
-Cuando empecé la mayoría de las técnicas eran manuales y te llevaban horas de preparación de reactivos. Hoy los equipos hacen prácticamente todo, lo que el profesional tiene que tener es la capacidad de analizar el resultado que te da el equipo, conocer el tipo de análisis, saber si es un valor correcto, que se corresponde con ese tipo de anamnesis, que el interrogatorio previo al paciente. Hay avances tremendos y ahora con la virtualidad y la digitalización de muchos procesos, se logra que las muestras entren a los equipos con código de barras, y el equipo larga un resultado, yo lo valido y vos lo ves en tu celular.
¿Cómo vivieron la pandemia desde tu especialidad?
-Fue una incertidumbre, no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar, nunca pensamos que íbamos a trabajar lo que trabajamos. Personalmente, fue impactante cuando veíamos que el virus estaba en Europa, creíamos que no iba a llegar, y después cuando llegó tomábamos muestras y hacíamos hisopados con el 40% a 50% de las muestras positivas. Estábamos desconcertados. Ahí el trabajo del bioquímico fue más que esencial, cuando se hablaba de personas esenciales para la pandemia nunca se hablaba del bioquímico, cuando realmente éramos el eslabón principal porque sin hacer ese análisis el médico no tenía es información. Tuvimos que capacitarnos y adecuar el laboratorio para poder seguir trabajando, se hicieron muchos cambios desde edilicios hasta intelectuales, todo sobre la base de prueba y error, pero sirvió para crecer en muchos aspectos.
También el paciente estaba capacitado
-Absolutamente, el paciente te pregunta por qué el pcr, por qué anticuerpo, por qué test de antígeno, un paciente que a veces había leído y te hacia pregunta y tenés que responder. Y esto colaboró mucho con la digitalización, cosas que a veces veíamos en otros países, escanear órdenes, resultados, tele-consultas, todo eso llego para quedarse.
Y además de esa digitalización, ¿hay cosas que cambiaron para siempre?
-Yo creo que seguiremos con los kit covid que ya no tiene que ser considerados un kit sino un elemento más de bioseguridad. Si analizamos la cantidad de gripe que se evitó estos años, creo que la máscara, el lavado de manos y el barbijo se seguirán siendo usando en el personal de salud. Hoy se los usa en la terapia covid y en la terapia común porque te previene de muchas otras cosas. Creo que quedará implementado para siempre en el personal de salud a la hora de trabajar.
Se dijo mucho sobre el origen del covid, ¿puede un virus ‘escaparse’ de un laboratorio?
-Cuando se trabajan con muestras que son de alta capacidad infeccionas hay que hacerlo dentro de las campanas de foco laminar, es prácticamente imposible que una muestra se escape si trabajas con todas las medidas de seguridad tanto con esa campana o con ozono y luz ultravioleta. Es muy difícil que haya sido un accidente, pueden ocurrir que se te cae un tubo y se derrama una muestra, el hisopado va dentro de un líquido que inhibe la capacidad infecciosa del virus, entonces por más que lo toques no se escapa. Todo está en investigación alrededor del covid, pero todos los laboratorios que trabajan para virología son de nivel 3, tiene normas de bioseguridad muy estrictas.
¿Es compleja la situación económica de los laboratorios?
-Ahora se normalizó bastante pero durante la pandemia fue muy complicado porque hubo mucho tiempo que no trabajaban muchos, si no trabajas no cobras y los gastos siguen, muchos insumos vienen de otras provincias. Había grandes instituciones que acaparaban casi la totalidad de los reactivos, bajaron las consultas de los pacientes lo que hacía que le médico dejara de pedir análisis, no solo de sangre sino también ecografía y cualquier otro tipo de estudios.
-La pandemia puso en evidencia muchas cosas como la falta de ética, el aprovecharse de la situación, querer ganar, aprovecharse de la desesperación de la gente, eso fue muy complicado también
Por último, ¿desafíos laborales?
-Cuando hice este laboratorio tuve la idea de tratar de procesar la mayoría de las muestras acá y que no nos pase lo que pasó en la pandemia que teníamos que mandar las muestras a otros laboratorios y no tener ni siquiera comisionista. Mi desafío es tener un laboratorio donde se puedan hacer todas las prácticas, logrando una red de laboratorios; ya estamos trabajando con mi socio de Venado Tuerto y lo que no se puede solucionar acá lo mandamos allá.
Por Fernanda Bireni

