Un relevamiento realizado por el Centro de Investigación en Neuropsicología Cognitiva de Nodos, juntamente con diferentes escuelas de la ciudad, dio cuenta de un alto porcentaje de jóvenes de nivel secundario que experimenta irritabilidad, impulsividad y tristeza, asociadas a posibles cuadros de depresión, en el marco de la cuarentena y con el modo en el que los adolescentes reaccionan a estas medidas psicológicamente. Además, la investigación encaró aspectos ligados a la dedicación a los estudios, y resultó que en un alto porcentaje, superior al 60% y en el 74% para los últimos años, se sienten desmotivados.
El trabajo del centro de investigación se hizo con el aporte de estudiantes de 5 establecimientos educativos de la ciudad y con jóvenes de entre 10 y 18 años. Dirigido por Juan Pablo Zorza y Valeria Morán, el estudio apuntó a “describir el estado emocional, las estrategias de afrontamiento y el compromiso académico de adolescentes escolarizados de la ciudad de Río Cuarto durante el aislamiento social”, y se trató de una iniciativa que surgió de la preocupación sobre las consecuencias psicológicas que se ha comprobado genera el cierre prolongado de las escuelas, el confinamiento en el hogar y el aislamiento social producto de la pandemia del Covid-19”, tal como indican en el informe final.
“Nuestra intención es dar a conocer a las escuelas cómo afrontan esta situación los estudiantes, y cómo esto puede afectar su salud, su motivación y su rendimiento escolar. El fin último es que, a partir de este conocimiento, se logren diseñar estrategias de intervención más eficaces que promuevan el bienestar emocional, tanto en los estudiantes como en toda la comunidad escolar”, indicaron los coordinadores del centro de investigación, que contemplaron tres variables: inestabilidad emocional; estrategias de afrontamiento y compromiso académico. “Para evaluar el impacto del aislamiento social, seleccionamos el grado de inestabilidad emocional de los estudiantes, que refiere a un rasgo de la personalidad que se relaciona con la disposición de experimentar emociones negativas, como pueden ser la ira, irritabilidad, ansiedad, frustración y depresión”, aseguraron los especialistas.
Sostienen que los números sobre inestabilidad emocional son preocupantes, porque “quienes posean cierto nivel de inestabilidad emocional pueden considerarse como personas lábiles emocionalmente y con reacciones intensas y persistentes a estímulos negativos y displacenteros”, indica el informe final.
En tanto, comentan que los niños y adolescentes que se contemplan en estos niveles pueden describirse como “ansiosos, vulnerables, tensos y culpables; presentan malhumor, baja tolerancia a la frustración e inseguridad en las relaciones con los demás y declaran síntomas de tensión física”.
En el estudio hay un considerable número de estudiantes que manifestaron, a través de las encuestas, rasgos que los incluyen en este grupo: “Entre un 7 a 28% presenta un cuadro compatible con la inestabilidad emocional; la mayor cantidad de estudiantes se evidencia en sexto año, en el que un 28% de los participantes posee altos niveles de inestabilidad emocional. En cuarto año, el 26% del estudiantado de este nivel se encuentra vivenciando la misma situación. No se observaron cursos, ya sea secundarios o primarios, que no reporten cierto grado de inestabilidad emocional”, alertaron los especialistas.
La tristeza
En este marco, la investigación reveló que durante el período del aislamiento social, el 22% de los estudiantes se ha enojado fácilmente en muchas oportunidades o casi todo el tiempo. “Otro dato de interés es el número de estudiantes que expresa haberse sentido de malhumor algunas veces, el cual ronda el 34% del total de la muestra”, dice el informe, que agrega: “Respecto a aquellas sensaciones vinculadas a preocupaciones o sentimientos de ansiedad que experimentan los estudiantes, se observa que existe un importante porcentaje del estudiantado (el 27 por ciento) que manifiesta haberse preocupado por cosas sin importancia, muchas veces o casi siempre durante el aislamiento social”.
La tristeza es una de las emociones más presentes en las respuestas de los jóvenes a lo largo de este estudio, y un 23% de ellos aseguró haber llorado fácilmente muchas veces o casi siempre durante el aislamiento (sumado a un 17% que dijo haber llorado a veces, completando un 40% que manifestó haberse expresado de este modo durante la cuarentena). “Por otro lado, el 17% del estudiantado manifiesta haberse sentido triste en el transcurso del confinamiento, muchas veces o casi siempre. Los datos siguen siendo positivos si se observa el porcentaje de estudiantes que casi nunca o muy pocas veces se ha ofendido fácilmente (63%)”, completa el trabajo.
Finalmente, entre los jóvenes el 65% se describió como impaciente ante algunas situaciones surgidas en el marco del aislamiento (con un 28% que aseguró serlo algunas veces y un 37% que dijo que lo era muchas veces o casi siempre). “Otro dato a considerar es la cantidad de estudiantes que declaran que casi siempre o muchas veces no pueden esperar y hacen las cosas que quieren rápidamente, el cual ronda el 27% del total de la muestra”, dice el estudio, y completa: “Más del 21% del estudiantado revela una frecuencia en el ítem ‘hacer las cosas apresuradamente’, muchas veces o siempre durante el confinamiento por Covid-19”.
Juan Pablo Zorza, director del centro y doctor en Psicología, indicó a Puntal que “son porcentajes habituales a situaciones de estrés muy alto como el que estamos viviendo, pero es importante destacar que hay un subgrupo que no solamente tiene estas conductas que corresponden a altos niveles de ansiedad o estados depresivos, que es el que más nos preocupa, porque ese conjunto de conductas es más estable y habla de una inestabilidad emocional, y que pueden cursar cuadros de depresión”, indicó y explicó que se da por características que tenían previamente, que en este contexto se incrementan, y que el contexto en el que viven no le han dado una contención emocional para transitar realidades como la actual. “Es algo que más se ve en los chicos de sexto año porque sus expectativas de vida y proyectos se vieron más truncados que en el resto, y se aumenta la incertidumbre, por lo que reciben más estrés del contexto”, completó el especialista.
Respecto a las estrategias de afrontamiento, entendidas como “esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para responder las demandas específicas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo”, desde el centro de investigación se preguntó a los niños y adolescentes sobre qué hacían para encarar esas emociones que surgían con el aislamiento. “Los resultados evidencian que en todos los niveles se hace un uso mayor de estrategias funcionales versus las disfuncionales, lo cual permitiría establecer, momentáneamente, un adecuado uso de estrategias para adaptarse y afrontar positivamente el confinamiento y la pandemia”, detalla el informe.
Un alto porcentaje apuntó a una “evitación cognitiva” y a la búsqueda de otro tipo de gratificaciones como la televisión o los videojuegos, con un número que llegó al 65%, al igual que la posibilidad de evadir esa situación conflictiva con la comida (respuesta que arrojó el 56% de los participantes). “Por otro lado, el 38% de los participantes expresó que ‘Deja el problema para otro momento y hace lo que le gusta’, como parte de una estrategia de evitación cognitiva”, completa el informe del centro de investigación. Sin embargo, también hay un uso importante de estrategias disfuncionales de paralización y descontrol emocional. Si bien entre el 65% y 70% de la población encuestada “no hace uso de las estrategias de quedarse paralizado, esperar un milagro, y golpear cosas o tirar todo por el aire, mientras que el 37% del estudiantado, a veces grita o insulta, el 32% se ‘pone como loco’, y otro 32%, a veces espera que el problema se arregle solo”.
Zorza considera, en este contexto, que es positivo el modo en el que los jóvenes intentan resolver la situación con estrategias funcionales: “Intentan resignificar la situación, ante la pandemia buscan darle el lado positivo y cambian objetivos que tenían; es lo que más han hecho los adolescentes y ha evitado que cayeran en la disfuncionalidad emocional. De hecho hay una relación positiva entre las estrategias adoptadas y la menor inestabilidad”, comentó el directivo de Nodos. En tanto, los que buscaron las salidas disfuncionales, que optan por estrategias de evasión o que les den gratificaciones inmediatas, “son funcionales a corto plazo pero a la larga afectan a la salud y las emociones”, comentó el especialista.
Desgano
Por último, desde el centro de investivación consideran que uno de los datos más contundentes tiene que ver con los bajos niveles de compromiso y motivación académica: “En promedio, un 51% de los estudiantes de todos los cursos tienen bajos niveles. Más del 49% de los estudiantes de primero, tercero y sexto años poseen niveles bajos de dedicación”, indican, y aseguran: “Es decir, no encuentran sentido en sus estudios, así como orgullo e identificación con lo que están estudiando. Del mismo modo, más del 50% de los estudiantes refieren no tener energía y entusiasmo para realizar las tareas escolares”.
Sobre este eje, están previstas para las próximas semanas, actividades entre los especialistas del centro de investigación y los establecimientos educativos con los que estuvieron trabajando en el relevamiento para avanzar en estrategias que sirvan para dar respuesta a ese desgano demostrado por los estudiantes en las encuestas.

