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De Freyre a toda Argentina: la historia de una cervecería artesanal que no para de crecer

Medalla, una cervecería del interior cordobés, que con el esfuerzo y la dedicación de sus socios, demostró que los sueños pueden hacerse realidad.

Por Mariano Migliazzo

En el límite con la provincia de Santa Fe, a 30km de la ciudad de San Francisco y a 240km de la ciudad de Córdoba, nos encontramos con el pintoresco y tranquilo pueblo de Freyre. Con menos de 10.000 habitantes, este es el hogar de una historia de perseverancia y amistad: Medalla, una cervecería artesanal que innova en el mercado cervecero.

Todo inició con un “loco rockero con alma eterna de niño”, su pasión por la cerveza era incomparable. Su nombre era Julio Bertotti y, en 2010, este soñador comenzó con su anhelado proyecto. En su camino, se encontró con “tres birreros” de personalidades únicas y complementarias. El primero, un ingeniero con un amor desmedido por los números y una devoción por la lectura que hacía casi imposible encontrarle un error de cálculo. El segundo, un inquieto relacionista público que, con astucia, detectaba oportunidades en cada esquina y tenía una habilidad innata para los números. El tercero, el más joven del grupo, era un moderno perfeccionista, obsesionado con los detalles y la prolijidad, siempre cauteloso y precavido al expresar su opinión. Sus nombres eran Nicolas Gilli (ingeniero químico) y los hermanos Martin y Joaquín Galaverna. Juntos, estos cuatro amigos, tenían un sueño… pero los sueños, ¿Sueños son? No, los sueños se pueden convertir en pura realidad, y estos cuatro apasionados por la cerveza lo hicieron posible.

Martín Galaverna, uno de los encargados de las ventas de Medalla, destaca la importancia de la unión entre los socios como clave fundamental del éxito de Medalla. Además, agrega que la perseverancia y la calidad, en un mercado tan competitivo, son pilares innegociables. “La unión de los socios es todo. A veces creo que, por separados, no hubiésemos podido lograrlo solos. La perseverancia y la calidad también, hacemos mucho hincapié en eso. Es un trabajo en equipo. Particularmente eso porque tuvimos un montón de adversidades para poder sobrevivir. Estamos haciendo cerveza en un lugar que no es turístico y compitiendo con empresas que tienen más de 100 años en el mercado. Si te pones a pensar todo, no haces nada. Esa perseverancia y la innovación con los estilos, y hacer cosas que no hacen otros, es clave para poder estar presentes”.

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Durante la pandemia, muchos emprendimientos debieron cerrar sus puertas por la situación económica y social que se vivía en el mundo. Paradójicamente, esta marcó un punto de inflexión crucial para la empresa de Freyre. Ante los desafíos del momento, la cervecera encontró oportunidades. Desde embotellar a mano hasta obtener un crédito para adquirir una enlatadora. Cada obstáculo, sin dudas, fue una oportunidad de crecimiento. “Aunque no parezca, nuestro momento clave fue la pandemia. Empezamos a salir con botellas porque teníamos un montón de cervezas y justo habíamos inaugurado un bar. Lo abrimos un jueves y el lunes lo tuvo le que cerrar. Empezamos a hacer delivery. Embotellábamos todo a mano. Todo muy casero y de a poco. Después conseguimos un crédito, junto a la provincia de Córdoba, y pudimos comprar una enlatadora. Con eso se nos abrieron un montón de puertas para expandirnos. Pudimos salir de la región y traspasar algunas fronteras

Con una capacidad de producción de 15,000 litros mensuales y una enlatadora capaz de procesar 1,600 latas por hora, Medalla expandió su oferta a seis tipos diferentes: Golden, Red Ipa, Stout, Honey, Scottish y Rock Ipa, todas con estilos distintivos. Sus coloridas latas, además de llamar la atención en las góndolas, diferenciándose de otras marcas, se convirtieron en objetos coleccionables. “Nosotros tenemos 6 estilos de latas diferentes. Son de colores y con diseños muy llamativos a la vista. Esa fue una de las principales estrategias que tuvimos. Cuando las ves en las góndolas con otras, llaman mucho más la atención

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A pesar de los momentos difíciles, la determinación y el espíritu emprendedor de Galaverna y su equipo nunca flaquearon. “Sabes que los momentos malos pueden pasar, ahí es cuando decís ‘para que me metí en esto’ pero bueno, está en el gen del emprendedor”, reflexiona y agrega, “el tema está en cómo los enfrentas, sin actuar impulsivamente”. Su consejo para otros emprendedores es claro: nunca hay un momento perfecto para empezar, solo la determinación de hacerlo con lo que cada uno tiene y buscar ayuda cuando sea necesario. “Nunca pero nunca es el momento para arrancar o tomar una decisión. Si queres esperar a tener tiempo, plata y experiencia, no se va a dar nunca en ese momento justo. Empezar con lo que tenés, dónde estás y buscar ayuda. Esa es la clave. Es muy importante para el emprendimiento como para uno. Buscar un apoyo emocional. De alguna manera, es saber pedir ayuda y dejarse ayudar por gente que sabe. A veces, lo mejor, es abrirse y confiar en los que saben hacer. Muchas veces nos autoboicoteamos. Hay que confiar en uno mismo”.

Crecimiento impulsado por el E-commerce

En este emocionante viaje, la tienda online jugó un papel fundamental para Medalla. Con una presencia en línea sólida y estratégica, la empresa logró romper distintas barreras geográficas y llegar a todo el país. Con una visión clara de expansión, los cuatro socios tienen como objetivo conquistar el Mercosur en el corto plazo. “El E-commerce nos permitió llegar a todo el país. La idea es expandirnos para afuera del país, el Mercosur es nuestra gran meta en el corto plazo”. Por otra parte, para el segundo semestre del año, tienen planeado empezar a enlatar productos de terceros como vermú o vino. Además, quieren lanzar su propio gin e incursionar en el enlatado de agua mineral y soda.