Opinión | Chile

La Argentina y Chile frente a la pandemia

Aun cuando la discusión sobre si la crisis por el Covid-19 está siendo mejor manejada en la Argentina o en Chile pueda presentar puntos de interés para comprender mejor las situaciones en las que se encuentran ambas naciones respecto de la problemática que hoy domina la agenda mundial, planea sobre ella la posibilidad de una politización que difícilmente resulte productiva a la hora de hacer frente al singular desafío que ambas partes -y el resto del planeta- tienen en común.

Luego de que el presidente Alberto Fernández utilizara, para destacar los logros de la estrategia desarrollada desde su administración frente a la pandemia de Covid-19, una comparación entre el desarrollo de la enfermedad en la Argentina y el que se viene registrando en Brasil y Chile, un informe al parecer encargado y avalado por el gobierno trasandino ha salido a luz como un intento de rebatir su punto de vista al respecto. Aun cuando la discusión emergente pueda presentar puntos de interés para comprender mejor las situaciones en las que se encuentran ambas naciones respecto de la problemática que hoy domina la agenda mundial, planea sobre ella la posibilidad de una politización que difícilmente resulte productiva a la hora de hacer frente al singular desafío que ambas partes -y el resto del planeta- tienen en común.

En principio, el hecho de que Chile presente un número significativamente mayor de contagios a pesar de tener una población mucho menor parece darle, entre otros números no tan notorios, la razón a Fernández. Pero en este punto el informe en cuestión ha respondido con un dato no menos cierto: el de que del otro lado de la cordillera se han realizado muchísimos más resteos que de este. Así, el hecho de que la tasa de infectados registrados sea en la Argentina entre siete y ocho veces menor se relativizaría porque la diferencia entre casos denunciados y casos reales sería aquí más pronunciada: tres veces mayor, según un estudio de una institución londinense citado por el informe.

Como el propio Fernández respondió en conferencia de prensa ante una consulta respecto de la diferencia en la cantidad de testeos, el número de fallecidos -referencia supuestamente más confiable- también le daría la razón, por cuanto, si bien Chile tiene menos víctimas fatales en términos absolutos, son más que en la Argentina en relación con su población. De cualquier forma, nada atenúa la sensación de que tanto la presentación del Presidente, realizada para avalar la continuidad de su estrategia frente al coronavirus, como el informe a través del cual el gobierno de Sebastián Piñera pretende indirectamente defender la suya realizan una selección de los datos que más convienen a sus respectivas posturas, mientras omiten o al menos soslayan aquellos que la debilitan o directamente contradicen.

En rigor, y salvo para ciertos casos demasiado grotescos como el de Brasil -donde la mayoría de los gobernadores ha asumido la responsabilidad de dictar medidas restrictivas en busca de contener una epidemia que crece aceleradamente, mientras el presidente Jair Bolsonaro se empeña en boicotarlos-, es muy difícil evaluar en esta etapa cuáles son las políticas más efectivas. Porque es demasiado temprano y porque tampoco las características geográficas, las circunstancias económicas y las idiosincrasias socioculturales son las mismas en todos los países.

Acaso habría que esperar hasta el recuento de daños cuando se acerque el final de la emergencia para efectuar un juicio más fundamentado. Pero, mientras tanto, este tipo de escaramuzas -que es de esperar no vaya mucho más allá del punto alcanzado hasta ahora- no aportan demasiado en un momento en que los esfuerzos deben concentrarse en frenar a un enemigo que no reconoce fronteras ni diferencias ideológicas.