"La bici es parte de mi vida"
Sergio Rolando vive en Adelia María desde donde se proyectó al mundo del ciclismo. Con 47 años sigue corriendo con la misma pasión que lo hacía cuando comenzó.
“La bici es parte de mi vida” dice este adeliamariense que tiene el orgullo de ser uno de los deportistas que pudo estar representando al país en un Juego Olímpico.
“Felizmente casado y padre de cuatro hijos estoy trabajando en el negocio que me dejó mi padre”, expresó al comenzar el diálogo para hacer un recorrido de lo que fue su carrera y lo que significa el ciclismo en su vida.
-¿Cuál es su relación con el ciclismo, sigue en actividad compitiendo o por placer?
- Sigo compitiendo. Estoy enfocado más que no nunca, a pesar de que no se sepan muchas noticias mías. Tengo 47 años y compito en mi categoría, la Máster B y también estoy en las competencias con los chicos de Elite, la mayor. Hago todo lo que es temporada de ruta. De marzo a septiembre no compito, solo entreno, hago la pre-temporada y algunas cosas para mejorar mi rendimiento y las competencias las arranco en septiembre, octubre. Sigo compitiendo y lo hago de la mejor forma posible, entreno mucho más conciencia que cuando era joven. Al ser mayor uno ve la diferencia. Antes te decían hacer cien kilómetros y uno pensaba, para que cien, si con cincuenta alcanza. Hoy sabés que si haces los cien o ciento veinte te va a servir.
- ¿Cómo empezó su relación con la bicicleta?
- Tenía doce años y en esa época se empezaron a organizar festiva-les a nivel zonal. Encuentros de bicicleta en San Basilio, Moldes, Alejandro, Mackenna. No impor-taba la bici que tuvieras, entrenabas e ibas a competir el fin de semana. A mí me impacto ese de-porte. Había practicado todos los otros deportes, pero lo que me pegó fuerte fue la bicicleta desde el primer día. Tenía una plaza cerca y dos veces por semana nos juntábamos dos veces por semana a entrenar. Desde el primer día dije esto es lo mío. Todos los mar-tes y jueves iba y de mis amigos que fueron conmigo el primer día dejaron de ir. Yo seguí y veía que cada vez me gustaba más y que andaba mejor en las competencias zonales. Me encantó, además de buenos resultados, además de las condiciones innatas que no sabía.
No sé si fue por casualidad o suerte, pero así nació el amor por la bici que se mantiene hasta el día de hoy. No la puedo dejar, es una pasión difícil de dejar.
-¿Cómo ve el presente de la actividad, comparada con su época?
- Ahora todo se modernizó, es más fácil. Me acuerdo que cuando tenía 15 o 16 años salí por primera vez al exterior, a unos Panamericanos juveniles que se hicieron en Uruguay. Nosotros fuimos con material nacional, bicis del país que estaban a nuestro alcance. Competimos con Estados Unidos, México, Colombia, que iban con material de primer mundo y era una diferencia abismal en cuanto a material, preparación ropa. Hoy con la tecnología todo cambió. Es más fácil adquirir los elementos, más allá de los costos, pero todo está más equilibrado. Si querés una bici de Italia, la pedís y la tenés. Todo mejoró, evolucionó.
Antes competir a nivel internacional era complicado y de vez en cuando aparecía uno y lo llevaban a Italia, por ejemplo, por contactos, no era fácil. Hoy no hace falta que te lleve la Federación, si te sentís bien, tenés contactos te subís a un avión y vas. No necesitas intermediarios. Es por eso que Eduardo Sepúlveda, Maximiliano Richeze, los corredores actuales, tienen más posibilidades de triunfar a nivel mundial que en nuestra época.
-¿Por qué hoy en la región no tenemos un Sergio Rolando?
- Porque se terminaron las competencias porque hace muchos años se terminaron los clubes. Cuando empecé estaba los clubes Albuixech, Nueva Generación, al que pertenecía, Alberdi, afiliados a la Federación Cordobesa. Había un montón de clubes y todos los fines de semana organizaban carreras. Tenías la Doble Achiras, la Doble Alejandro, la Córdoba-Río Cuarto, un montón de competencias que tenía armado un programa. Estaban las clásicas que venían corre-dores de todos lados. Con el tiempo fueron desapareciendo y así desaparece el ciclismo. Es importante que se hagan competencias para que aparezcan talentos. Materia prima hay y hay que explotarlas. Eso significa organización, apoyo de los municipios y la provincia. No es fácil. San Luis recibe mucho apoyo, tiene gente con ganas de hacer competencias y por eso hay buenos ciclistas. Lo mejor ahora está en San Juan, si querés competir tenés que ir. Por eso corro la Doble Difunta Correa con la categoría Elite. Para mí, con 47 años, un veterano estar en la largada y mirar a un costado y lo tengo a Maxi Richeze es un sueño, algo emocionante, algo hermoso, un placer, amén de los resultados. A mi edad tengo que competir con muchachos de mi edad, pero por ahí quiero seguir siendo ese adolescente eterno y por eso en algunos eventos compito con los de Elite.
- Fue campeón de muy joven ¿Qué significaba para usted en ese momento?
- Fui campeón Argentino de ruta en Mar del Plata, en Punta Mogo-tes. Habíamos ido a participar con cero expectativa y gané en mi ca-tegoría. De ahí fue ganando en ruta y pista. Con buenas condicio-nes y muchas ganas de entrenar se daban los resultados. Tuve un gran apoyo familiar, mis papás de fierro. En ese momento era joven y uno no se daba cuenta del es-fuerzo que hacen los de alrededor. Se hacía a pulmón, no había aus-piciantes que me llevaran a com-petir por todos lados. Todo lo hacía mi papá con esfuerzo y sa-crificio. No lo veía y lo vi ahora que soy grande todo lo que hizo. Un poquito de todo lo que puso por mí le devolví, alguna satisfac-ción recibió. Los resultados esta-ban por eso el me llevó hasta que fui mayor.
- Después el salto a mayores y también con títulos, premios...
- En Mayores fui campeón argentino del kilómetro con récord. Me afiancé en la selección argentina. A los 16 entré en la juvenil y estuve hasta que me retiré. En cada evento internacional que había siempre llamaban a los campeones, a los que siempre estaban entre los primeros. Cada uno corría en lo que lo que le correspondía. Siempre fui pistero, fui velocista, mediofondista. Después me especialicé en el kilómetro con partido detenida donde fui récord.
Por todos esos resultados tuve reconocimientos. En el 93 fui Olimpia de plata, en el 94 estuve ternado y ganó Walter Pérez. Tres veces fui Córdoba de Campeones, en Río Cuarto también recibí varios premios, fui uno de los diez jóvenes sobresaliente de la provincia. Premios al esfuerzo que uno hacía en la competencia. Además de los resultados, los premios daban las ganas para seguir adelante.
- ¿Qué significó haber estado en los Juegos Olímpicos?
- Estar en un Juego Olímpico fue lo más hermoso que me pasó. A los 19 años, era muy joven y no te dabas cuenta dónde estabas, lo que vivías. Eso va a quedar grabado en toda mi vida. Se lo cuento a mis hijos y ellos no tienen ni idea. Haber estado ahí fue lo máximo.
- ¿Alguna anécdota?
- Salí a hacer la entrada en calor y pinché. Salí con el tubo que con tanto sacrificio habíamos comprado, el mejor que pudimos con-seguir. Di dos o tres vueltas y pinché a cinco minutos de largar. Antonio Alexander fue con los italianos y les pidió una prestada y largué con la de ellos. En esa época estábamos en desventaja en materiales, preparación, logística. No teníamos mecánicos, nosotros nos cambiábamos las ruedas, la multiplicación, no teníamos masajistas. Era lo que había. Le agradezco al país por el esfuerzo de llevarme, a Dios por conocer esos eventos. Pero estábamos muy lejos de todo. Por ahí ibas a entrenar y te tocaba con los alemanes y me daba vergüenza desenfundar la bici al lado de las que ellos. Daba vergüenza salir a pedalear al lado de ellos. Te pasaban y te echaban viento. Te sentías mal, estabas tan lejos. Pero uno tiene la tranquilidad de haber dado lo mejor, pasar un buen momento y estar en un lugar en el que pocos deportistas lo hacen.
-¿Costó la decisión de dejar, cuáles fueron los motivos porque era muy joven?
- Quería crecer y tenía limitaciones de material y económicos para mejorar mis tiempos. Cambiar materiales era muy costoso, había que comprar todo importando y era difícil de conseguir. Mis padres no estaban en condiciones y dije hasta acá llegué, fue mi límite. Venían chicos más jóvenes, con con-diciones pero mejor material y me igualaban. Decidí dar un paso al costado. Por eso dije ya está qué más podía pedir, fui campeón nacional, estuve en un mundial, en las olimpíadas.
-Pero no todo terminó ahí...
-Estuve un tiempo alejado, hasta el 2000 que me fui a trabajar Esta-dos Unidos, con 27 años. Entré en un bicicletería, eran fanáticos, tenían un equipo y corrían. Había estado parado cinco años, empecé a entrenar y agarrar forma y di mi salto. Lo más importante fue en media temporada de 2003 y la de 2004 ganando competencias muy importantes y logrando muy bue-nos con todos los profesionales. También coseché amigos con los que sigo en contacto, y eso es algo que también me dejó el ciclismo.
-¿Qué es el ciclismo para usted?
- Es parte de mi vida, es una pasión. Es difícil alejarse, me pasó. Cómo cuando regresé de Estados Unidos y colgué la bici. Por circunstancias de la vida tuve altos y bajos. La pérdida de mi viejo, mi vida no iba muy bien. Estaba complicado emocionalmente hasta que alguien me rescató de allá abajo y es mi actual esposa. Me rescató de las cenizas. Fue la que me dijo “por qué no empezás a correr de nuevo”. Fue en 2013, hacía ocho años que no corría. Le dije que estaba grande, que no tenía ganas ni motivación. Me insistió un par de veces y empecé a pedalear, Salí un par de veces y me hice del grupo de acá (Adelia María) que salía. Ahora estoy abocado al ci-clismo igual o más que antes. Con más pasión. Al estar maduro las cosas se toman de otra manera, Por eso empecé a competir, no como profesional porque no vivo de la bici. Pero puedo dedicarme a correr y reunirme con los amigos que corro y la pasamos bárbaro.
-¿Si pudiera volver atrás cambiaría algo de lo que fue su carrera?
- No cambiaría nada porque la bicicleta me dio tantas satisfacciones, tantos logros personales que por ahí el dinero no lo compra. Los amigos que coseché con la bici, los momentos vividos y mu-chas cosas que hice. La bici me llenó esos vacíos de la vida.