El expresidente del Conicet, Roberto Salvarezza, sostuvo que se prevé un fuerte recorte en los fondos destinados a Ciencia y Tecnología para el año que viene. En este sentido, indicó que el Presupuesto 2019 anticipa una pérdida de 800 millones de dólares para el área. No obstante, insistió con un proyecto para llevar el flujo de dinero del 0,35 por ciento al 3 por ciento del PBI.
“En este contexto de economía tutelada por el FMI, hay áreas que han sufrido recortes fuertes. Allí se pueden ver los recortes en Salud, Educación y los de Ciencia y Tecnología. Esos tres puntos son muy evidentes”, señaló Salvarezza.
¿Cómo afecta esto al sistema científico-tecnológico?
En el caso de Ciencia y Tecnología hay un recorte muy claro y no es para nada sorpresivo. En el 2016, último presupuesto de Cristina Fernández de Kirchner, el porcentaje para Ciencia y Técnica fue del 1,53 por ciento del Presupuesto. El primer año de la presidencia de Macri, bajó a 1,4 por ciento, y este año bajó hasta el 1,22 por ciento. El año que viene, ese porcentaje caerá hasta el 1,1 por ciento del Presupuesto. La inversión del Estado cayó notablemente. Si lo miramos desde el punto de vista del PBI, pasamos de un 0,35 a un 0,22 por ciento del Producto Bruto Interno.
¿Cuánto significa esa caída expresada en valor dólar?
Para tener una idea clara hay que decir que pasamos de 2 mil millones de dólares a 1.200 millones de dólares de inversión en Ciencia y Técnica. El Conicet ejecutaba entre 560 y 600 millones de dólares y vamos a llegar a 425 millones de dólares. Esto habla de un recorte significativo, que afecta también a organismos como el Inta, el Inti, el Senasa. Además, operamos con menos personal. El Inta no renovó su personal desde que asumió el gobierno de Macri, y este año van a trabajar con 800 técnicos menos. El Senasa, con 400 menos y el Inti, con 250 menos.
En ese contexto, ¿de qué se trata el proyecto de financiamiento que impulsan para Ciencia y Técnica?
Nosotros estamos impulsando el proyecto del senador Perotti, que logró media sanción en la Cámara Alta, en agosto del año pasado, con 39 votos a favor y sólo 9 en contra, de parte del oficialismo. Toda la oposición se juntó porque entendió que no podíamos discontinuar las políticas de Estado, tal como se había prometido. En sí, esta propuesta busca elevar el 0.35 por ciento del PBI al 3 por ciento para el año 2030. Eso implicaba una suba del 0,2 por ciento anual. De haberse aprobado en Diputados este proyecto, este año hubiéramos tenido 12 mil millones más que el anterior, pasando del 0,35 al 0,55 por ciento del PBI.
Cajoneo
¿Qué pasó con este proyecto?
El presidente de la comisión de Presupuesto en Diputados, el santafesino Laspina, no lo trata y es imposible avanzar. Pero desde la comisión de Ciencia y Técnica estamos impulsando esta iniciativa.
¿Cómo exigir más presupuesto para Ciencia y Tecnología cuando hay tantas urgencias en salud, alimentación y educación básica?
La inversión en salud y educación son el presente, pero también hay que pensar en el futuro y para eso hace falta invertir en ciencia y técnica. Si los países no quieren ser pobres -como decía nuestro Nobel Bernardo Houssay- tienen que invertir más en ciencia y tecnología. Los países desarrollados han seguido ese camino. Nosotros necesitamos dólares para resolver el problema del estrangulamiento de la economía argentina. Y los dólares se generan desarrollando semillas propias para el agro, como se logró hacer, o como en 2015, al vender reactores nucleares y desarrollar las comunicaciones satelitales. Otro de los puntos fuertes de nuestro país es el recurso humano calificado, como el caso de la doctora Mi Kwon, del Hospital Marañón, en España, que logró la cura total del HIV en cinco pacientes y que se educó en la Argentina. O el caso del ingeniero San Martín, que diseñó la informática para que descendiera una sonda de la Nasa en Marte.
“No hay interés en la ciencia”
¿Por qué cree que ocurre esto?
Creo que hay un gran desconocimiento de parte de este gobierno de lo que es la ciencia y la tecnología. Es un gobierno que apuesta a la economía primaria, al gas, al petróleo, la agricultura y la ganadería como única salida. Pero a la Argentina no le alcanza eso para los 45 millones de personas. Sí puede alcanzar para 20 millones de personas, como es el caso de Australia, que trabaja sobre esa matriz primaria. Pero nosotros no podemos darnos ese lujo. Tenemos que incorporar otros elementos, como una industria tecnológicamente competitiva. Sin embargo, la visión que tienen los funcionarios actuales es que ése no es el camino. Cuando nosotros pusimos el Arsat I en órbita, Macri cuestionó que se hubiera invertido dinero en un emprendimiento que no da rentabilidad. Para citar un ejemplo, Fadea, en Córdoba, pasó de ser el proyecto de una fábrica de aviones a un taller de reparaciones de Latam, Fly Bondi y de una compañía árabe. Compramos aviones norteamericanos por 170 millones de dólares y fabrican 3 aviones Pampa para disfrazar un poco la cosa. Lo mismo pasó con Arsat III, que fue discontinuado. O con la central nuclear de Atucha o la planta de agua pesada para enfriar las centrales nucleares, que va a ser una fábrica de fertilizantes. Habrá que ver cómo está relacionado eso con los créditos internacionales, y con la injerencia de otros países que no quieren que la Argentina compita en esos lugares. El Invap les ganó a empresas del primer mundo una licitación para un reactor nuclear en Holanda. El Invap, para el que no había dinero y que en abril no tenía plata para pagar sueldos. Hay que revisar esto rápidamente.
¿Cómo afecta esto al sistema científico-tecnológico?
En el caso de Ciencia y Tecnología hay un recorte muy claro y no es para nada sorpresivo. En el 2016, último presupuesto de Cristina Fernández de Kirchner, el porcentaje para Ciencia y Técnica fue del 1,53 por ciento del Presupuesto. El primer año de la presidencia de Macri, bajó a 1,4 por ciento, y este año bajó hasta el 1,22 por ciento. El año que viene, ese porcentaje caerá hasta el 1,1 por ciento del Presupuesto. La inversión del Estado cayó notablemente. Si lo miramos desde el punto de vista del PBI, pasamos de un 0,35 a un 0,22 por ciento del Producto Bruto Interno.
¿Cuánto significa esa caída expresada en valor dólar?
Para tener una idea clara hay que decir que pasamos de 2 mil millones de dólares a 1.200 millones de dólares de inversión en Ciencia y Técnica. El Conicet ejecutaba entre 560 y 600 millones de dólares y vamos a llegar a 425 millones de dólares. Esto habla de un recorte significativo, que afecta también a organismos como el Inta, el Inti, el Senasa. Además, operamos con menos personal. El Inta no renovó su personal desde que asumió el gobierno de Macri, y este año van a trabajar con 800 técnicos menos. El Senasa, con 400 menos y el Inti, con 250 menos.
En ese contexto, ¿de qué se trata el proyecto de financiamiento que impulsan para Ciencia y Técnica?
Nosotros estamos impulsando el proyecto del senador Perotti, que logró media sanción en la Cámara Alta, en agosto del año pasado, con 39 votos a favor y sólo 9 en contra, de parte del oficialismo. Toda la oposición se juntó porque entendió que no podíamos discontinuar las políticas de Estado, tal como se había prometido. En sí, esta propuesta busca elevar el 0.35 por ciento del PBI al 3 por ciento para el año 2030. Eso implicaba una suba del 0,2 por ciento anual. De haberse aprobado en Diputados este proyecto, este año hubiéramos tenido 12 mil millones más que el anterior, pasando del 0,35 al 0,55 por ciento del PBI.
Cajoneo
¿Qué pasó con este proyecto?
El presidente de la comisión de Presupuesto en Diputados, el santafesino Laspina, no lo trata y es imposible avanzar. Pero desde la comisión de Ciencia y Técnica estamos impulsando esta iniciativa.
¿Cómo exigir más presupuesto para Ciencia y Tecnología cuando hay tantas urgencias en salud, alimentación y educación básica?
La inversión en salud y educación son el presente, pero también hay que pensar en el futuro y para eso hace falta invertir en ciencia y técnica. Si los países no quieren ser pobres -como decía nuestro Nobel Bernardo Houssay- tienen que invertir más en ciencia y tecnología. Los países desarrollados han seguido ese camino. Nosotros necesitamos dólares para resolver el problema del estrangulamiento de la economía argentina. Y los dólares se generan desarrollando semillas propias para el agro, como se logró hacer, o como en 2015, al vender reactores nucleares y desarrollar las comunicaciones satelitales. Otro de los puntos fuertes de nuestro país es el recurso humano calificado, como el caso de la doctora Mi Kwon, del Hospital Marañón, en España, que logró la cura total del HIV en cinco pacientes y que se educó en la Argentina. O el caso del ingeniero San Martín, que diseñó la informática para que descendiera una sonda de la Nasa en Marte.
“No hay interés en la ciencia”
¿Por qué cree que ocurre esto?
Creo que hay un gran desconocimiento de parte de este gobierno de lo que es la ciencia y la tecnología. Es un gobierno que apuesta a la economía primaria, al gas, al petróleo, la agricultura y la ganadería como única salida. Pero a la Argentina no le alcanza eso para los 45 millones de personas. Sí puede alcanzar para 20 millones de personas, como es el caso de Australia, que trabaja sobre esa matriz primaria. Pero nosotros no podemos darnos ese lujo. Tenemos que incorporar otros elementos, como una industria tecnológicamente competitiva. Sin embargo, la visión que tienen los funcionarios actuales es que ése no es el camino. Cuando nosotros pusimos el Arsat I en órbita, Macri cuestionó que se hubiera invertido dinero en un emprendimiento que no da rentabilidad. Para citar un ejemplo, Fadea, en Córdoba, pasó de ser el proyecto de una fábrica de aviones a un taller de reparaciones de Latam, Fly Bondi y de una compañía árabe. Compramos aviones norteamericanos por 170 millones de dólares y fabrican 3 aviones Pampa para disfrazar un poco la cosa. Lo mismo pasó con Arsat III, que fue discontinuado. O con la central nuclear de Atucha o la planta de agua pesada para enfriar las centrales nucleares, que va a ser una fábrica de fertilizantes. Habrá que ver cómo está relacionado eso con los créditos internacionales, y con la injerencia de otros países que no quieren que la Argentina compita en esos lugares. El Invap les ganó a empresas del primer mundo una licitación para un reactor nuclear en Holanda. El Invap, para el que no había dinero y que en abril no tenía plata para pagar sueldos. Hay que revisar esto rápidamente.

