Miércoles de película

Retrospectiva de Benjamín Naishtat en el Festival de Cine de Córdoba y Los santos inocentes en el Teatrino

Rojo, de Benjamín Naishtat, se proyecta hoy en el Favio.

 

Miércoles de película en la ciudad, con entrada gratuita. Por un lado, continúa el Festival de Cine de Córdoba con una Retrospectiva de Benjamín Naishtat en el C.C. Leonardo Favio y, por el otro, cierra el mes el ciclo de Cine en el Teatrino con la proyección de Los santos inocentes.

En el Favio

En la continuidad del Festival de Cine de Córdoba, se podrán ver hoy dos películas de Benjamín Naishtat. A saber:

19hs: Historia del miedo (79 min.). Con las actuaciones de Jonathan Da Rosa, Tatiana Giménez, Mirella Pascual, Claudia Cantero. + Colecciones (8 min.).

Un verano caluroso. Una acomodada urbanización, un barrio privado con un gigantesco parque. Un terreno abandonado en las afueras y una ola incontrolable de humo desatan la incertidumbre y el caos.

Historia del miedo Trailer

21hs: Rojo (109 min.) + La manica (8 min.)

Además, hoy a las 19hs., se realiza el Taller de pitching a cargo de Julia Scarone en la Sede Polo Audiovisual Córdoba en Río Cuarto (Constitución 852, Entrepiso).

Rojo - Trailer (HD)

En el Teatrino

Esta noche a las 20.30hs. en el Teatrino de la Trapalanda, en el ciclo de Cine en el Teatrino, en el cierre del mes de Cine y Literatura, se proyecta la película Los santos inocentes (España, 1984), dirigida por Mario Camus, con las actuaciones de Alfredo Landa, Francisco Rabal, Terele Pávez, Agustín González y Juan Diego. Invitado especial: SER (Sociedad de Escritores Riocuartenses).

Los santos inocentes (1984) Original Trailer [FHD]

Sinopsis: España franquista. Durante la década de los 60, una familia de campesinos vive miserablemente bajo las órdenes del terrateniente. Su vida es renuncia, sacrificio y obediencia. Su destino está marcado, a no ser que algún acontecimiento imprevisto les permita romper sus cadenas… Obra maestra del cine mundial. Mario Camus logra una sublime adaptación de la novela homónima de Miguel Delibes. Intensa y desgarradora, todo en ella es magnífico: guion, ambientación e interpretaciones, mención especial para Paco Rabal y Alfredo Landa, no actúan, viven en el film. La vida rural en la España franquista es el lienzo donde se tiñe de sangre, sudor y lágrimas el destino de unos personajes con una vida impuesta, marcada por el peso del origen, las insalvables clases sociales y un futuro sin alas ni sueños...

Naishtat: "Hay que tratar con menos solemnidad los traumas históricos"

“Rojo”, tercer largometraje de Benjamín Naishtat, que recibió tres premios en San Sebastián (director, actor y fotografía), una historia que, según el mismo realizador, aborda “qué es la normalidad para los argentinos”, se proyecta hoy en el Favio.

La historia viaja hasta promediar la década del 70, cuando un hombre extraño llega a una calma ciudad de provincia para cambiar la vida de un abogado del lugar, un hecho que permite ir descubriendo un oscuro clima de época, entre trágico y absurdo.

Darío Grandinetti interpreta a ese abogado, Andrea Frigerio a su esposa Susana, y el chileno Alfredo Castro al detective Sinclair, secundados por Diego Cremonesi, Laura Grandinetti, hija de Darío, Susana Pampín, Rudy Chernicoff, mientras que la fotografía es del brasileño Pedro Sotero.

Naishtat estudió cine aquí y en Francia, dirigió cortometrajes de ficción y experimentales, antes de su primer largometraje “Historia del Miedo” (2014), que se estrenó en la Berlinale y se vio en el MoMA de Nueva York, mientras que el segundo, “El movimiento” (2015), se estrenó en Locarno y ganó como Mejor Película de la Competencia Argentina en Mar del Plata.

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-¿Ni héroes ni villanos?

-No hay un villano ni un héroe marcado sino gente común. Nuestro deseo era tratar de no tipificar tanto a los personajes sino definirlos por su ambigüedad, con los cuales uno no sabe bien si tiene que identificarse o tomar distancia. Me parece un ejercicio de dramaturgia más rico. A un gran villano la gente que se supone buena le toma distancia. Muy diferente es con un personaje que tiene unas pocas miserias que luego se van desarrollando.

-¿Cómo definirías a Claudio?

-Es un señor de clase media de una ciudad de provincia tan normal como cualquier otro, pero lo que está en tela de juicio en mi relato es la normalidad en sí misma, sobre todo en este país, y quizás por ese lado vaya su singularidad: poner en tela de juicio lo que consideramos como normalidad.

-Vos no viviste los años que reflejas en tu película, pero cuando uno termina de verla queda convencido de que lo que acaba de ver es lo que se vivía en aquella época...

-Es curioso porque yo me pregunto si haber vivido algo es una virtud para poder contarlo o a veces es más bien un inconveniente, hablo de cine obviamente. Creo que mi generación tiene un acercamiento con esa época que me parece muy rico para el cine. Puede haber muchas películas interesantes sobre la década del 70 que todavía no se hicieron, y el hecho de no haberlo vivido te obliga a investigar, a hacer una pesquisa, y eso no puede otra cosa que enriquecer la construcción de época, te obliga a una especie de rigor que quizás no está atravesado por la emotividad de la memoria subjetiva, que no necesariamente te puede jugar a favor.

No hay un villano ni un héroe marcado sino gente común. Nuestro deseo era tratar de no tipificar tanto a los personajes sino definirlos por su ambigüedad, con los cuales uno no sabe bien si tiene que identificarse o tomar distancia. Me parece un ejercicio de dramaturgia más rico. A un gran villano la gente que se supone buena le toma distancia. Muy diferente es con un personaje que tiene unas pocas miserias que luego se van desarrollando No hay un villano ni un héroe marcado sino gente común. Nuestro deseo era tratar de no tipificar tanto a los personajes sino definirlos por su ambigüedad, con los cuales uno no sabe bien si tiene que identificarse o tomar distancia. Me parece un ejercicio de dramaturgia más rico. A un gran villano la gente que se supone buena le toma distancia. Muy diferente es con un personaje que tiene unas pocas miserias que luego se van desarrollando

-¿Sostener esta impronta todo el relato fue un desafío?

-Darío es un actor muy inteligente que tiene muchísimo oficio. Y eso le permite contar con lo mínimo, algo que permitió que nunca se corra de ese registro, esa ambigüedad que planteamos desde los primeros planos que filmamos. El desafío era encontrar ese actor que pudiera lograr ese recato. Tratamos de sacar partido del absurdo y del humor, desde un ángulo realista, absurdo que existe tanto en la Argentina de esa época como en la actualidad, porque es parte de nuestro cotidiano. Creo que hay que tratar con menos solemnidad los traumas históricos, me parece una manera mejor de elaborarlos.