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Cuando la gripe dejó casi sin camas al Hospital y las clínicas de la ciudad

Por aquel entonces, en Río Cuarto se duplicó la cantidad de pacientes afectados, por lo que hubo una demanda superior sobre el sistema sanitario local. En tanto, en el siglo XIX atacó el cólera y en los años 50 la poliomielitis.

En julio de 1999, hace 21 años, la epidemia de gripe que se registró, dejó a la ciudad casi sin disponibilidad de camas, tanto en la parte pública como en la privada. En aquel tiempo, todavía funcionaba el Hospital Central en el predio que se ubica en el sur de Río Cuarto. El nosocomio en cuestión fue el primero en colmarse.

“Levantamos a un paciente y acostamos a otro”; así, una jefa de guardias de entonces graficó la situación que se vivía en el centro asistencial.

Las 242 camas que tenía el viejo hospital estuvieron ocupadas permanentemente desde que la gripe y algunas complicaciones respiratorias se duplicaron en la ciudad, en medio de un invierno verdaderamente duro.

De acuerdo a la crónica de Puntal publicada el 16 de julio de 1999, en el sector privado la situación era similar. Los centros privados registraron una elevada demanda y fueron copados por los pacientes.

Pese al panorama preocupante que se vivió por entonces, ninguna persona dejó de ser atendida ni hubo mayores inconvenientes.

“Un solo hospital ya queda chico para todo Río Cuarto y la región”, se mencionó hace 21 años.

Aunque hoy la ciudad y el sur de Córdoba cuentan con el Nuevo Hospital San Antonio de Padua y con seis clínicas privadas que en su mayoría se han expandido, a la par del crecimiento de los centros se dio un incremento en el número de pacientes, debido al aumento de la población y al cierre de varios sanatorios en las localidades más importantes de los departamentos Río Cuarto, General Roca, Roque Sáenz Peña y Juárez Celman.

Por eso, frente a la situación generada en torno al coronavirus, es fundamental que por estos días se enferme la menor cantidad de personas posible, a los fines de que todas puedan ser asistidas como corresponde, ya que los recursos humanos y materiales son finitos.

Otras enfermedades que

marcaron a la ciudad

Más allá del coronavirus y de la gripe A, la ciudad atravesó distintas enfermedades que causaron muchas muertes y que marcaron un antes y un después en la vida diaria. El coordinador del Archivo Histórico Municipal, Omar Isaguirre, recordó a Puntal que en los años 50 y 60 la poliomielitis atacó con dureza al país y que, por ende, Río Cuarto no quedó al margen.

“En Río Cuarto hubo muchos casos de poliomielitis. Arrancó en 1956 y duró varios años. Luego apareció la vacuna y se realizaron vacunaciones masivas. De todas maneras, muchas personas de la ciudad quedaron con secuelas. Era invalidante, generalmente atacaba a los miembros superiores e inferiores. Hubo gente que tuvo que asistir durante años a distintas terapias, pero en la mayoría de los casos no hubo vuelta atrás. Fue muy duro. También ha habido épocas de circulación de sarampión y escarlatina, pero se fueron conteniendo”, afirmó Isaguirre.

Paralelamente, el coordinador del Archivo Histórico Municipal también recordó la presencia del cólera en la ciudad.

La enfermedad circuló durante la segunda mitad del siglo XIX y se perdieron varias vidas humanas.

La primera de las epidemias, señaló Isaguirre, dejó en evidencia la necesidad de contar con un hospital en Río Cuarto.

“Durante el cólera tuvieron una formidable actuación los franciscanos, tanto los frailes como las monjas que había en esa época en la ciudad”, indicó el coordinador.

A propósito del cólera, Inés Farías, directora del Archivo Histórico del Convento San Francisco Solano, sostuvo que “la primera manifestación del llamado ‘cólera asiático’ apareció en 1856 en una zona muy limitada del Río de la Plata”.

“En Argentina, el inicio formal data de 1867. El itinerario del contagio de la enfermedad se dio a través de los puertos de Buenos Aires, Rosario y de los ríos litoraleños. A Río Cuarto llegó a través del Ferrocarril Central Argentino (Rosario, Villa María y Villa Nueva, para llegar a Río Cuarto). Llegó a la Villa de la Concepción del Río Cuarto a fines del año 1867 (17.12.1987) y se prolongó hasta el 30 de enero del año siguiente, 1868”, precisó.

“La segunda atacó con ferocidad hasta dejar casi totalmente diezmada a la población, especialmente a los aborígenes (ranqueles) y a gran parte de los efectivos de la Guarnición Sarmiento, en el Fuerte del mismo nombre, al sur de la provincia. Comenzó en el inicio del año 1874, hasta el 4 de marzo. Después, una tercera y gran epidemia del cólera morbus se desató en 1886, aunque quedó reducida a la zona del hoy Gran Buenos Aires”, agregó.

Los franciscanos

Más adelante, Farías volvió sobre el eje planteado por Isaguirre respecto a la actuación de los franciscanos durante las epidemias de cólera.

“En las dos epidemias que sufrieron Río Cuarto y la región de la Frontera del Sur fue notable la actuación de los padres franciscanos del pequeño Convento de la Villa. En particular, los frailes Plácido Sargenti e Isidoro Alselmi, quienes se contagiaron y, pese a todo, continuaron con su labor humanitaria y luego se recuperaron.

Durante la primera epidemia, en una población pequeña y desguarnecida de todo auxilio sanitario, se contaron 362 civiles fallecidos, entre 40 y 45 efectivos de las milicias, y unas 20 personas en la zona de Tegua, Saucecito y Reducción”, remarcó.

“En la epidemia de 1874, que se introdujo desde Villa Mercedes hacia la Guarnición Sarmiento, tuvo una relevante actividad el fray Quírico Porreca, quien formó una Comisión de Auxilio y se trasladó hacia el límite de la frontera, acompañado de dos religiosos, el padre Guillermo Zelli, quien se contagió atendiendo a los enfermos y murió el 3 de marzo, y el hermano lego fray Venancio Bassani, quien también se enfermó y falleció al otro día”, afirmó Farías.

“En tanto, el padre Porreca permaneció hasta dar los últimos auxilios. A su regreso, fue recibido por la población con grandes homenajes y premiado por el Gobierno de Córdoba con medallas de oro”, manifestó.

Finalmente, Farías aseguró que las epidemias dieron lugar a disposiciones municipales tales como prohibir la reunión de personas, la limpieza en las casas y un mayor cuidado de la higiene en la villa.

Tiempo después, en 1877, Porreca fundó el Hospital de la Caridad, donde actualmente funciona el Centro de Salud Municipal.

Nicolás Cheetham. Redacción Puntal

FUENTE: Puntal.com.ar