Arquitectura | ciudad | espacio | urbano

El vacío, una oportunidad para la transformación

“El vacío es más importante que la masa”, expresa el arquitecto Aranda del premiado estudio español RCR, entrevistado por alumnos de una universidad catalana, durante la pandemia.

Para quienes nos desempeñamos en las áreas de la arquitectura, el paisajismo y otras variantes del diseño, esta frase la hemos escuchado hasta el cansancio. Incluso nos enfrentamos al tan mentado temor al “vacío” de la hoja en blanco, que despierta las emociones e inspiraciones necesarias para que “algo suceda”; para que una idea pueda nacer.

Y es que aquí está la paradoja, ya que para la mayoría de las personas, o en la mayoría de los contextos, hablar de vacío, es hablar de ausencia, de algo desértico, de la “nada”, de la inexistencia, e incluso, en otra línea, podemos hacer referencia al vacío, al referirnos de algo o alguien “superficial”.

Me gustaría compartir de qué viene esta expresión de los arquitectos que en los pasillos de las universidades, en conferencias, entrevistas y en los mismos estudios, abunda, empapela y encarna.

DESDE EL PRINCIPIO

En el vacío se encuentra la posibilidad de ser, de existir, desde el principio, todo surge de la idea de vacío y del mismo modo que tuvo origen todo lo conocido: el universo, podemos crear a partir de la inexistencia o desde un espacio disponible. Entonces, los arquitectos, modelamos el vacío, lo limitamos y le damos escala, lo “estructuramos”. Lo hacemos a través de darle forma y materialidad a por lo menos una de las cuatro posibles caras/limitantes: una inferior (la única que siempre está, el piso), dos laterales y una superior. Cuando hablamos de paisajismo, hablamos de esa “construcción sin techo”, aunque podríamos pensar que nuestro techo es el cielo, la copa de los árboles o algunas estructuras menos densas como pérgolas o sombrillas. Pero más interesante se torna si a cada paso, entendemos que ese vacío está “lleno”, o cargado a su vez, de simbolismos, comunicaciones tácitas o explícitas, que tienen el sentido y trascendencia que una cultura le otorga en un tiempo determinado.

EN LA HISTORIA

Tal vez, la cultura del mundo occidental que primero exaltó el vacío y lo comprendió como nosotros, actualmente, haya sido la civilización griega, que quebró en ese aspecto con la cultura egipcia, quien mayormente detuvo su atención en la masa, “el lleno” y la simbología ancestral y espiritual que las formas encerraban. Los griegos encontraron en el espacio vacío, la posible expresión del espacio cívico, dando lugar a un espacio de encuentro: la plaza (el ágora), el gran vacío de la ciudad donde se sucedía y se ejercía la vida cívico/política. El mejor ejemplo, el de Atenas, polis (ciudad) que dio origen a la primera democracia del mundo antiguo; y cuna de numerosos pensadores que con sus postulados aún hoy marcan tanto el pensamiento filosófico como científico.

De allí en más, esa marca indeleble en las ciudades se ha ido variando en la medida de la complejidad cultural que significan hoy las ciudades, pero marcando irremediablemente el paisaje de lo urbano y el gen primario de la ciudad, sus vacíos: los espacios públicos, es decir, los lugares donde podemos encontrarnos, ser, mostrarnos a otros y expresarnos comunitariamente, las calles, plazas, plazoletas y parques, cada una con connotaciones diversas, marcando identidades o usos particulares, manifestando el sentir y latido de una comunidad, condicionando y a la vez influenciando el accionar, creando vivencias y recuerdos.

OPORTUNIDADES SUSTENTABLES

Si decimos que desde el vacío, inicia el todo y las partes, y entendemos que son extremos de lo mismo: no podríamos entender uno, sin el otro; como cuando hablamos de la luz y de la oscuridad, y además, comprendemos el valor comunitario que poseen, podríamos decir que dentro de la ciudad y su gestión, necesitamos encontrar, valorar y potenciar los vacíos disponibles, y buscar, los lugares tal vez ocultos, que encierran oportunidades de crear algo diferente, cambiando la tónica de áreas urbanas, ofreciendo alternativas de uso, posibilitando conexiones etc; podrían ser “activadores” de sectores o barrios e incluso “transformadores” de toda la ciudad, todo depende de la escala que pudiese tener la intervención.

Desde la idea de sustentabilidad que tiene mucho anclaje en la idea de reciclado en sus distintas formas, la refuncionalización (el re-ciclo) de espacios disponibles en las ciudades cobra mucho sentido, ya que aprovecha lo que está, pero de manera renovada, cambiando su función y haciendo posible un nuevo ciclo de uso.

En la mayoría de las ciudades, nos encontramos con espacios bien conectados y que incluso la gente de la zona utiliza, pero no son de calidad, están carentes de tratamiento, se perciben como “residuales”, sin valor aparente, pero esconden de por sí, gran potencial. Es interesante analizar su forma, proporción, situación de anclaje urbano, datos que darían posibles pautas de proyectos paisajísticos.

Por tanto, decimos que el vacío es más importante que el lleno o la masa, porque siempre encierra una posibilidad, que mediante un pensamiento creativo puede ser modificada, tornando y transformando la realidad. Por otro lado, el vacío cuando se presenta en las ciudades, inscripto en un contexto esencialmente cultural, es sólo físico, ya que se encuentra plagado de sentido y significados, que van moldeando y enriqueciendo identidades, nutridas de las experiencias.

En la ciudad de Río Cuarto, es notable esa “ausencia tan presente” del espacio que alguna vez contuvo el recorrido del ferrocarril (vías y aledaños) y las instalaciones agro-industriales contiguas (diversos molinos, ex Aceitera, entre otras), que además surca de norte a sur toda la ciudad, extendiéndose hacia Las Higueras y Holmberg (conurbación). Hoy todo o en su gran mayoría, está sumergido en una sensación de abandono, “inexistencia” o “residuo urbano”, incluso dificultando la circulación vehicular y peatonal. Sin embargo, encierra excelentes oportunidades de transformación desde lo paisajístico, urbano, de infraestructuras, conexiones, transporte, entre otros. Del mismo modo, se pueden encontrar áreas abiertas y disponibles relacionadas al río o a corredores como el enlace de rutas A005 y la ruta provincial N° 30.

Activar desde los vacíos disponibles está claro que necesita de planificación, imaginando las ciudades no ahora, sino en el futuro, pero primero, es muy recomendable poder valorar los lugares no construidos, que están ahí, para volver a ser el germen del “todo”.

Por arq. Rocío Alliney - M.P. Nº 9940