Siouxsie Sioux: Allí está... nadie la ve
Por Mateo Formia.
“Nadie parece haberla visto; es menos una forma que un gemido que da horror a las noches de Irlanda y de las regiones montañosas de Escocia. Anuncia al pie de las ventanas, la muerte de algún miembro de la familia… Pertenece a la estirpe de las hadas" (J.L. Borges, El Libro de los Seres Imaginarios).
La neblina nacida de las profundidades de un sureño Támesis, tiñen de gris la vida de los jóvenes londinenses de los 70. Como toda gran ciudad, en sus callejones húmedos se pueden encontrar a los bohemios, anarcos, amantes del desenfreno y del arte vanguardista. Van vestidos con trapos espantosamente elegantes, de colores enceguecedores, con maquillajes llevados al extremo de la obsesión y pelos en punta como electrificados. Los Bromley Contingent fue un grupo de pibes de esta bohemia inglesa de mediados de los 70. Adolescentes seguidores de los Sex Pistols y adoptados por la propia banda como parte de su narrativa. Muchos críticos teorizan sobre cómo el éxito y la trascendencia de la banda se debió, de alguna manera, a esa persecución ciega de aquellos idólatras. Y no es detalle menor mencionar esto. El imaginario popular irreverente en torno a los Sex Pistols, de músicos sin pelos en la lengua, nació de un hecho bien concreto y detonado, casi sin querer, por una de las integrantes de los Bromley Contingent: Siouxsie Sioux, quien en el futuro pasaría a ser la sacerdotisa de la belleza ocultista y gótica de lo post punk. Pero nos estamos adelantando a los hechos.
Susan Janet Ballion -Siouxsie Sioux aparecería muchos años después- nació con el caos. Pasó toda su infancia alejada de todo: Su casa estaba fuera de la ciudad, su madre se la pasaba en el trabajo y su padre tomando grandes cantidades de alcohol. Una potente cirrosis terminó con la vida del progenitor de la pequeña Susan, que con solo 14 años retrataba una vida cada vez más enfermiza.
En 1975, los Sex Pistols junto con sus “groupies” se presentan en el programa de televisión “Today Show” conducido por el bien peinado y pomposo cincuentón Bill Grundy. Desde el comienzo de la entrevista, el periodista busca dejar en ridículo a la banda. Atenta a sus ideales y estética radicales con una ironía barata pero funcional a la TV de la época. Los Sex Pistols se la vienen bancando bien, respondiendo a la sutil hostilidad de Grundy con la altura necesaria. Pero el derrape no lo dan esos adolescentes risueños punkis, sino el propio periodista. El bueno de Bill dirige su mirada a una jóven Siouxie Sioux de dieciocho años. Sonríe con una mueca rígida; al parecer, trata de evitar que la baba se escurra por la comisura de sus labios. “Nos vemos después, ¿si?”, le dice Grundy a Siouxsie mientras ella rápidamente le saca la mirada de encima y se rasca la nuca en señal de incomodidad. Es instantánea la respuesta de los Sex Pistols que comienzan a lanzarle insultos olvidándose de las cámaras y de la BBC. "Dirty old man, bastard" (viejo verde, bastardo) y "What a fucking rotter!" (que caradura de mierda) incluso parecen quedar cortísimos frente al perverso Grundy. Al día siguiente Londres se hizo eco del escándalo mediático propinado por el periodista, a quien suspenden dos meses después del episodio. Episodio que no solo marcó la historia de la televisión y catapultó a la fama a los Sex Pistols, sino que puso en escena a Siouxsie Sioux quien pasaría a ser una de las figuras más importantes e influyentes de la cultura punk, rock y pop.
No fue hasta 1976, cuando aparecieron las primeras pistas - casi como un rito de invocación artesanal- de lo que sería Siouxsie Sioux and the Banshees. A los Sex Pistols les faltaba una sola banda para presentar el festival de punk “100 Club”. Siouxsie, sin banda alguna y sin experiencia improvisó un armado espontáneo con sus amigos y dieron una presentación de 24 minutos bajo el nombre de “Suzie and the Banshees”. Reversionaron “Smoke on the Water”, “Twist and Shout”, “Satisfaction” y otros temazos de aquella época dorada del rock. Pero este grupo armado con ramas y barro, sonaba sólido. La mujer extraña de voz profunda, disonante y hermosa, que se subió al escenario aquel día como si lo hubiera hecho toda su vida, comenzó a crecer dentro del ámbito y a proyectar una sombra cada vez más grande. A los dos años, Siouxsie and the Banshees ya dejó de ser un simulacro casual con el lanzamiento de su primer álbum The Scream. A partir de los ‘80, con una seguidilla de creaciones míticas como lo fueron Kaleidoscope (1980), Juju (1981) y A Kiss in the Dreamhouse (1982), la consagración de los Banshees era indiscutida.
La Banshee. Mujer hada, mujer de las montañas, diosa celta de la muerte. Deambula errática por los bosques y las colinas, augurando pérdidas con sus gemidos ensordecedores. Su cara de una hermosura pálida, traslúcida; sus ojos inyectados en sangre y su llanto agudo como sollozo angelical, hielan la sangre de los pocos que pueden escucharla. Así es Siouxsie Sioux, una ofrenda de un mundo de oscuridades ocultas. Una diosa hada de llantos armoniosos e incómodos a la vez. De una mirada perdida en un horizonte lejano, invisible para los mortales. Siouxsie and the Banshees rompe con el componente político y radical clásico del punk para meternos sin permiso dentro de rituales esotéricos ocultistas, en persecuciones nerviosas insoportables. “Las guitarras tienen que sonar como la escena de la ducha de Psycho”, decía Siouxsie. Ya con esa imágen - en el caso de que no se haya escuchado nada de los Banshees- nos podemos hacer una idea de lo que vamos a encontrar en el arte de Siouxsie.
La reina bruja del post punk es una sentencia poshumana. Su irrupción en la escena musical marcó con sello indeleble toda una estética y narrativa cultural. Si vemos una peli de Tim Burton, o un concierto de Madonna en los ‘80 o leemos un cuento de Mariana Enriquez, allí está Siouxsie. La veamos o no, inevitablemente allí está. Como un accidente. De fondo, oculta en un manto de misterio y oscuridad, dejándonos pistas que revelan los secretos de la naturaleza y la humanidad. Por eso acá la homenajeamos como se merece. Como la alquimista de una cosmovisión transgresora que torció la cultura y el arte occidental hacia pliegues donde la luz llega con dificultad. Donde se vive entre sombras y espectros incomprendidos. Ese mundo que, a través de Siouxsie como médium, viene a decirnos algo más.