Cómo trabaja un equipo de psicología bariátrica
Donde la protagonista es la intervención quirúrgica, y por ende el cirujano, el tratamiento contra la obesidad se sostiene por un vasto equipo de profesionales de diversas áreas, entre ellos, los psicólogos y psicólogas que abordan al paciente para darle un apto psicológico y acompañarlo en el largo plazo. Los encargados del área de psicología bariátrica en el equipo de Clínica Regional del Sud son María Adela Rojas (AR) (MP 8930), Agustina Cagnolatti (AC) (MP11483), Magdalena Risio (MP 12606) y Gabriel Cagnolatti (MP 12652); desde Salud & Ciencia hablamos con las dos primeras para conocer cómo es el trabajo que realizan. “El paciente viene derivado por el cirujano, generalmente. Con ellos realizamos un primer abordaje particular para cada caso, y comenzamos a trabajar en el tratamiento que ya tiene indicado el paciente, a veces es cirugía bariátrica, a veces no”, contaron las profesionales.
¿Cómo es ese primer encuentro con el paciente?
AC: Empezamos por conocer la historia del paciente, patologías previas, desde qué momento empezó a tener incremento de preso, si viene de la niñez, o si hubo una reganancia a lo largo de los años, qué hubo detrás de ese comportamiento, si hubo historias, duelos. A través de la escucha indagamos en eso.
Entonces el paciente también puede sanar cuestiones familiares…
AR: Absolutamente, porque preparamos el paciente para la cirugía, pero tenemos en cuenta la subjetividad del mismo, cómo afrontó duelos o situaciones adversas y no siempre responsabilizando a la obesidad. Es importante saber qué valor le da el paciente a la obesidad.
AC: Nos preguntamos también por los entornos en los que vive el paciente, si hay entornos favorables o no, siempre trabajamos de manera integral.
¿El paciente tiene que tener un alta psicológica para llegar a la cirugía?
AR: El paciente necesita un apto psicológico, en la etapa pre-quirúrgica se hace una evaluación buscando posibles psicopatologías previas. Hay consensos internacionales para poder trabajar y analizar si hay contraindicaciones absolutas, si trae medicación, qué nivel de comprensión tiene el paciente del tratamiento. Es muy importante que el paciente tenga una compresión acerca de qué se trata y a qué se va a exponer.
Es importante también evaluar las expectativas del paciente, no todo termina en la cirugía, por eso saber las expectativas reales nos indican que conciencia de la enfermedad tiene el paciente y así trabajar puntos vulnerables para enfrentar la situación.
Entonces esto no es solo la cirugía…
AR: Claro que no, no es algo a corto plazo, es a muy largo plazo, por eso se incluye en esta preparación y es parte de tratamiento conocer esas expectativas, que generalmente son muy altas. Muchos vienen de sufrir toda la vida su enfermedad y ven en la cirugía una solución mágica, entrar al quirófano y listo; sin embargo no se trata solo de eso. Es necesaria una compresión real para que después, en el pos-quirúrgico, se trabaje con el paciente en los cambios importantes que se vienen. Evaluamos además la adherencia al tratamiento. Hacemos una evaluación muy compleja que hay que realizar para evaluar si es un candidato posible a cirugía, y si encontramos que no está preparado, hay que prepararlo para que en un futuro sea un candidato. Todo eso nos da una mirada de cómo ayudarlo mejor y que tenga éxito todo el tratamiento.
¿Cuándo no sería un candidato?
AC: Las contraindicación son cuando el paciente tiene adicciones, o trastornos de la conducta alimentaria como bulimia o anorexia, si es un comedor que picotea o un comedor nocturno que se podría llamar también adicción. Se analiza si hay psicosis, esquizofrenia, retraso mental, por eso tenemos en cuenta la capacidad cognitiva del paciente, porque esos son los indicios de los recursos con los que cuenta él para enfrentar el tratamiento.
¿Van sumando técnicas nuevas?
AC: Una de las prácticas que utilizamos es mindfulness, que ayuda al paciente a tener conciencia emocional, porque es frecuente que el paciente ante algo que le pasa tiene como respuesta automática ir a comer. Con esta técnica trabajamos qué es lo que desencadena ese estímulo o qué genera es respuesta de ir comer. Con mindfulness se empieza a tener un registro de cómo me siento y cómo canalizar esa emoción.
¿Cómo es el abordaje del pos-operatorio?
AR: El paciente vive un cambio gradual, lo acompañamos en su adherencia al tratamiento, vamos muy de la mano para trabajar de sesión a sesión y también con el resto del equipo. Hay que aprender a visualizar, tomar conciencia a lo largo de todo el tratamiento. En el pos-operatorio se trabaja la imagen internalizada que tienen porque a veces no coincide con lo que ven, y además el ritmo que tiene cada paciente para el descenso de peso es único, no son todos iguales. El primer momento es de luna de miel, todo es fantástico, empiezan a deshincharse, a perder peso rápidamente en la mayoría de los casos, pero también se presentan frustraciones, angustias, aquellos que tiene problemas de ansiedad previos, hay que reforzar esos cambios. Hay que cambiar estilos de vida, vamos de la mano con todas las indicaciones de la nutricionista, tienen que sostener rutinas con regularidad.
¿Existe el contacto entre pacientes?
AR: Les ofrecemos a los pacientes grupos de charlas con otros pacientes que se están preparando o que ya pasaron por lo mismo, y comparten sus experiencias. Es algo muy enriquecedor para todos, logran reflejarse en el otro, y ver que lo que le pasa a uno también le está pasando a alguien más. Lo que es verdad y hay que mencionar es que cada paciente es único e irrepetible, cada técnica que nosotros podemos adquirir no siempre se aplica a todos los pacientes.
¿Ustedes pueden sospechar que un paciente tenga reganancia de peso con el tiempo?
AC: Eso puede suceder, pero es importante aclarar que no está mal. A veces el paciente siente que fracasó y no vuelve al equipo, cuando en realidad necesita de ese sostén. Saber que es parte del proceso y hay que ponerse a trabajar para reafirmar algunas cuestiones, es algo muy importante. Lo importante es afrontarlo con tiempo.
¿Qué actitudes de la vida cotidiana son una alarma de conductas compulsivas con la comida?
AC: Como signo de alarma lo que puede ayudar es tratar de distinguir el hambre fisiológico del hambre emocional. Si yo comí al mediodía y en media hora tengo hambre, puede haber algo para observar. Distinto es si almorcé al medio día y ya entrada la tarde vuelvo a sentir hambre, en ese caso es probable que sea una necesidad fisiológica. Otra cuestión a tener en cuenta son los ideales de belleza que tenemos, una imagen inalcanzable, un modelo al que parece que hay que responder. Es bueno saber que cada uno de nosotros somos únicos y nuestros cuerpos tienen un devenir diferente.
Por Fernanda Bireni