Desde el 12 de marzo, día en que fue agredido a la salida de un boliche en la zona del Chateau, Tincho permanece internado, pasó por el Sanatorio Parque primero, luego en un centro de rehabilitación y ahora en la Clínica Vélez Sarsfield. Nicolás Cáceres, su hermano, lo cuenta con la voz desgarrada a Puntal: “Lo trasladamos al Hospital porque el centro de rehabilitación no estaba preparado para atender una urgencia médica. Tuvieron que someterlo a una intervención de urgencia. Ahora está en terapia intensiva, monitoreado. La operación salió bien, pero hay que esperar que clínicamente esté estable para pasarlo a una habitación común. Siempre te hablan de un proceso largo, los tiempos son los de él, de su cuerpo”.
La internación es solo una parte de la carga que lleva la familia. Nicolás explica con franqueza: “Es muy difícil todo. Son muchos frentes al mismo tiempo: la salud de mi hermano, lo judicial, nuestra organización como familia. Todo eso desgasta muchísimo”.
Mientras tanto, los amigos de Tincho decidieron dar un paso más: organizar una colecta abierta para ayudar. Alejo, uno de ellos, explicó a Puntal que la idea nació “de ver cómo la familia venía sosteniendo todo esto durante tanto tiempo”. Y Nicolás lo confirma: “Surge de los chicos, fue un incentivo de ellos. Hay muchísimos insumos que la obra social no cubre y que son gastos constantes. Es un gran gesto, no solo de ellos, sino de todas las personas que se están sumando”.
La colecta es exclusivamente para cubrir esos insumos médicos esenciales. Quienes quieran colaborar pueden hacerlo a través de Mercado Pago, al alias justiciaportincho, cuenta a nombre de María Rocío Bersano. También pueden seguir el día a día de la causa y todas las acciones solidarias desde el perfil de Instagram: @justiciaportincho.
A pesar de las restricciones horarias apenas unos 20 minutos a la mañana y otros tanto por la tarde, los amigos siguen firmes. “Solo se permiten dos personas por turno. Más allá de eso, venimos todos igual. Necesitamos estar cerca. El parte médico se da solo por la mañana, y a la tarde nos guiamos por lo que nos dicen las terapistas. Ellas son nuestros ojos. Es muy duro ver a tu hermano así, apenas un ratito al día sin saber qué ocurre las 23 horas restantes del día”, relata Nicolás.
En lo judicial, las cosas avanzan con extrema lentitud. El fiscal pidió prisión preventiva para Agustín Fasulo Martínez, el joven de 22 años acusado de haber golpeado a Tincho. La familia apeló, esperando un cambio de carátula a “intento de homicidio” y que quede firme la prisión. La resolución ahora está en manos del Juzgado de Control, a cargo de la jueza María Celeste Ferreyra.
Mientras tanto, Nicolás mantiene la rutina: trabaja, pero por suerte su jefe le otorga los permisos necesarios para acompañar a su familia. “Tengo esa suerte, porque si no, no podría”, dice. También acompaña su mamá. “Y los amigos... qué decir de ellos. Son chicos de 20 años que salen de la facultad y se quedan afuera del hospital solo a acompañar, a dar un abrazo. Esos gestos valen más que cualquier otra cosa”.
Con la mirada puesta en este Día del Amigo, Nicolás reflexiona: “Independientemente de que el nombre sea Martín, lo que más queremos es que no haya más casos así. Un acto te puede cambiar la vida en un segundo. Lamentablemente estamos en una época muy violenta. Pareciera que eso es lo que vende. Si no salís a golpear las puertas correctas, nada se mueve”.
Y agrega con crudeza una reflexión dolorosa, dirigida también a los padres del agresor: “Lo que más me hace ruido es que este chico fue así toda su vida. Le pregunto a esos padres ¿por qué no lo frenaste? ¿Por qué no lo paraste? Le diste valores, claro, pero después él decide lo que hace. Como padre, igual tenés que dejar una reflexión. Esto no tiene un fin, cada vez escala más. Nadie los llama nunca a reflexionar”.
Alejo, en cambio, elige enfocarse en la red de afectos que sostiene, empuja y no deja caer. “Con Tincho compartíamos todo. Hablábamos todos los días. Este Día del Amigo no va a ser en su pieza, ‘la oficina’, como le decimos nosotros. Va a ser en la clínica. Pero vamos a estar, como siempre. Eso no cambia”.
Martín Cáceres sigue en coma, pero no está solo. Su familia lo cuida con alma y cuerpo. Sus amigos lo acompañan como quien defiende algo sagrado. La comunidad, lentamente, se suma. Porque mientras la justicia demora, el amor se apura.
Y porque, a veces, la verdadera amistad no se mide por los abrazos que se dan, sino por los días que se sostienen cuando todo lo demás se cae.