Salud

¿Cómo fue la intervención por la cual se colocó el primer stent bioabsorbible a un bebé prematuro?

El procedimiento se realizó en el Hospital de Niños “Santísima Trinidad”, de Córdoba capital, sobre un paciente de apenas 49 días de vida y poco más de 2 kilogramos de peso. El jefe del Departamento de Cardiología, Alejandro Peirone, explicó a Salud & Ciencia cómo se llevó adelante la operación

El doctor Alejandro Peirone (M.P. 22928), jefe del Departamento de Cardiología del Hospital de Niños y especialista en cardiología intervencionista.

 

La cardiología pediátrica sumó en Córdoba un nuevo hito. En el Hospital de Niños “Santísima Trinidad”, de la capital provincial, se realizó semanas atrás la primera colocación en el país de un stent completamente bioabsorbible para tratar una coartación de aorta, una malformación congénita que provoca un estrechamiento severo de la principal arteria del organismo.

La intervención se realizó sobre un paciente de apenas 49 días de vida y 2,2 kilogramos de peso, en lo que representó un escenario que planteaba un desafío de enorme complejidad. El pequeño había llegado a Córdoba desde Chimbas, San Juan, trasladado mediante un avión sanitario a través del Plan Nacional de Cardiopatías Congénitas.

Cuando fue evaluado inicialmente en el Hospital de Niños tenía apenas cuatro días de vida y pesaba 1,5 kilogramos. Su condición hizo que el equipo decidiera esperar hasta que alcanzara un peso que permitiera afrontar la intervención con mayores posibilidades de seguridad.

“Esto no fue bueno para planificar este tipo de intervención, dado el peso y la edad del paciente”, explica a Salud & Ciencia el doctor Alejandro Peirone (M.P. 22928), jefe del Departamento de Cardiología del Hospital de Niños y especialista en cardiología intervencionista.

El niño permaneció en el Hospital Materno Neonatal hasta alcanzar los 2,2 kilos. Para entonces, ya no resultaba conveniente que continuara dependiendo de una medicación destinada a garantizar el flujo sanguíneo hacia la parte inferior de su cuerpo.

La coartación de aorta que presentaba era severa. La obstrucción impedía que la sangre circulara normalmente hacia el tórax, el abdomen y los miembros inferiores. Frente a esa situación, la alternativa convencional hubiera sido una cirugía cardíaca de alta complejidad.

“Se trataba de algo realmente complejo”, resume Peirone.

Una intervención diferente

El equipo multidisciplinario integrado por cirujanos, cardiólogos y terapistas optó por una estrategia híbrida que permitió evitar una cirugía cardíaca convencional.

Los cirujanos realizaron una apertura en el cuello del paciente para acceder a la arteria carótida. A través de ella, los especialistas pudieron introducir el dispositivo hasta llegar a la zona estrechada de la aorta. “Hay una gran arteria que se llama carótida y a través de ella ingresamos a su corazón y colocamos un stent en el área donde estaba estrecha”, relata Peirone.

El dispositivo permitió ampliar inmediatamente el calibre del vaso y restablecer el flujo sanguíneo. Sin embargo, el elemento que convirtió al procedimiento en una intervención pionera fue el material del stent: a diferencia de los dispositivos metálicos convencionales, este está diseñado para degradarse y desaparecer progresivamente.

“En seis a doce meses desaparece y la pared aórtica continúa creciendo con normalidad”, explica Peirone.

La diferencia con un stent convencional resulta especialmente importante en pacientes pediátricos. Los dispositivos metálicos permanecen en el organismo y no acompañan el crecimiento de una arteria que todavía debe desarrollarse.

“Los stents que tenemos disponibles son de acero inoxidable y estos stents no crecen y quedan en ese lugar”, señala Peirone.

Esto podía obligar a que, con el paso del tiempo, se realizara una nueva intervención para retirar el material y reparar la aorta. En un niño que recién comienza su vida, evitar esa posibilidad representa una ventaja significativa.

El dispositivo utilizado en Córdoba, en cambio, mantiene abierta la zona estrechada durante el período necesario y luego comienza a degradarse. Su estructura contiene materiales bioabsorbibles que son procesados y eliminados por el organismo.

“El stent se coloca en el área donde está estrecho y, una vez que se coloca allí, inmediatamente amplía el calibre del vaso, pasa la sangre normalmente y las paredes de la aorta empiezan a crecer alrededor de este stent”, explica el especialista.

Durante los siguientes meses, el dispositivo se va degradando hasta desaparecer. La importancia de esta característica va más allá de evitar una cirugía futura. Se trata de que el tratamiento pueda acompañar la evolución natural de un paciente cuyo corazón y sus vasos sanguíneos continuarán creciendo durante muchos años.

“Si uno coloca un material bioabsorbible, se tiene la libertad de tener un corazón reparado y, si hace falta en el futuro hacer otras intervenciones, poder ingresar a su corazón sin ningún inconveniente”, sostiene.

Menor invasividad

La cirugía convencional para reparar una coartación de estas características implica un procedimiento de alta complejidad, con circulación extracorpórea. En un paciente de apenas dos kilos, los riesgos adquieren una dimensión especial.

Entre las complicaciones posibles se encuentran las infecciones, el sangrado y el compromiso neurológico.

El procedimiento realizado en el Hospital de Niños permitió resolver la obstrucción mediante una técnica menos invasiva y sin dejar un dispositivo metálico permanente.

Para Peirone, el caso forma parte de una evolución que viene transformando la cardiología pediátrica desde hace décadas. Primero fueron los dispositivos que permitieron tratar determinadas cardiopatías mediante cateterismo en lugar de cirugía; luego llegaron, entre otras innovaciones, las válvulas cardíacas implantadas por vía percutánea.

Ahora, los materiales bioabsorbibles abren una nueva etapa. “Es otro mojón que va a tener nuestra especialidad para avanzar con estos materiales”, afirma.

Su potencial no se limita a la coartación de aorta. El desarrollo de dispositivos que cumplen una función terapéutica y luego desaparecen puede resultar especialmente valioso para niños que necesitarán seguir creciendo y, eventualmente, afrontar nuevas intervenciones durante su vida.

La importancia de la experiencia

La posibilidad de realizar procedimientos de esta complejidad también está vinculada con la experiencia acumulada por los equipos especializados.

Peirone explica que el mismo grupo de profesionales trabaja tanto en el Hospital de Niños como en el Hospital Privado Universidad de Córdoba. Esa articulación permite concentrar una patología de baja incidencia y mantener entrenados a los profesionales.

“Como la incidencia es baja, tener el mismo grupo tanto en la parte privada como en la parte pública, hace que nosotros como médicos nos mantengamos entrenados y tengamos un gran número de casos porque concentramos esta patología”, explica.

Ese trabajo también se extiende al diagnóstico y tratamiento de las cardiopatías congénitas antes del nacimiento. Desde hace aproximadamente dos años, el equipo desarrolla un programa de intervenciones fetales para casos seleccionados.

La detección precoz permite identificar determinadas patologías que pueden comprometer la vida del bebé durante la gestación y, en situaciones específicas, intervenir dentro del útero materno.

El equipo realiza procedimientos entre las semanas 20 y 28 de gestación, entre ellos dilataciones con balón de determinadas válvulas cardíacas y otras intervenciones destinadas a mejorar la circulación fetal. También se han realizado drenajes de líquido acumulado alrededor del corazón en casos de tumores cardíacos.

“Estamos haciendo un diagnóstico precoz de las cardiopatías y, en casos muy seleccionados, intervenimos dentro del vientre materno”, explica Peirone.

El procedimiento realizado sobre el pequeño paciente sanjuanino se inscribe así en un proceso más amplio de desarrollo de la cardiología intervencionista pediátrica y fetal.

La innovación, en este caso, no está solamente en haber utilizado por primera vez en el país un stent completamente bioabsorbible para tratar una coartación de aorta. Está también en haber aplicado una tecnología concebida para resolver el problema actual sin condicionar el futuro de un paciente que todavía tiene toda una vida por delante.

Para Peirone, ese es el verdadero sentido de este avance: “Este es el gran avance para beneficiar a estos pacientes con cardiopatías congénitas que pueden ser tratados ahora de manera mucho menos invasiva con material que se desvanece o se evapora”.

Y detrás de la proeza tecnológica aparece, finalmente, el objetivo esencial de la medicina: que un niño que nace con una cardiopatía pueda tener la oportunidad de crecer y desarrollarse con el menor impacto posible de su enfermedad.

“Un paciente con cardiopatía congénita, tiene esperanza”, resume Peirone.