¿Cómo funciona la acreditación de centros de salud en Argentina?
En nuestro país, el Instituto Técnico de Acreditación de Establecimientos de Salud (ITAES) es el organismo pionero en esta tarea. Su director técnico, el doctor Ricardo Otero, explica qué significa acreditar, por qué se trata de un proceso voluntario y cuáles son los desafíos para consolidar una cultura de calidad en el sistema sanitario
En un contexto donde la calidad asistencial se ha convertido en una demanda creciente por parte de la sociedad, la acreditación de los establecimientos de salud aparece como un instrumento fundamental para evaluar, ordenar y mejorar la atención médica. Lejos de ser un simple trámite administrativo, se trata de un proceso técnico riguroso que analiza cómo funcionan las instituciones sanitarias y de qué manera garantizan la seguridad y el cuidado de los pacientes.
“La acreditación es una metodología de evaluación externa de la calidad de los establecimientos de salud”, define el doctor Ricardo Otero, director técnico del Instituto Técnico de Acreditación de Establecimientos de Salud (ITAES). Este sistema nació en los Estados Unidos alrededor de 1920 y, con el paso del tiempo, se expandió a nivel mundial. Actualmente, más de 90 países cuentan con uno o más sistemas de acreditación.
La acreditación no se limita únicamente a hospitales. “Se pueden acreditar clínicas, sanatorios, hospitales públicos y privados, laboratorios de análisis clínicos, centros de rehabilitación y cualquier establecimiento que brinde servicios de salud”, explica Otero. En todos los casos, el objetivo es el mismo: evaluar de manera integral la calidad de la organización, los procesos asistenciales y la seguridad del paciente.
En la Argentina, la acreditación se instauró formalmente en 1992 con la creación del ITAES, una organización sin fines de lucro que desarrolla esta actividad sobre establecimientos que se presentan de forma voluntaria. “No es obligatoria y el propio establecimiento afronta el costo del proceso”, aclara el especialista.
El origen del ITAES y su desarrollo
El surgimiento del ITAES estuvo vinculado, en gran medida, al interés de algunas obras sociales por contar con información objetiva sobre la calidad de los prestadores que contrataban. “A comienzos de los años noventa, ciertas obras sociales vieron en la acreditación una herramienta para conocer mejor la calidad de los establecimientos donde se atendían sus afiliados”, recuerda Otero.
A partir de esas experiencias iniciales, un grupo de profesionales con trayectoria en evaluación sanitaria fundó el ITAES, con el objetivo de desarrollar un sistema técnicamente sólido y sostenible. Desde sus inicios, el instituto se dedicó a elaborar manuales específicos para cada tipo de establecimiento, un trabajo que continúa hasta hoy. “Los manuales son muchos y deben actualizarse permanentemente, porque la medicina y los sistemas de atención cambian todo el tiempo”, señala.
Evaluar a quienes evalúan
Un aspecto poco conocido es que también existen organismos internacionales que evalúan a las entidades acreditadoras. Estas organizaciones no acreditan hospitales, sino que verifican que los sistemas de acreditación cumplan con estándares internacionales de calidad.
“El ITAES ya tuvo tres acreditaciones de sus estándares y tres acreditaciones como organización”, destaca Otero. Actualmente, el instituto argentino cuenta con acreditación internacional vigente hasta el año 2028, momento en el cual deberá volver a someterse a una evaluación externa. “Ahí nos toca a nosotros pasar por el mismo examen que hacemos pasar a los establecimientos”, comenta.
En el país existen tres entidades acreditadoras, pero el ITAES es la más antigua, la de mayor experiencia y la única con acreditación internacional vigente.
En la Argentina, contar con la acreditación funciona como un sello de calidad. “Es una cucarda”, define Otero. En otros países, como los Estados Unidos, la acreditación es un requisito indispensable para trabajar con los principales financiadores del sistema de salud. “Si un establecimiento no está acreditado, no puede atender a los pacientes del Medicare o del Medicaid”, explica.
A nivel local, si bien no es obligatoria, la acreditación comienza a ser valorada por distintos actores del sistema. Algunas obras sociales y entidades de la seguridad social priorizan a los establecimientos acreditados, y también lo hacen las compañías de seguros de mala praxis. “Cuando un establecimiento está acreditado, las aseguradoras interpretan que el riesgo de mala praxis es menor y reducen la prima del seguro, lo que implica un beneficio económico concreto”, detalla.
Acreditar no es ser mejor, es demostrar calidad
Otero subraya que la acreditación no implica que un establecimiento sea “mejor” que otro, sino que ha demostrado cumplir con estándares de calidad previamente definidos. “Significa que superó un examen de aptitud y de calidad, y eso se puede mostrar”, señala.
Los establecimientos acreditados reciben certificados oficiales y autorización para utilizar esa condición en su comunicación institucional. “Pueden exhibirlo en su papelería, en carteles, en medios de comunicación. Es una forma transparente de decir: evaluamos cómo trabajamos y cumplimos con estándares de calidad”, agrega.
A pesar de los avances, el camino por recorrer es largo. En la Argentina existen alrededor de 3.000 hospitales, entre públicos y privados, y solo una proporción muy pequeña se encuentra acreditada. “La principal dificultad es que, a diferencia de otros países, la acreditación no cuenta con un fuerte respaldo de los financiadores del sistema de salud”, explica Otero.
Sin embargo, comienzan a aparecer experiencias alentadoras. En la provincia de Chubut, por ejemplo, una obra social implementó aranceles preferenciales para los establecimientos que obtuvieron mejores resultados en evaluaciones de calidad. “Poco a poco se va construyendo una cultura que reconoce el compromiso con la calidad”, afirma.
Para Otero, el mensaje es claro: “La acreditación no es un trámite que se hace porque alguien obliga. Es una decisión que se toma porque se cree que así es mejor para los pacientes y para la institución”.