"Con cada juguete que pude hacer, mi niño interior está agradecido"
Víctor, “Tucuta”, es un hombre de 85 años que realiza juguetes artesanales utilizando distintos materiales reciclables.
“Estoy agradecido toda la vida con este matrimonio de mi barrio, Euge y Hugo, que fueron quienes me acercaron a este arte. Vengo siempre a su casa, me ceban mates y me hacen sentir como en mi casa, es una familia más”, destacó Víctor.
Apuntando a su trabajo frente a los juguetes que realiza, recalcó: “Voy al centro, busco materiales, tornillos, pegamento, pinturas y ya después los vecinos me van dando distintas cosas que ya no usan y yo las transformo en autitos, en aviones, en máquinas y en distintos juguetes que se me van ocurriendo”.
Tucuta utiliza desde cadenas de bicicletas, hasta cajas de cartón, discos, distintos materiales cotidianos que le van acercando los que lo conocen.
“Disfruto muchísimo de venir a la casa de este matrimonio, ellos lograron que yo vuelva a vivir y a disfrutar de la vida. Es una satisfacción tan grande para mí y para lo que hago”, señaló El abuelo, apodo que le dicen los vecinos de su barrio.
Tucuta a sus 85 años remarca que a pesar de no haber podido asistir al colegio, él disfruta de leer y aprender, no solo en libros de su interés sino que también ve muchos programas de televisión.
Sus primeros momentos con la chapa y pintura
Víctor comentó que su pasión por el arte fue desde muy pequeño. “Con mi mamá enferma y solita, vivíamos en un conventillo. Tuve que salir a buscar trabajo desde los seis años, pasé por un taller mecánico y pregunté si necesitaban ayuda y me dijeron que podía empezar a trabajar”, recordó y agregó: “Al principio no servía de mucho, era muy chiquito y flaquito para hacer trabajos pesados, pero un día mi patrón me dijo que había un hombre que quería pintar la bicicleta y me animé. El olor a pintura me atraía y poder pintar a mi manera, más”.
Tucuta recuerda cómo fueron sus primeros trabajos en la chapa y pintura: “Gracias a la bicicleta conseguí a mi señora y a mis cinco hijos. Nos fuimos a Sampacho, trabajé ahí y pude lograr todas mis metas junto con mi familia. Fuimos nosotros, trabajé en el taller y estaba hecho un señor feliz con mi trabajo”.
Víctor apuntó que también pintó distintos autos de carrera de pilotos argentinos. “Trabajé con Turismo Carretera y TC2000. Con corredores muy importantes de nuestro país: el Coco Amadeo, Pájaro Garro, entre otros”, ejemplificó.
“Yo los pintaba como quería con mi ingenio, con lo que se me ocurría en el momento, agarraba una cinta y empezaba a ver cómo quedaba mejor y ahí lo veíamos y siempre les gustó”.
La historia detrás de los juguetes
Víctor comentó: “Cada juguete me puede llevar entre meses hasta años. Porque a veces no me gusta y quiero buscarle la vuelta, así que lo desarmo todo y vuelvo a armarlo, agregarle otras cositas, cambiarle el color hasta que me sienta satisfecho con el resultado”. Y subrayó: “Trabajo siempre con medios de transporte porque fui chapista de distintos autos de carrera. Siempre hago un par de cada uno de los juguetes, iguales, de distintos colores y detalles. Es un misterio pero siempre hice dos”.
“Es un gran laburo porque yo no lo hago con máquinas o herramientas especializadas, lo hago manualmente o con pequeñas herramientas. Cada detalle es propio, es para mí. Regalarlos me duele, son como un hijo, son mi creación. Ellos me acompañaron en las buenas y en las malas, son mis compañeros de vida”, recalcó emocionado el artesano.
Tucuta añadió: “Mis artesanías son lo máximo para mí, nunca lo pensé. Quiero seguir con esto, porque yo vivo a la antigua, los autos que hago son de 1940 y estamos en 2023, cada juguete es una reliquia”.
Recordando su infancia, Víctor se emocionó y dijo: “Hice feliz a mi niño interior. Cuando tenía 6 años, yo veía a todos los chicos llenos de juguetes y nosotros no teníamos ni para la comida. Los chicos jugaban en la vereda y nosotros pasábamos para ir a trabajar. Verme ahora con estos juguetes hace feliz a aquel niño que sufrió, por eso hoy quiero tener miles de juguetes y regalar a los niños”.
Tucuta mencionó cuando uno de sus familiares le agradeció y felicitó por su labor en uno de sus sueños: “Había terminado la máquina de juguete. Unos días después, me acosté a dormir y soñé con las vías del tren de la ciudad y el conductor de la máquina era mi tío Ramón. Hacía veinte años que había fallecido y apareció en mis sueños. No podía creerlo, él me estaba agradeciendo el juguete que había realizado. Es creer o reventar, y yo creo”.
Tucuta destacó por tener 85 años: “Quiero seguir aprendiendo y hacer todo esto mejor, no me conformo. Quiero superarme. Me levanto a veces a las tres de la mañana porque soñé con algún juguete o alguna idea, me levanto y la escribo para no olvidarme pero muchas veces me pongo a trabajar”. Y agregó para la juventud: “Un minuto es suficiente, que ninguno lo pierda, porque pasa rápido la vida y hay que disfrutarla”.
Melani Hessel. Redacción Puntal
