Así como al inicio de la temporada de invierno te invitamos a sumar alfombras a tus ambientes para aportarle calidez al espacio, ahora comienza la cuenta regresiva con vistas a la primavera y esa compañera fiel que nos ayudó a mitigar las frías temperaturas ya puede ser retirada para darle paso al calor del sol natural.
Pero previo a ser almacenadas en un armario, es recomendable realizar algunas acciones de limpieza que nos permitan recuperarlas el año próximo con la estética que muestra su mayor potencial y a la vez evitar que se convierta en un depósito de polvo o en caldo de cultivo de ácaros, bacterias o gérmenes.
Algunas recomendaciones nos ayudarán a guardar impecables nuestras alfombras para que el año próximo vuelvan a vestir nuestra casa con la misma eficiencia:
Limpieza exprés: en caso de que las alfombras no muestren gran deterioro, una limpieza rápida que otorga buenos resultados sin mayores esfuerzos ni necesidad de recurrir a maquinarias especializadas se consigue a través de la utilización de polvos de limpieza. Solo requiere aspirar previamente en profundidad la alfombra, para luego esparcir los polvos de limpieza sobre ella. Luego de un tiempo prudencial de actuación, ya se puede volver a aspirar todo el polvo de limpieza aplicado y erradicar así manchas de grasa y aquellas sustancias que promueven múltiples alergias.
Colores vivos: una estrategia que contribuye a mantener la intensidad de los colores de una alfombra consiste en cubrir la misma con una generosa cantidad de sal común y dejar que actúe durante 24 horas. Cumplido ese plazo, solo bastará retirar toda la sal con una escoba o con la aspiradora, para advertir notables resultados.
En caso que por alguna razón fuera difícil destinar todo ese tiempo a la limpieza de la alfombra, puede reemplazarse la sal por bicarbonato de sodio para dejarlo actuar durante 15 a20 minutos. Luego, se retirará todo con una aspiradora.
Manchas de barro: muchas veces dejamos restos de barro que traemos desde el exterior en nuestro calzado, fundamentalmente en el sector de acceso a los ambientes, que con el recurrir de esta acción terminan tiñiendo de marrón esa área. Al momento de atacar ese tipo de manchas, será importante primero dejar secar bien la alfombra para luego preparar una mezcla de un litro de agua y una cucharada de amoníaco, con lo cual frotaremos el sector ayudados por un cepillo.
La lana, con detergente suave: es importante revisar las etiquetas de las alfombras antes de aplicar cualquier tipo de preparado acuoso para su limpieza. Por ejemplo, en caso de tratarse de alfombras de lana (y siempre y cuando en el etiquetado se constaten las especificaciones para la limpieza) puede recurrirse al uso de detergente suave, que sumado a un chorro de vinagre en el último enjuague aportará un aclarado homogéneo a la alfombra.
Marcas por cargas temporarias: muchas veces se apoyan sobre las alfombras elementos de peso que dejan sus marcas al momento de ser removidos. Muebles, sillas, mesas, entre otros, pueden aplacar en pequeños sectores el pelaje de nuestra alfombra haciendo notoria la huella. Una estrategia para devolver la inclinación original consiste en aplicar sobre ese sector un paño mojado con agua tibia y luego pasar sobre el área una plancha bien caliente sin efectuar ningún tipo de presión. Esa acción se mantendrá hasta tanto el paño quede seco.
Quemadura de cigarrillo: si tuviste la desgracia de que tu alfombra fue alcanzada por una colilla de cigarrillo encendida, tranquilo: aún podemos disimular el daño. Frotando con suavidad por el sector afectado un papel de lija de manera circular hasta tanto se mimetice el área con el resto de la superficie permitirá que pase desapercibida la quemadura.

