¿El principio del mismo final?, y el riesgo económico
Los casos de contagios de coronavirus empiezan a ir en ascenso y para algunos especialistas hay indicios de que es el comienzo de la segunda ola. Por eso insisten en redoblar los esfuerzos y recuperar las conductas individuales preventivas que rigieron durante la peor etapa de pandemia del año pasado. Por ahora eso parece difícil de lograr, debido a la relajación evidente que existe en la sociedad, aunque los expertos advierten que si la cantidad de casos escala, también servirán para disciplinar.
Ante ese escenario posible, los actores de la actividad económica vuelven a imaginar de nuevo lo peor. No hay demasiadas voces que hoy alienten un cierre total como en 2020, pero la palabra “restricción” comenzó a sonar con fuerza en las últimas semanas y anoche el Gobierno empezó a desandar ese camino con el anuncio que complementa al de las nuevas reglas para cruzar las fronteras, temeroso por la situación reinante en Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.
Y en rigor de verdad, las certezas, en tiempos de coronavirus, desaparecieron. Por eso aquello de que “los cierres no vuelven” es relativo y de allí que muchos sectores de la economía pidan garantías a los gobiernos de los tres niveles para que se comprometan a no avanzar con medidas extremas. Como si los gobiernos pudieran certificar hoy que en dos meses el escenario permitirá mantener las condiciones. Desde hace tiempo que el mundo y la Argentina se mueven en horizontes mucho más limitados de tiempo. Y no es un problema de los países en vías de desarrollo: se observa con claridad en Europa, donde Francia o Alemania, las dos principales economías del viejo continente, se debaten día a día contra el Covid-19 y avanzan y retroceden en las actividades permitidas, en plena segunda ola. En Argentina la situación hoy es distinta porque la foto muestra bajo nivel de casos en comparación con los picos de septiembre y octubre. Pero lo que preocupa es el proceso.
Ayer, el ministro de Trabajo de la Nación, Claudio Moroni, afirmó que “no hemos tenido contagios en lugares de trabajo; han sido muy bajos y no hay motivo para pensar que sean lugares de contagios”, en un intento por señalar que no tiene sentido cerrarlos. Sin embargo, a las pocas horas, después de la cumbre entre la ministra de Salud, Carla Vizzoti, y el presidente de la Nación, Alberto Fernández, de la que participó el jefe de Gabinete, Juan Pablo Cafiero, se conocieron restricciones que podrían ser el comienzo de una etapa de mayor dureza si la curva de contagios consolida la tendencia ascendente. Para dejarlo fuera de juego a Moroni, los funcionarios especificaron que el Estado nacional vuelve al teletrabajo al menos hasta el miércoles, con lo cual se armó una ventana de 9 días sin actividad en las oficinas públicas e invitaron a las provincias, municipios y privados a seguir ese camino. Hoy estarían las respuestas a esa convocatoria.
Ya uno de los infectólogos más destacados durante la pandemia, y una de las voces que escucha el Presidente en esa materia, Pedro Cahn, había anticipado que “si la cosa se desmadra, puede ser necesario que haya cierres”. Lo anunciado por Vizzoti y Cafiero parece el puntapié de esa idea.
Por eso desde distintas actividades económicas se encendieron las alarmas. En las últimas horas, el presidente del Centro Empresario de RíoCuarto, Atilio Lunardi, pidió que se evite avanzar sobre el comercio porque el sector viene atravesando una situación crítica, que se agravó fuerte con la pandemia y volver a cerrarlo podría empujarlo a una condición terminal. Lo mismo podría corresponderles a muchas otras ramas de actividad, como la turística, los gimnasios, los jardines maternales y bares, entre otros. Anoche, Cafiero hizo mención al turismo y pidió que sea una Semana Santa cuidada, tal como fue en enero y febrero. Pero el jefe de Gabinete obvió que el contexto es distinto. En aquel momento la curva de contagios estaba planchada mientras ahora está en alza y, en el caso de Córdoba, con dos departamentos bajo estricto análisis: Tercero Arriba y Capital, mientras algunas localidades puntuales también preocupan, como el caso de Laboulaye.
Frente a todo esto se abre el interrogante de hasta dónde el país puede frenar actividades económicas como lo hizo hace exactamente un año. ¿Resiste la Argentina otra cuarentena estricta? Al parecer hay unanimidad en que eso debe tratar de evitarse, aunque todo lo marcará el ritmo del Covid y la presión que pueda ejercer sobre los sistemas de salud. A diferencia del año pasado, hay un proceso de vacunación en marcha, 2,3 millones de contagiados que podrían tener inmunidad y un sistema de salud más preparado y con mayor experiencia. En la resolución de esa relación estará seguramente el resultado de las restricciones, en un año en el que el Gobierno necesita mostrar cosas positivas -especialmente económicas- rumbo a las elecciones.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal