Muchos se preguntan qué pasa con los niños o adolescentes que tienen capacidades diferentes, pues los caballos no son como los humanos, no discriminan, ven a todos los niños con los mismos ojos.
Un nuevo comienzo
es una oportunidad
Allá por el 2015, con muchas expectativas y ganas de hacer el bien, y con el objetivo de cubrir una necesidad y poder ejercer su profesión de la mejor manera, se unen tres profesionales: María Eva Salegas, educadora especial; su marido, Alejandro Flores, médico veterinario, y Marcelo Amante, sargento ayudante. Juntos inician un proyecto de equinoterapia en la ciudad de Huinca Renancó.
La equinoterapia es una terapia física y mental complementaria, donde el elemento central es el caballo, como herramienta terapéutica y auxiliar. A través del contacto con el caballo y de la motivación que éste genera, se buscan soluciones a los problemas de aprendizaje y adaptación que presentan las personas afectadas por alguna discapacidad.
Los principios en los que se basa la equinoterapia son los mismos en los que se basa la equitación en general y se pueden reducir a la transmisión del calor corporal del caballo, los impulsos rítmicos del dorso del caballo al jinete y la propagación de un patrón de locomoción tridimensional equivalente al patrón fisiológico de la marcha humana.
El trabajo que hacen estos tres profesionales es muy reconocido, no sólo por la predisposición, la confianza y el amor que le ponen a cada actividad, sino también porque lo hacen de corazón y ad honorem, que no es algo menor. Así como cuenta Salegas, ellos se quedan con las devoluciones de los padres, porque es algo impagable. Es maravilloso cómo ellos notan cambios, y eso es lo positivo y lo que los motiva a seguir por más. Son varios los casos en los que Salegas, Flores y Amante han logrado una mejoría, uno de ellos es el de Francisco Bongiovanni (8).
A sus cuatro años, a Francisco se lo empieza a notar disperso. Esa conducta le preocupa tanto a Graciela Bongiovanni, su mamá, como a su maestra de jardín. El médico le dijo que era muy chico para detectar la dispersividad y le recomendó empezar un tratamiento psicopedagógico, algo que no le pareció adecuado. Al tiempo, le comentan que estaban empezando a dar equitación, y decide llevar a su hijo.
Al principio llegó con mucho miedo y le costaba soltarse de su mamá. “Cuando llegamos lo llamaron a Francisco y Alejandro le dio la mano. Se fue con él, dieron una vuelta caminando, Alejandro con una mano llevaba al caballo y con la otra sostenía a Francisco. Cuando me quise acordar, Francisco ya estaba arriba del caballo, y así empezó equitación mi hijo”, expresa Bongiovanni.
El costo que implica hacer equitación es muy grande, teniendo en cuenta que se debe contar con el alquiler del caballo, montura y box. Por eso, es muy poco el porcentaje de personas que puede acceder a esta terapia.
De acuerdo con las investigaciones del diario digital Redacción, actualmente funcionan en el país más de 200 centros de equinoterapia, los cuales, en su gran mayoría, reclaman una ley nacional que regule la rehabilitación con caballos, para que las obras sociales y prepagas las incluyan dentro de sus prestaciones y, de esta manera, sean más los que puedan practicar esta terapia. Pero este no es un problema para el centro de equitación de Huinca Renancó, ya que hacen el trabajo ad honorem y sólo se pide una colaboración para el alimento de los caballos.
“El proyecto surge a raíz de que yo tenía una cantidad de animales muy mansos que eran utilizados para la Policía Montada. Cuando se dejó de trabajar con esto, me quedaron los caballos y entendí que podían cumplir la función de caballo terapéutico. Por este motivo, me fui a hacer el curso de ayudante terapéutico a la Escuela Provincial de Equinoterapia, en Córdoba. Después de un tiempo, le propuse a María Eva y Alejandro, que habían estado trabajando hace unos años con eso, formar un grupo interdisciplinario. Los motivos personales fueron la necesidad de cubrir la demanda porque, hablando con algunas personas, me decían que había dado buenos resultados la equinoterapia y no se había hecho más la actividad”, explica el sargento Amante.
En cambio, para Salegas y Flores, también fue una actividad que conjugó sus gustos personales. Ella como educadora especial siempre tuvo ese interés. Desde que iba a la facultad seguía publicaciones, tanto españolas como mexicanas, que hablaban del tema, y era algo que le gustaba mucho. Para Flores, como médico veterinario, de más está decir su interés por los animales, sobre todo los caballos. Fue un gran motivo poder ocuparse de buscar ejemplares adecuados para la actividad, priorizando sus condiciones de mansedumbre.
No todos los caballos son adecuados para ejercer de coterapeutas en una sesión de equinoterapia, es necesario que cumplan varias características como, por ejemplo, ser caballos nobles, con un temperamento dócil y tranquilo. También deben ser entrenados de manera natural (sin sometimiento), ya que esto asegurará la confianza en el caballo.
De acuerdo a lo que expresa el sargento Amante, es esencial primero contar con la capacitación humana y conseguir los animales acordes para la actividad, porque no todos son adecuados. También es fundamental el lugar donde se vaya a desarrollar la actividad por la atención de los niños y de los caballos, por una cuestión de pertenencia, para que se acostumbren a los ruidos o movimientos. Se necesita un lugar aislado de ruido y distracciones.
El tratamiento de hipoterapia para una persona debe empezar por conocerla, saber cuáles son sus posibilidades y sus limitaciones. Una vez realizado esto, es de suma importancia el primer contacto del niño o la niña con el caballo, se debe establecer una relación de confianza entre ambos, donde el jinete confíe en el caballo para, posteriormente, estar relajado cuando se suba a él. Al principio puede empezar dándole de comer, cepillándole el pelo y acariciándolo. Debe producirse contacto físico entre el animal y el paciente.
“Lo principal que pudimos observar fue lo que podés leer en cualquier página, sobre todo esto de chicos con muchos problemas motores, por ejemplo, una rigidez o niños espáticos que logran relajar su cuerpo gracias a la transmisión de calor corporal que les da el caballo, porque tienen una temperatura mayor a la de nuestro cuerpo. También en el caso del niño con una baja tonicidad muscular lo ayuda utilizar el caballo al trote, en un paso más ágil, para poder recuperar el tono muscular. Nosotros tenemos algunos niños con parálisis cerebral o espina bífida que no caminan y para ellos poder subir un caballo representa el movimiento de la marcha humana. Para nosotros es algo maravilloso lo que sienten los niños que tienen pocas posibilidades de movilizarse”, dice Salegas.
Independencia y seguridad
En el caso de Bongiovanni, después de haber asistido dos veces a equitación, ya se empezaron a notar grandes cambios: tomó mucha seguridad, generó gran confianza en sí mismo y se empezó desenvolver socialmente.
Al tercer sábado de equinoterapia lo invitaron a un cumpleaños. Su mamá, como cada vez que lo invitan a una fiesta, se preparó para quedarse con Francisco. Pero algo ya había empezado a cambiar en él, al punto que le pidió que lo dejara solo en el cumpleaños, “porque ya era grande”. Fue en ese momento cuando se pudieron ver los frutos de esta terapia.
“Lo ayudé a bajar, le di un beso y se fue, yo subí al auto y se me partía el corazón, porque fueron unos sentimientos muy encontrados. Yo estaba feliz de que él me hubiera soltado la mano y era producto de que estaba haciendo equitación”, expresa con emoción Bongiovanni.
Otro punto a favor de este tipo de terapias es que se desarrollan al aire libre, normalmente rodeados de vegetación, esto favorece el contacto con diferentes sensaciones y texturas, lo que causa un efecto muy beneficioso sobre el sistema sensorial y cognitivo sin hacer prácticamente ningún esfuerzo al respecto.
Tanto Salegas como Amante sostienen que la equitación es una terapia alternativa y un buen complemento para los profesionales que tratan distintas patologías, teniendo en cuenta que no es la solución definitiva al problema, pero sí una ayuda, una actividad complementaria que se puede manejar interdisciplinariamente con un profesional.
De acuerdo a lo que cuenta Bongiovanni, el avance de su hijo fue abismal, no sólo para él sino también para ella, ya que pudo encontrarse con otras madres, hablar de sus niños, con problemas parecidos, tener algo en común. “Lo bueno es poder hablarlo sin sentirse juzgadas ni observadas, porque en esta sociedad te ponen un rótulo por el hecho de tener ciertas dificultades”, expresa la madre de Francisco.
“Estoy feliz y agradecida totalmente con ellos hoy, después de cuatro años, porque ya este es el cuarto. No tengo más que palabras de agradecimiento para ellos, porque desde la primera vez yo noté avances en mi hijo”, manifiesta Bongiovanni.
Así como ella, hay muchos más padres agradecidos por el trabajo de estos tres profesionales. Lo que se vive cada sábado en la Sociedad Rural de Huinca Renancó no es sólo una terapia, es mucho más que eso. Es un ambiente cálido y familiar, donde no sólo se va a compartir un caballo y una actividad, entre mates y una porción de torta, sino que se aprenden valores para toda la vida.
* Estudiante de Ciencias de la Comunicación de la UNRC- María Eugenia Romero *