A las 10.30, cuando faltaban apenas minutos para que comenzara la colación programada este jueves, todo se detuvo como si alguien hubiera bajado un interruptor invisible. Un correo electrónico, recibido por autoridades académicas, contenía una advertencia tan brutal como inequívoca: la amenaza de explosivos en el campus y la posibilidad de “una masacre en vivo”. También mencionaba la llegada de una persona armada al predio.
La institución activó de inmediato el protocolo de emergencia más estricto. En cuestión de minutos, lo que era fiesta, se transformó en desconcierto. Todos debían abandonar el lugar urgente.
Y aunque muchos apenas habían llegado, la decisión no admitía segundas lecturas. Con un mensaje explícito, extremadamente violento y muy detallado. Y en un contexto global donde episodios similares en universidades del mundo terminan, a veces, en hechos fatales, la institución no dudó.
“Fue un correo que llegó a algunas autoridades. Apenas lo vimos, tuvimos que tomar una decisión”, explicó Juan Leyes, responsable de Relaciones Institucionales de la UBP a Puntal mientras el operativo aún seguía desplegado cerca del mediodía. “Convocamos de inmediato al Ministerio de Seguridad de la Provincia. Hoy había mucha más gente de la habitual: estudiantes, docentes, exámenes en curso, y además familiares por la colación. Era un día sensible”.
Leyes remarcó que el contenido del mensaje era extremadamente preocupante. “Nos alertó la amenaza de un atentado violento. No sólo explosivos: también se hablaba de una persona armada ingresando al campus. Con esa información la decisión fue suspender toda actividad. Lamentamos profundamente haber tenido que frustrar la colación, pero la seguridad de las personas era lo primero”.
Minutos después de la evacuación, el campus ya estaba bajo control de la Policía de Córdoba, que cerró los accesos y dispuso un cerco perimetral. Intervino la Brigada de Explosivos y equipos policiales especializados que inspeccionaron aulas, laboratorios, oficinas administrativas y el auditorio preparado para la ceremonia.
El comisario José Salgado, jefe de la Brigada, confirmó a Puntal que la investigación quedó bajo órbita judicial.
“Sabemos que esta amenaza se originó desde una plataforma, una aplicación de chat que usan mucho los jóvenes, vinculada a videojuegos. Toda la información que tenemos ya fue puesta a disposición de la justicia”, señaló.
Aunque evitó dar detalles específicos, sí precisó que los investigadores trabajan sobre el IP de la computadora desde la cual se realizó la amenaza. “Confiamos en que se va a individualizar al autor. Desconocemos aún el origen exacto, pero los elementos están. Lo principal, en el momento del operativo, era resguardar a quienes vinieron a disfrutar un evento que lamentablemente se frustró”.
La pista tecnológica apunta a Discord, una plataforma nacida para comunidades de videojuegos que hoy reúne a millones de usuarios en grupos privados de chat, voz y videollamadas. Allí coexisten estudiantes, gamers, docentes, streamers y una enorme cantidad de jóvenes que la usan para estudiar, socializar o compartir intereses.
Pero Discord también tiene otra cara: su estructura permite crear salas cerradas y perfiles anónimos, y en varios países, especialmente Estados Unidos, fue utilizada para difundir amenazas escolares, anuncios de tiroteos o advertencias de bombas. En algunos casos fueron falsas alarmas; en otros, terminaron en tragedia. El FBI, de hecho, ha intervenido en múltiples causas vinculadas a mensajes de este tipo.
En Córdoba, la amenaza enviada a la Blas Pascal tendría origen en esa aplicación. Los investigadores deberán determinar si el autor actuó desde una cuenta real, un perfil anónimo o mediante herramientas de ocultamiento digital que complican el rastreo.
Mientras la Brigada de Explosivos revisaba edificio por edificio, el silencio avanzaba sobre el campus. El verde impecable del predio y la arquitectura moderna contrastaban con la presencia de vehículos policiales, perros rastreadores y técnicos ingresando con equipamiento especializado. En la avenida Donato Álvarez, el tránsito se volvió lento: curiosos, vecinos y familiares esperaban detrás del vallado en una mezcla de preocupación y resignación.
Leyes insistió en que la prioridad fue proteger a la comunidad. “Sabemos el esfuerzo que hicieron las familias que viajaron de distintas provincias. Pero esta era la decisión correcta, cuidar a los presentes”.
La postal, inevitablemente, remitía a episodios similares vistos en universidades de Estados Unidos, donde un mensaje anónimo basta para paralizar un campus entero. La diferencia, quizás, es que aquí aún sorprende.