Rodrigo Modolo es el creador de Club Off Limits, la primera sala de destrucción de Córdoba, un espacio donde los participantes pueden romper televisores, impresoras, monitores y otros objetos para liberar tensiones durante algunos minutos.
La propuesta funciona bajo el concepto de "Rage Room", una modalidad que ganó popularidad en distintas partes del mundo y que ahora también tiene su versión cordobesa. El emprendimiento se convirtió en una de las experiencias más comentadas en redes sociales y recibe visitantes de distintas edades que buscan salir de la rutina con una actividad diferente.
En diálogo con Revista Ocio, Modolo explicó que la idea surgió de una reflexión personal durante una reunión con amigos. “La idea estaba una noche entre amigos y ahí digo: ‘¿Qué puedo hacer?’. Viendo la violencia que hay a veces y cómo la gente acumula cosas, pensé que necesitábamos un lugar para descargar”, recordó.
Aquella ocurrencia inicial se transformó con el tiempo en un negocio que encontró un nicho poco explorado en la provincia. Sin embargo, el emprendedor aclara que el objetivo nunca fue promover la violencia, sino ofrecer un espacio recreativo donde las personas puedan canalizar emociones en un contexto seguro. “Necesitamos a veces descargar eso. No vamos a solucionar nada, pero sí aliviar el momento”, sostuvo.
La experiencia comienza mucho antes del primer golpe. Quienes visitan Club Off Limits realizan un recorrido diseñado para generar clima y preparar el cuerpo para la actividad principal. “Siempre tenemos un circuito. Primero pasan por una sala de grito, después por dardos y boxeo para entrar en calor. Luego pasan a romper dependiendo del pack que la persona elija”, explicó.
Una vez completada esa etapa, llega el momento más esperado. Los participantes pueden destruir distintos elementos electrónicos y objetos de uso cotidiano, entre ellos teclados, CPUs, impresoras, monitores y televisores. Algunos paquetes incluso incluyen una guerra de almohadas para complementar la experiencia.
Entre todos los objetos disponibles, hay uno que sobresale por encima del resto. “Por semana estamos en los 10 televisores más o menos. Dependiendo del tamaño, a veces LCD y otras veces los televisores de tubo”, detalló Modolo.
Aunque los televisores suelen ser protagonistas, el emprendedor aseguró que las impresoras son los elementos más solicitados por quienes llegan al lugar con ganas de descargar tensiones acumuladas.
Detrás de cada sesión también existe una lógica vinculada al cuidado ambiental. Los objetos que terminan destruidos no son comprados especialmente para la actividad, sino que provienen de empresas y servicios técnicos que necesitan deshacerse de residuos electrónicos. “Tenemos acuerdos con algunas empresas o servicios técnicos. Ellos no pueden tirar esos residuos en cualquier lado, así que les damos una segunda oportunidad”, señaló.
Una vez finalizada cada jornada, los restos son enviados a plantas especializadas para su tratamiento y reciclado. “Los residuos van a un centro verde y ahí se encargan de toda la separación”, explicó.
Actualmente, la experiencia ofrece distintas alternativas según el tipo y la cantidad de elementos que se deseen destruir. Los valores parten desde los $35.000 y llegan hasta los $102.500 para dos personas. Todos los paquetes incluyen las actividades previas, el ritual de romper platos, decenas de botellas de vidrio y un video personalizado para que los participantes se lleven un recuerdo de la jornada.
A pesar del éxito alcanzado, el emprendedor insiste en que la actividad no reemplaza ningún tratamiento profesional ni pretende resolver problemas personales.
“Considero que es una experiencia sumamente liberadora. Acá no vamos a solucionar ningún problema, pero sí vamos a ayudar a aliviar a la gente un mal momento que está pasando”, sostuvo. Y agregó: “También es una oportunidad para tener un plan diferente con amigos, en pareja o en familia”.
Club Off Limits funciona todos los días de la semana, entre las 16 y las 22, con reserva previa. Los momentos de mayor movimiento suelen concentrarse los miércoles, sábados y domingos.