Raulito: la empresa cordobesa que vio pasar 25 gobernadores, crisis económicas y dictaduras militares, y ahora apunta a Medio Oriente

Fundada en 1956 por Egidio y Alfredo, la histórica marca familiar produce 10.000 unidades diarias en Córdoba, mantiene intactas sus recetas originales y está a un paso de concretar su primera exportación al mundo árabe

 

La historia de una de las marcas de mermeladas más tradicionales de Córdoba comenzó a escribirse en 1956, cuando Egidio y Alfredo, dos jóvenes emprendedores unidos por la amistad y la pasión por la gastronomía, decidieron fundar la empresa. Casi siete décadas después, la firma anunció que se encontraba cerca de concretar exportaciones a Medio Oriente, luego de participar en una feria internacional en Dubái.

La compañía produce unas 10.000 unidades por día en su planta de Córdoba y mantiene intacta la esencia familiar que la vio nacer. Durante su trayectoria atravesó 18 presidencias, 25 gobernaciones provinciales, dictaduras, democracias y crisis económicas, sin modificar las recetas originales ni reducir la calidad de sus productos.

El vínculo con la mermelada, sin embargo, se inició antes de la fecha oficial de fundación. En 1954, un pequeño de apenas dos años llamado “Raulito”, hijo de Egidio, acompañaba a su padre a repartir la producción por las calles cordobesas. De noche, la familia elaboraba los dulces, de día, salían en un triciclo a entregar cada frasco en mano. Ese esfuerzo marcó el espíritu de trabajo que sigue guiando a la empresa.

Hoy, la firma trabaja con fruta desecada proveniente de Mendoza, San Juan, Catamarca y La Rioja. Su catálogo incluye nueve sabores clásicos (durazno, higo, zapallo, naranja, damasco, ciruela, pera, manzana y membrillo), a los que se sumaron tomates triturados, dulce de leche, almíbares y nuevos desarrollos como alfajores frutales.

Cristian Ulloque, representante de la tercera generación al mando, cuenta en Punto a Punto: “Hay mucha historia en nuestra marca. Vamos a cumplir 70 años en 2026. Raulito hoy tendría 73 años. Él falleció a temprana edad. Él sí existió. La empresa siempre produjo con la misma calidad. Pasaron 18 presidentes, 25 gobernadores de Córdoba y seguimos acá. Muchas dictaduras, democracias… cuando analicé distintas cuestiones, empecé a valorar mucho esto de no cambiar y bajar la calidad”.

Sobre la proyección internacional, Ulloque afirmó: “Nosotros no manipulamos el producto, no usamos absolutamente nada raro. Siempre está en nuestros planes la exportación. Está bueno diversificar el mercado. Este puré de tomate nuevo podemos producirlo a gran escala. Nos presentamos en una feria de Dubái y estamos con un tipo de cambio bastante bajo, pero si se acomoda, vamos a empezar a exportar este producto. Todavía no exportamos en volumen, pero estamos cerca. La demanda local sigue siendo nuestra prioridad”.

El empresario no evitó referirse a las dificultades que enfrenta la industria: “El sistema fiscal es asfixiante, la presión sobre los costos es enorme. Necesitamos un país ordenado, pero con actividad. No sirve tener las cuentas fiscales ordenadas si la gente está empobrecida”.

En casi 70 años de actividad, la marca construyó un lazo emocional único con sus consumidores. Ulloque lo explicó así: “La gente nos dice que nuestra mermelada les recuerda a su infancia, a sus abuelos, a momentos felices. Ya desde que ven el envase se produce esa conexión emocional. Nosotros siempre fuimos un poco más caros que otros, pero nunca bajamos la calidad. Y eso la gente lo valora. Muchos nos llaman por teléfono, nos preguntan por sabores, y si hace falta vamos hasta sus casas. Esa conexión no tiene precio”.

El camino que llevó a esta pyme familiar desde un triciclo cargado de mermeladas a proyectar negocios en Medio Oriente es una combinación de tradición, calidad y una persistencia que sobrevivió a cambios políticos, vaivenes económicos y modas de consumo. Y aunque la mirada ya esté puesta en nuevos mercados, la marca asegura que seguirá fiel a su receta original, la misma que acompañó a generaciones de argentinos.