Opinión | Coronavirus

El pastorcito que grita sobre el coronavirus

Finalmente, y después de tantas advertencias, el Covid-19 llegó a Río Cuarto y a varias ciudades de la provincia en la última semana. Justo cuando las medidas de prevención estaban más relajadas. El gran desafío es volver a cumplir las prácticas básicas individuales
El ministro Cardozo fue duro en los últimos días sobre los riesgos que se enfrentan. “No esperemos a apilar muertos”, dijo.  

Los teléfonos ardieron a medida que la noticia publicada por este medio -sobre un nuevo caso de coronavirus confirmado en un hombre de 51 años que por razones de trabajo iba y venía frecuentemente a Jujuy- fue ganando terreno en la ciudad y la región. Es que mientras los días sin nuevos enfermos corrían, la pregunta reiterada era qué iba a pasar con toda la actividad puesta en marcha en la ciudad el día que se registraran casos de Covid-19 nuevamente. Era un hecho que el día iba a llegar porque hasta aquí, más allá de los esfuerzos realizados como comunidad, la suerte tenía su cuota y permitía que Río Cuarto se mantuviera en zona blanca. Pero eso iba a encontrar naturalmente un límite. Nadie creía seriamente que la ciudad podía estar al margen de la pandemia a largo plazo. Y llegó.

El desafío no menor ahora es que, con este cambio de escenario, se hace imperioso acelerar nuevamente la toma de conciencia que se había relajado en su traducción a los comportamientos. No es ningún secreto que en los últimos fines de semana, y con el acompañamiento del clima, los espacios verdes de la ciudad se habían poblado de personas pintando un paisaje propio de la era prepandemia. Pero no fue sólo una característica local. En Marcos Juárez, que hace 10 días estaba en zona blanca como Río Cuarto, la llegada del primer caso y luego las decenas que se sumaron, provocaron una vuelta de campana en esa ciudad. El intendente, Pedro Dellarossa, admitió que desde hacía unas semanas los vecinos habían abandonado el férreo comportamiento que mostraron a comienzos de la cuarentena y que se hacía muy difícil llegar con el mensaje de continuidad de las medidas preventivas.

Por eso, con el virus en nuestra ciudad, ese mismo comportamiento debería corregirse. Y lo que es una mala noticia sanitaria como la confirmación de un caso de coronavirus en Río Cuarto, puede ser también el mejor mensaje para que la comunidad vuelva a levantar la guardia en materia de prevención. De hecho, algunas autoridades observaban que, más allá de que el clima no acompañó ayer, se registró un fuerte contraste entre el sábado y el domingo. El comienzo del fin de semana fue con una multitud en plazas y parques, utilizando en muchos casos juegos y aparatos de gimnasia en espacios saludables ubicados en distintos barrios de la ciudad. Muchas de esas prácticas no están permitidas y sin embargo parecía no importar demasiado. Tampoco se observaron férreos controles preventivos. Claro que hay una primera responsabilidad de cada uno frente a la pandemia que debería volver a cumplirse mediante las prácticas básicas del lavado de manos permanente, el distanciamiento social, el uso del barbijo y la no realización de reuniones.

Las autoridades provinciales y locales insistieron hasta el hartazgo con ajustar los comportamientos. Lo hicieron desde el Ministerio de Salud, cuando el propio titular Diego Cardozo pidió “no esperar a amontonar los muertos para recuperar la conciencia del peligro”. El mensaje fue al hueso y buscó sacudir a los cordobeses. Lo reforzó también la secretaria de Prevención, María Gabriela Barbas, y más tarde, el propio intendente Juan Manuel Llamosas apuntó en la misma dirección. Pero esa comunicación no está teniendo ya la potencia de un comienzo. El cansancio de la población resulta innegable después de 122 días de restricciones. Pero además, en muchas ciudades transcurrieron en gran medida sin casos positivos y eso también relativiza el efecto. Es como la vieja fábula del pastorcito de Esopo y la advertencia por el peligro que no llega; hasta que un día aparece. En este caso no se parte de una mentira, como en el cuento, sino de una advertencia ante el riesgo latente del virus. Naturalmente ahora se espera un ajuste del comportamiento.

Lo cierto es que del nuevo caso se desprende también una mayor incertidumbre de las distintas actividades económicas que recuperaron su movimiento en las últimas semanas, al tiempo que erosiona las expectativas de aquellas que aún no lograron retomar y esperan un guiño de las autoridades. Con la presencia del virus esas esperanzas se diluyen.

Pero los sectores comerciales e industriales de la ciudad miran de reojo la envergadura que alcance el virus, al tiempo que ajustan los controles y protocolos pertinentes a cada actividad. “Estamos comenzando muy lentamente a retomar la actividad y en las últimas semanas vimos que de a poco se fue moviendo, pero después de observar lo de Marcos Juárez la semana pasada, no hay dudas de que todos tenemos temor de que algo así pueda pasar y tengamos que volvernos para atrás. Sería terrible”, admitió ayer un dirigente mercantil de la ciudad.

La situación económica para muchos que lograron sortear todo el primer tramo de cuarentena estricta es límite, mientras muchos otros ya quedaron en el camino y decidieron bajar definitivamente la persiana.

Las autoridades sanitarias insisten en que “hay que pasar el invierno”, lo que implica llegar al menos hasta septiembre. En agosto, se espera tal vez lo peor. Y para eso falta apenas 11 días. Después imaginan que las tasas de contagio comenzarán a descender y empiezan también a abrazarse a la esperanza de una vacuna a escala planetaria.

Mientras tanto, el mensaje con el que machacarán es el de extremar los cuidados individuales, de no salir más de lo necesario de los hogares y cumplir con todas las medidas preventivas.