Opinión | crecimiento

Sin un crecimiento más homogéneo, ¿hay reelección?

El revés legislativo por la ley de extranjerización de tierras y el crecimiento de la pobreza marcaron una semana de máxima complejidad para el Gobierno. La economía real le reclama respuestas, más allá de la premisa de que “la micro se ordena sola”

El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, fue uno de los apuntados por el revés legislativo.

 

La que acaba de finalizar no estará entre las semanas mejor recordadas por el presidente Javier Milei. El Gobierno se enredó en una disputa legislativa por una ley de extranjerización de la tierra que se terminó convirtiendo en una telaraña de la que no supo cómo escapar. Lo insólito es que fue impulsada por el propio oficialismo en el Senado, con el aval del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, y el protagonismo parlamentario de Patricia Bullrich. Las dos figuras que quedaron bajo el fuego cruzado libertario. Sin posibilidades de prosperar en el debate, el oficialismo decidió retirar ese capítulo de la discusión parlamentaria antes de iniciar la sesión. Pero en el combo legislativo y ante la inestabilidad manifiesta que le generó en el Senado, a último momento también retiró la iniciativa que buscaba modificar la Ley de Manejo del Fuego. Se deshilachó la ley y se deshilachó el oficialismo, en el mismo acto.

Para colmo de males, con la idea de ampliar el porcentaje de tierras que podrían ser vendidas a extranjeros en el país, el Gobierno unificó en la vereda de enfrente a una gran variedad de expresiones, muchas contrastantes entre sí, pero especialmente refractarias a la idea promovida por “El Coloso”. Por supuesto que el principal bloque opositor hizo una férrea crítica, pero obvia dentro del juego político. El impacto determinante fue el que llegó desde figuras de la selección argentina de fútbol, como “Licha” Martínez (uno de los que mostró la banadera de las Islas Malvinas luego de la victoria ante Inglaterra en el mundial); de la cultura, como Tini Stoessel, Emilia Mernes, Dillom, Nicki Nicole, La Joaqui, L-Gante, Ca7riel y Rosalía. El Gobierno no pudo detectar lo que ocurría con el proyecto, especialmente con un telón de fondo aún fresco de fuerte malvinización. Una corriente que hacía mucho no se observaba y que fue ignorada. Cierta desconexión manifiesta del Gobierno con la calle parece un rasgo persistente. Está claro que desde su génesis, la fuerza libertaria tuvo un mayor entendimiento y comodidad con el mundo virtual de las redes.

Sin embargo, hasta aquí, se movió con fluidez en ese ambiente bajo las premisas de que se estaba avanzando en el camino correcto, que se seguían corrigiendo las consecuencias del pasado y que el esfuerzo ya empezaba a ofrecer frutos evidentes. La consigna fue: ante el desastre heredado, el esfuerzo necesario para revertir la aguda situación iba a desembocar en un crecimiento por décadas para el país. Se mostraron avances en materia de inflación, equilibrio fiscal, política cambiaria, crecimiento de exportaciones y sectores dinámicos como el agro, la minería y la energía.

Sin embargo, todos esos logros, en poco más de dos años y medio de gestión, no están alcanzando para que la mayoría de la población observe que en su metro cuadrado la situación cambió para mejor. Más bien, a muchos les ocurrió todo lo contrario: perdieron sus puestos de trabajo formales y debieron echar mano a una ocupación informal, perdiendo beneficios sociales e ingresos; otros se quedaron sin empleo. Se suman los que cerraron sus comercios o sus pymes; los que recortaron ventas y producción.

A ese mundo por ahora el Gobierno decidió no prestarle atención. Prefiere insistir en que el consumo vuela y que la economía crece a un ritmo del 3%, más allá de su configuración interna que tiene a sectores en franca expansión, pero de poco peso laboral, como energía y minería; y otros que siguen sin hacer pie, a 30 meses del inicio de la gestión, como construcción, industria y comercio, todos de empleo intensivo.

Se sumó esta semana un dato muy complejo: creció la pobreza y volvió al terreno del 30%. No fue una sorpresa si se considera lo ocurrido en el cierre de 2025 y el primero trimestre de 2026 con la inflación, los salarios y la distribución del ingreso. Es un indicador más de que en la calle no todo responde a las premisas oficialistas y muestra una desconexión importante y riesgosa en términos políticos, cuando la elección nacional está a la vista.

A esta altura, con los datos de la pobreza sobre la mesa, parece evidente que si el Gobierno no trabaja con decisión para mejorar la economía real, el escenario que tiempo atrás parecía “paseo por el parque”, como lo definió el ministro Luis Caputo, puede ahora asemejarse más a una carrera sinuosa con obstáculos. No tanto por las opciones que hay -al menos por ahora- como contrincantes. Porque en la oposición reina la fragmentación y las peleas intestinas. Pero cuando los oficialismos pierden vigor, las piezas enfrente empiezan mágicamente a encajar y amalgamarse. Las une el aroma a poder que empiezan a percibir.

Por eso, la mejor defensa libertaria ya no será el discurso triunfalista y la denostación de quienes piensan diferente u observan falencias en la gestión. Por el contrario, el foco deberá estar en un crecimiento más homogéneo de los sectores que permita disimular los enormes desequilibrios que los datos oficiales del EMAE muestran en su interior. Porque más allá de que el Gobierno insiste en que la micro se ordena sola, a esta altura resulta obvio que al menos debería mostrar empatía y ocupación para multiplicar los beneficios focalizados de hoy.