Provinciales
Cuando el museo se fue a orillas del río
Todos los colores de la ciudad laten en la margen del Ctalamochita. Porque una carpa de colores como una carpa recién pescada en la montaña, se ha levantado como un duomo en la llanura. Sin embargo, es apenas una sucursal de la casa mayor de las bellas artes en la ciudad: el Museo Bonfiglioli, que en mayo cumple medio siglo de vida.
“La idea de estas actividades es siempre la misma: sacar el museo a la calle, que no se vuelva una estructura anquilosada que sólo espera que la visiten”. Quien dice estas palabras es la directora de la entidad, Analía Godoy; responsable junto a su equipo de un excelente trabajo de visibilización y extensión del Bonfiglioli.
-A grandes rasgos, la carpa del museo se divide en tres: galería de arte, mundo aparte y backstage. ¿Podemos empezar por la primera?
-La galería reúne obras de 21 artistas locales y de la zona. Como este es el tercer año de la carpa en las Peñas, se abrió una convocatoria. Y a los 10 artistas del año pasado se sumaron once. Las obras enmarcadas arrancan de los mil pesos y las de pequeño formato de los 200 pesos. Son precios muy accesibles para tener un original en casa. Y esta es la idea también. Fomentar la compra de obra de arte.
-¿Cómo definirías esta muestra?
- Como una exposición donde prima la diversidad. Porque no sólo hay óleo, acuarela, dibujo y escultura, que es lo más tradicional; sino también grabado, fotografía, collage y diseño de indumentaria. Este año se han sumado artistas de formaciones muy diversas y por eso esta variedad. La idea es que esta carpa sea un lugar donde activarse artísticamente, sobre todo para aquellos que aún no tienen mucha trayectoria. Hay muchos artistas jóvenes, como María José o Carolina, que están a cargo del stand esta noche. Y otros de mayor recorrido, como Coqui Podestá, Luciana Villarreal o Gabriela Manfredi, todas profesoras de Bellas Artes.
-Pasemos “Mundo Aparte”, que es la parte dos. ¿Podría decirse que es una gran instalación?
-Sí, algo de eso hay. Yo lo definiría como una representación didáctica y funcional de las obras emblemáticas del museo. Y si hemos podido hacerlo, es gracias a los artistas locales que trabajaron con muchísimo entusiasmo y talento.
-¿Qué se encontrarán quienes entren a la “carpa grande”?
-Encontrarán un ambiente lúdico hecho de con cubos mágicos de retratos que hay en el museo, una habitación-pelotero con almohadones de colores para los chicos sacada de uno de los cuadros, y la “máquina del tiempo”; donde a través de paisajes urbanos de Bonfiglioli uno viaja a otras épocas de la ciudad. Es muy recomendable para grandes y chicos.
Y, efectivamente, en el sector “Mundo Aparte” puede verse una multitud de familias que han hecho “rancho aparte”, casi un alto del recorrido peñero entre gigantografías artesanales del museo. Y mientras los nenes juegan en el pelotero o giran las bandejas de los enormes cubos, los mayores observan las representaciones de gran formato. Como la de aquel grabado llevado a escala humana y con los personajes dibujados de frente y de espaldas; derecho y revés. De modo que uno se pueda meter en el cuadro. A lo que Godoy comenta que “esa es precisamente la idea de esta sección, que la gente pueda cumplir el viejo sueño de meterse adentro de la obra”.
El “backstage” o parte tres queda para el final. Afuera de la carpa y bajo las estrellas, un grupo de escultores comandados por Sebastián Sáenz amasa, estira, graba y coce a fuego lento blandas placas de cerámica. Lo hacen con la meticulosidad de cirujanos y la paciencia sumeria en el grabado cuneiforme.
“Estas placas irán pegadas a un monumento que estamos haciendo por los 50 años de las Peñas y también del Museo ¿Será casualidad que cumplamos medio siglo con sólo cien días de diferencia?”, concluye Analía.
Iván Wielikosielek
“La idea de estas actividades es siempre la misma: sacar el museo a la calle, que no se vuelva una estructura anquilosada que sólo espera que la visiten”. Quien dice estas palabras es la directora de la entidad, Analía Godoy; responsable junto a su equipo de un excelente trabajo de visibilización y extensión del Bonfiglioli.
-A grandes rasgos, la carpa del museo se divide en tres: galería de arte, mundo aparte y backstage. ¿Podemos empezar por la primera?
-La galería reúne obras de 21 artistas locales y de la zona. Como este es el tercer año de la carpa en las Peñas, se abrió una convocatoria. Y a los 10 artistas del año pasado se sumaron once. Las obras enmarcadas arrancan de los mil pesos y las de pequeño formato de los 200 pesos. Son precios muy accesibles para tener un original en casa. Y esta es la idea también. Fomentar la compra de obra de arte.
-¿Cómo definirías esta muestra?
- Como una exposición donde prima la diversidad. Porque no sólo hay óleo, acuarela, dibujo y escultura, que es lo más tradicional; sino también grabado, fotografía, collage y diseño de indumentaria. Este año se han sumado artistas de formaciones muy diversas y por eso esta variedad. La idea es que esta carpa sea un lugar donde activarse artísticamente, sobre todo para aquellos que aún no tienen mucha trayectoria. Hay muchos artistas jóvenes, como María José o Carolina, que están a cargo del stand esta noche. Y otros de mayor recorrido, como Coqui Podestá, Luciana Villarreal o Gabriela Manfredi, todas profesoras de Bellas Artes.
-Pasemos “Mundo Aparte”, que es la parte dos. ¿Podría decirse que es una gran instalación?
-Sí, algo de eso hay. Yo lo definiría como una representación didáctica y funcional de las obras emblemáticas del museo. Y si hemos podido hacerlo, es gracias a los artistas locales que trabajaron con muchísimo entusiasmo y talento.
-¿Qué se encontrarán quienes entren a la “carpa grande”?
-Encontrarán un ambiente lúdico hecho de con cubos mágicos de retratos que hay en el museo, una habitación-pelotero con almohadones de colores para los chicos sacada de uno de los cuadros, y la “máquina del tiempo”; donde a través de paisajes urbanos de Bonfiglioli uno viaja a otras épocas de la ciudad. Es muy recomendable para grandes y chicos.
Y, efectivamente, en el sector “Mundo Aparte” puede verse una multitud de familias que han hecho “rancho aparte”, casi un alto del recorrido peñero entre gigantografías artesanales del museo. Y mientras los nenes juegan en el pelotero o giran las bandejas de los enormes cubos, los mayores observan las representaciones de gran formato. Como la de aquel grabado llevado a escala humana y con los personajes dibujados de frente y de espaldas; derecho y revés. De modo que uno se pueda meter en el cuadro. A lo que Godoy comenta que “esa es precisamente la idea de esta sección, que la gente pueda cumplir el viejo sueño de meterse adentro de la obra”.
El “backstage” o parte tres queda para el final. Afuera de la carpa y bajo las estrellas, un grupo de escultores comandados por Sebastián Sáenz amasa, estira, graba y coce a fuego lento blandas placas de cerámica. Lo hacen con la meticulosidad de cirujanos y la paciencia sumeria en el grabado cuneiforme.
“Estas placas irán pegadas a un monumento que estamos haciendo por los 50 años de las Peñas y también del Museo ¿Será casualidad que cumplamos medio siglo con sólo cien días de diferencia?”, concluye Analía.
Iván Wielikosielek