Algunos en familia, otros en soledad, algunos enarbolando un mensaje, otros sólo movilizados por el espíritu aventurero o una elección de vida, son decenas de argentinos y extranjeros que hace meses venían recorriendo el país. Pero la declaración de cuarentena por la pandemia del coronavirus los encontró y ancló en distintas partes de este gran territorio, y hasta en países limítrofes. Otros tuvieron la oportunidad de regresar a sus pueblos y aquellos que quedaron lejos de su patria hallan refugio en la casa de algún amigo.
Este informe vuelve sobre las historias ya contadas por Puntal tiempo atrás sobre las experiencias de estos viajeros. Y su realidad hoy en medio de la cuarentena y cómo la viven.
Los Masceratta, hogar de viajeros
Los Masceratta son oriundos de Laboulaye, son una familia que aunque reconocen esta ciudad como su hogar, se sienten nómades por naturaleza y, en un furgón de los años 70, desandan sus aventuras por el país y el mundo.
Cuando ya tenían alistado el Mercedes 608, furgón con el que han recorrido algunos países de Latinoamérica y trazado un nuevo mapa de ruta, esta pandemia los sorprendió en su casa de Laboulaye y la partida se postergó quién sabe hasta cuándo.
Pero ellos siempre han sido agradecidos de cómo los han tratado en el camino en cada lugar, donde hay alguien que tiende una mano, que ayuda en cualquier cosa, incluso con el alojamiento, tal como se relató por este medio anteriormente.
Hoy, y en medio de esta emergencia, la casa de los Masceratta se convirtió –sin pensarlo- en un refugio de viajeros, que pasan allí la cuarentena.
Eloísa, la dueña de casa, comentó a Puntal que una familia de ecuatorianos, que venía viajando de hace seis meses por Argentina, fue sorprendida por la estricta orden de resguardarse en una casa (lo que en esas condiciones era casi imposible) y allí estuvo la mano solidaria de los Masceratta.
Los ecuatorianos son Alex Miño, Julia Castillo y sus hijos Julián y Alice, quienes viajan en una camioneta tipo rural Mazda de los años 80.
Ellos son oriundos de la ciudad de Ibarra, cerca de la frontera con Colombia.
Los Masceratta son oriundos de Laboulaye, son una familia que aunque reconocen esta ciudad como su hogar, se sienten nómades por naturaleza y, en un furgón de los años 70, desandan sus aventuras por el país y el mundo.
Pero la historia no concluye aquí, porque el raidista Fabricio Ariel Díaz es de Olavarría y hace 3 años viene viajando por el país a bordo de su bicicleta y cuando la cuarentena lo alcanzó justo en Laboulaye, recibió el calor del hogar de los Masceratta.
Por último, Juan Cruz Salaverry es de Florencio Varela (Buenos Aires), quien con su mochila a cuestas justo llegó a Laboulaye y también terminó hospedado por esta familia, que debe ser una de las más hospitalarias del sur provincial.
Mezcla de aromas
Sin perder su habitual buen humor, Eloísa, la dueña de casa, dijo que esta es una experiencia muy singular porque, además de fomentar la amistad, "soportando la cuarentena todos juntitos", aprenden cosas nuevas.
Por ejemplo, ahora estaban abocados a conocer nuevas técnicas de la comida ecuatoriana, más otro tipo de labores vinculadas con la cultura de aquel país. También están aprendiendo macramé.
Los más chicos, en tanto, hacen las tareas escolares utilizando internet. Para los menores de estas familias, no es novedad estudiar a distancia; es que la vida nómade de sus padres los introdujo desde muy temprano a utilizar las herramientas tecnológicas para cursar la escuela.
"La única diferencia es que ahora las seños son de acá de la escuela de Laboulaye", agregó la mamá.
En realidad es una acción comunitaria la que se vive en la casa de los Masceratta que no se distingue precisamente por ser amplia, pero, con buena voluntad, mucho humor, se soluciona todo. De igual modo, ocurre con la comida.
"Sucede que todos somos viajeros y estamos acostumbrados a comidas sin tantas pretensiones. Por ejemplo, en estos días utilizamos mucho el arroz", explicó Eloísa.
“Apenas pase esto, nos vamos”
Lucas Masceratta indicó que a la hora de dormir todos han encontrado una solución.
La familia ecuatoriana duerme en su camioneta; el ciclista y el mochilero duermen en el camioncito Mercedes 608 de la familia que ya está adaptado para vivir dentro de él y los Masceratta usan las habitaciones disponibles en la casa.
“Todo es con muy buena onda, todos estamos acostumbrados a viajar y dormir en cualquier lado", precisó Lucas.
Tras el diálogo con Puntal, la vida de estos viajeros sigue su transcurso normal. Reconocen que la emergencia sanitaria obliga a ser responsables, cuidarse y cuidar a los demás.
Lucas admite que circunstancias como éstas ponen a prueba la voluntad y los gestos solidarios, pues, sostiene, es difícil encontrarse en medio de una cuarentena y lejos de casa.
Por ello fue una decisión familiar abrir sus puertas y cobijar a estos viajeros que quedaron varados en medio de la ruta. Y menciona que en el caso de los viajeros de Buenos Aires “los corrían de todos lados. Nadie les daba albergue”.
"Seguramente toda esta pandemia va a ser una anécdota más de las tantas que cosechamos con la gente viajera, aunque esta vez la tenemos que relatar desde casa", afirmó finalmente.

