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La cuarentena y los consumos problemáticos: es tiempo de palabras

Ahora que la prisa está en cuarentena y podemos detenernos a mirar lo que ocurre a nuestro alrededor, es un buen momento para hacernos algunas preguntas. ¿Cuál es el uso del tiempo que hacemos? ¿Cuál es la relación que tenemos con las personas con las cuales convivimos? ¿Qué nos pasa y qué les pasa a los demás, a los otros que están en condiciones diferentes de las nuestras?

Solemos repetir que es un tiempo de cuidarse pero también estamos aprendiendo qué significa cuidarse. Porque, a veces, no hacer todo lo que uno quiere también es cuidarse y cuidar a los otros.

Es un tiempo, también, para preguntarnos por aquello que consumimos. Cuando me consultan qué pasa con los consumos problemáticos en tiempos de pandemia, digo que es importante primero que todos nos preguntemos qué pasa con los consumos en general, y con los consumos de sustancias y los consumos problemáticos en particular.

Algo que siempre ordena para empezar a analizar: cualquier situación de consumo tiene que ser interpretada desde una perspectiva de complejidad que tenga en cuenta la conjunción de persona, objeto y contexto. Esto sirve para cualquier tipo de consumo. No consumimos igual en un evento social, con amigas o amigos, si estamos solas, solos o en familia. Hay algo del contexto que está dado también por nuestras posibilidades económicas de acceso a determinados consumos, por leyes, normas, valores.

En segundo lugar sobrevienen las preguntas respecto de la persona. Quién es, qué le pasa, de dónde viene, cuál es su noción de cuidado, el cuidado propio y el comunitario. Qué relación tiene con su cuerpo, cuáles son sus posibilidades de acceso a un sistema de salud. En suma: qué trayecto de vida tiene.

Esa construcción de la subjetividad que nos vuelve únicos es lo que se pone en juego a la hora de relacionarnos con aquello que consumimos y con el valor que le adjudicamos, en la medida en que eso viene a ocupar el lugar de la palabra, de cuestiones que no están dichas.

Dentro y fuera

En estos tiempos de cuarentena, en los que el mandato es estar adentro para cuidarnos, la preocupación es no quedarnos adentro de nosotros mismos, sino darnos un tiempo de mediación entre lo que nos pasa y lo que consumimos. Ponerle una pregunta: para qué estamos consumiendo. Si alguien cree que lo que consume tiene el poder de calmar lo que le pasa en cuarentena, olvidarse del tiempo que estamos pasando, eso debería convertirse en una alerta para nosotros.

En este tiempo, nos sentimos protegidos por las políticas ordenadoras que el Estado marca a través del sistema de salud, en torno de cómo hay que cuidar a una sociedad.

Hacer políticas públicas en relación con los cuidados colectivos y los consumos problemáticos significa para nosotros poder sostener en cuarentena los tratamientos de personas en los espacios que tenemos de atención comunitaria y el acompañamiento mediante la atención remota. Es decir, una intervención profesional para ayudar a desarmar eso que se venía transitando.

Y para la sociedad toda, tener un lugar donde poder pedir ayuda, conectarse y no quedarse solo, como en este momento es nuestra línea 141, un espacio de escucha y orientación en relación con el consumo de sustancias, de las cuales el alcohol es por la que más consultas se están recibiendo. También, dar recomendaciones acerca de cómo cuidarnos entre todos y cuáles son las motivaciones reales de consumo que tenemos en este tiempo.

Sin dudas, es una oportunidad de vincularnos con nuestros hijos e hijas, por ejemplo, para acercarnos y conversar. Y de acompañar un consumo problemático dentro de nuestra familia, entendiendo que el contexto de esa persona somos todos los que estamos alrededor.

Entonces no la vamos a culpar; vamos a ver de qué manera podemos acompañarla y ayudarla con las posibilidades que tengamos: virtuales, telefónicas, a través del balcón, en la vereda, en un espacio comunitario.

Es con otros que vamos a transitar mejor este momento. Sin adormecernos, sin que la sustancia nos provoque mayor malestar, físico y psíquico.

En ese juego en relación con aquello que nos une y aquello que nos diferencia por el propio trayecto de cada uno, es donde podemos construir cómo queremos vivir, incluso como sociedad. Y si cuidamos la relación con los demás es porque estamos valorando cuánto nos necesitamos.

Gabriela Torres

Titular de la Sedronar