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Los hechos de Tarará: Un documental narra la historia de los niños de Chernobil tratados en Cuba

Ernesto Fontán es el director de la película que se estrenó esta semana sobre el programa médico que dio asistencia a más de 26 mil pequeños afectados por la explosión de la central nuclear ucraniana. Silvio Rodríguez, Aleida Guevara e Ignacio Ramonet brindan algunos de los testimonios que se pueden escuchar en la investigación

“Era mediados de 2018 y al año siguiente se cumplirían 60 años de la Revolución Cubana. Luego de hacer una investigación con el objetivo de realizar una película relacionada a Cuba y la solidaridad, desde el Espacio de la Fraternidad Argentino Cubana, surgió la idea de hacer un documental sobre Tarará”, relata Ernesto Fontán, director de este documental que se estrenó esta semana y que ha emocionado por la particular historia que narra: el programa cubano para recibir a los sobrevivientes de la explosión de la central nuclear ucraniana de Chernobil.

En diálogo con Puntal, el cineasta comentó la experiencia de la filmación y lo atrapante de esta historia poco conocida. “Desde 2016 trabajamos en un espacio que se llama EFAC (Espacio de la Fraternidad Argentino Cubana), y siempre realizamos actividades culturales y de fraternidad con Cuba, y en 2018, aprovechando una gira que realizó Silvio Rodríguez por Argentina, aprovechamos a invitarlo a tocar gratis al espacio en la ciudad de Avellaneda (Buenos Aires), y tuvimos una noche espectacular, con más de 100 mil personas; era con un fin benéfico, con alimentos para los barrios populares”, sostuvo Fontán y agregó: “Allí pensamos que podíamos hacer una película, ya que contaba con los conocimientos prácticos”.

Fontán trabaja como editor en Disney desde hace 10 años, con un fuerte perfil cinematográfico, y si bien ésta es su primera película documental largometraje, ya ha hecho numerosas publicidades y video clips. “Pensando en que se llegaba el 60 aniversario de la revolución cubana en 2019, decidimos hacer la película y nos pusimos a buscar una historia que deseábamos contar; teníamos más o menos la temática que queríamos trabajar, que era la solidaridad de Cuba con otros pueblos, pero no sabíamos qué temas tratar”, señaló el realizador y luego comentó que hablando con un ciudadano cubano que trabajaba en la embajada del país centroamericano les indicó que debían contar la historia de “Tarará”.

“Nos sorprendió porque nunca habíamos escuchado ni siquiera la palabra Tarará, no sabíamos nada de lo que era, ni siquiera que se trataba de una ciudad, pero allí encontramos una joya que fue la que elegimos contar en la película”, señaló el director del documental, quien indicó que a pesar de ser todos parte de un espacio de fraternidad con Cuba no conocían esa historia, pero fue muy interesante el camino que iniciaron. “Ahí nació el proyecto y arrancamos con las entrevistas”, completó.

Además de las entrevistas a quienes tuvieron vinculación con el proyecto cubano, el documental cuenta con testimonios de importantes referentes como Silvio Rodríguez, Aleida Guevara, Atilio Borón e Ignacio Ramonet, entre otros, quienes fueron haciendo sus aportes a la película en diversas entrevistas que Fontán realizó desde 2019 junto al equipo de producción. El director comentó que viajaron en dos oportunidades a Cuba, donde fueron recibidos de manera muy cálida por parte de todos los entrevistados, “gente intelectualmente muy potente, con la que surgieron muchos temas para dialogar”, sostuvo Fontán.

En el año 1986 explotó la central de Chernobil y provocó una ola de radiación por casi toda Europa. Mientras tanto, del otro lado del mundo, Cuba se preparaba para la inminente caída de la Unión Soviética, su principal socio y sostén económico. A pesar de todas las adversidades, Cuba recibió durante 20 años a más de 26.000 niños ucranianos, rusos y bielorrusos enfermos para brindarles tratamiento médico gratuito.

- Puntualmente, ¿qué aristas de la historia descubrieron que más les llamaron la atención?

- El primer entrevistado que tuvimos en Cuba cuando viajamos fue el médico Julio Medina, coordinador del programa durante 21 años; sabía con una claridad expositiva todo lo que se desarrolló durante todo este tiempo, por lo que nos simplificó mucho el trabajo posterior. Además lo hizo con mucha ternura, lo que nos llamó la atención. Con un amor y una nostalgia sobre esos años que nos emocionaba mucho. El día que filmamos con Medina también entrevistamos a Vladimir Rudenko, uno de los primeros niños ucranianos que pasaron por el programa, quien nos contó cosas muy duras sobre su infancia y nos hizo llorar a todos detrás de cámara. Narró cómo estaban enfermos, con pronósticos muy malos, desalentadores, y estaban desamparados porque en Ucrania no existía la atención médica, se quebraba el bloque soviético y ellos estaban perdidos. Incluso muchos de ellos eran huérfanos; la historia de los chicos era muy dura, pero lo contaron con mucha ternura, con toda la contención que había en el programa médico.

Fontán destacó la labor de las enfermeras y el trabajo de las traductoras, quienes aseguraban que eran como una gran familia; “ellos venían de una cultura tan diferente, con un idioma que era la barrera principal, tan pequeños, y se encontraban con gente extraña, en otro país, con otro clima, porque venían de estar en la nieve y llegaban al Caribe con 40 grados de calor, conocían el mar y pasaban mucho tiempo en el agua porque la mayoría de las enfermedades eran de la piel por la radiación, y las sales marinas los ayudaba en la recuperación”, explicó el realizador sobre todos estos cambios a los que se enfrentaron los niños que llegaban desde Chernobil.

“También recuerdan con mucho cariño el recibimiento de los niños cubanos en cada ceremonia de recepción de los nuevos aviones, adonde iba cuando podía Fidel Castro en persona, pero de lo contrario siempre iban los ‘pioneritos´, que eran niños de escuelas cubanas de la ciudad de Tarará”, comentó Fontán, y señaló que ese lugar era un espacio usado para vacacionar con campamentos, y cuando se decide recibir a los chicos se donó a los ucranianos durante todo el tiempo que duró el programa médico, “y cada vez que recibían un avión iban con flores y chocolates para los niños”, completó.

- El número de niños atendidos durante todo lo que duró el programa es realmente imponente, más de 26 mil pequeños acompañados.

- Es muchísimo, es impactante el número de chicos atendidos y el momento histórico en el que se desarrolló el programa, porque se hizo en los ’90, cuando Cuba quedó sola tras la desaparición de la Unión Soviética, que era su principal sostén económico, y Estados Unidos endureció el bloqueo. Cuando pasó todo esto, Fidel Castro ya sabía que se complicaba la situación y así y todo tuvo la locura de lanzar este programa médico que les salvó la vida a tantos chicos de otro país, de otra cultura, con los que no tenían un compromiso.

- ¿Hay registro de otros países que tuvieran un gesto de esta magnitud?

- Grande como el que hizo Cuba, no. De hecho, el programa cubano fue el primero en llevarse a cabo para la ayuda de los niños de Chernobil. Después, Italia tuvo un proyecto mucho más chico que recibió algunos y hay otras historias similares de otros países, pero no con la característica épica de Cuba, con tantos chicos.

- Vienen trabajando en el documental desde hace tiempo y ahora lo pueden estrenar con una muy buena respuesta del público, ¿qué sensación genera esta experiencia?

- Es impresionante, esta semana se estrenó en la plataforma Cine.ar, pero habíamos hecho una experiencia previa en un ciclo de cine de la ciudad de Buenos Aires, donde se podía ver gratis junto a otras 9 películas, y la nuestra fue vista por más de 10 mil personas. Nos llegaron muchos mensajes de amor y agradecimiento. Sabemos que hay un público muy de nicho, de gente que ama a Cuba y la revolución, y que siempre nos seguirá, pero también hay otro público que no conoce la historia de Cuba y que con este hecho tan potente como el accidente de Chernobil y el vínculo con la isla, se sorprende y nos lo agradece mucho. Lo que quisimos fue compartir esa emoción, respetar la verdad histórica y hacer justicia con un hecho que lamentablemente no tiene mucha difusión.