"Es un cultivo que será protagonista del futuro"
El balance de la campaña que se acaba de cerrar para el maíz terminó siendo positivo, a pesar de que había expectativas de mayor volumen anclado en el crecimiento de superficie sembrada en el país. Pero el clima jugó una mala pasada y se llevó entre 7 y 8 millones de toneladas. De todos modos, las 52 millones de toneladas finales son un número muy significativo.
“Fue un año bueno, hubiese sido excelente con un verano algo más húmedo. Y en paralelo acompañó el tema precios por el conflicto de Rusia y Ucrania, sumado a lo climático global. Por eso vemos cifras récords del producto bruto de la cadena del maíz, de exportación y de impacto fiscal”, explicó a Tranquera Abierta, Pedro Vigneau, presidente de Maizar.
Sin embargo, el directivo destacó que “también tenemos que analizar ahí que si en vez de exportar el grano lo transformáramos en carne, leche, etanol, por ejemplo, los números serían mucho mejores aún. Ahí hay mucho trabajo por realizar. Tenemos y debemos seguir creciendo en producción, pero también tenemos un desafío de seguir transformando ese 70 o 75 por ciento de volumen que se va en grano. Es un desafío y es una gran oportunidad porque además el maíz se hace en la gran mayoría de las provincias argentinas. Si lo transformamos lo más cerca del lote que se pueda, tenemos un mayor desarrollo federal”, explicó.
¿Qué falta para eso?
Hacen falta incentivos adecuados. Lo vemos en otros países vecinos cómo se trabajó para que eso suceda. Hace falta crédito, incentivos para la producción y la transformación, políticas previsibles en definitiva. Aunque hablar de políticas previsibles para el agro suele parecer utópico en general. Pero justamente el desafío pasa por ahí.
Brasil y los biocombustibles es un caso, ¿no?
Brasil por ejemplo tomó a los biocombustibles como una política de estado y fue pionero sobre todo con el etanol de caña. Después incorporó el de maíz cuando se hizo productor de maíz. Porque no olvidemos que Brasil hasta no hace mucho importaba. Y avanzó a partir de políticas que justamente benefician el desarrolllo de la bioeconomía. Y en Brasil saben que tienen créditos de largo plazo, que no les van a cambiar las reglas de juego. Además, hay un Estado que tiene claro el camino de los biocombustibles mientras acá tenemos idas y vueltas, no aggiornan el precio, la ley del año pasado que propuso bajar los cortes; son todas señales que van a contramano de lo que se necesita para desarrollar la bioeconomía, y a contramano del mundo. Eso se ve con creces cuando se compara un país que estimula y se ve cómo crece frente a otro que no lo hace y se estanca.
En el caso de etanol, Brasil tenía menos plantas que Argentina y hoy nos triplica...
Pensemos que detrás de eso hay muchas familias que tienen oportunidades laborales, de desarrollarse, de crecer. Porque no se trata sólo de plantas de biocombustibles, hay personas que encuentran trabajo, crecimiento, desarrollo. Claramente se podría hacer bastante más. Y además pensando en agregar valor al maíz lo más cerca del lote para no sumar costos y recortar la huella ambiental.
Las estimaciones hablan que la próxima campaña tendrá menos maíz, ¿por qué?
Es un año en el que se conjugan varias cosas, con mucha incertidumbre política, económica. El maíz tiene un costo de implantación bastante superior al de la soja, por ejemplo. En años difíciles se va a planteos más defensivos, además no hay créditos y entonces se busca una inversión más acotada como puede ser la de la soja que va a crecer en unas 700 mil hectáreas según la estimación de la Bolsa de Cereales y el maíz recortaría 200 mil hectáreas. De todos modos el partido está por jugarse, el clima influye fuerte porque ya deberían estar sembrándose algunos maíces tempranos y claramente no hay humedad para eso. Si bien vemos ultimamente que mucho maíz se corrió a siembras más tardías porque mostró más estabilidad. Pero me parece que la baja en superficie mucho tiene que ver con la incertidumbre y la falta de crédito.
Pensado a futuro, ¿el maíz abre un abanico diverso de alternativas de desarrollo que puede convertirlo en actor central del futuro argentino?
Sin dudas que el maíz está llamado a sumar soluciones al país en el futuro. Recordemos que es una planta carbono 4 a diferencia de la mayoría que es carbono 3, y esto le brinda mucha mayor eficiencia fotosintética, produce más biomasa con menos agua; por lo cual la huella hídrica también es más baja. Y eso lo hace muy interesante para el consumidor que busca cada vez más cuidado del ambiente y captura del carbono. Ahí el maíz tiene un gran partido para jugar como cabeza de rotación y dando sustentabilidad al sistema productivo. Sin demonizar a la soja porque es la forma más eficiente de producir proteínas y aminoácidos esenciales para la vida. Es un trabajo en equipo; se necesitan mutuamente la soja y el maíz. Pero sin dudas el maíz juega un rol protagónico por la parte ambiental y por el aporte de sustentabilidad que da al sistema y más en Argentina.
¿Por qué?
Porque tenemos más del 90% en siembra directa, con bajas fertilizaciones nitrogenadas comparadas con otros países, que le confieren una huella ambiental menor que lo hace atractivo para transformarlo en materiales. Porque el maíz está en miles de cosas que ni pensamos, como pasta dental, jabón, shampoo, ropa, zapatillas, neumáticos, entre otros. Todo eso lo podemos capturar porque tenemos uno de los que menos huella ambiental tiene en el mundo.