Todas las semanas, al menos dos veces, el grupo de danzas integrado “Juntando Afectos” se reúne a ensayar en la sede del taller protegido Tobar García. De diciembre a esta parte, se enfocaron en el próximo desafío: participar de la 59na. edición del Festival Nacional de Folklore que se desarrolla en la ciudad de Cosquín desde el próximo sábado 26 y hasta el 3 de febrero.
El grupo forma parte del Programa Deporte Adaptado de Deportes Río Cuarto y está compuesto por 26 personas, de las cuales algunas tienen algún tipo de discapacidad intelectual.
No es la primera vez que participan de la fiesta más popular del folklore, pero cada edición tiene algo especial. Hace una semana, estuvieron en la apertura oficial del pre Cosquín -es la cuarta vez que se suman a esta instancia- y ahora están a días de desfilar en la inauguración de la primera luna coscoína, el próximo sábado 26.
“A ellos les encanta”, afirmó Graciela Gonzales, mamá de Anabella, de 22, una de las bailarinas. “Yo al principio no podía entender qué le gustaba, pero la verdad es que mi hija es feliz y espera todo el año este momento", resumió la mujer.
En una de las habitaciones de su casa, las mesas están ocupadas por grandes paños de goma espuma. Falta una semana para viajar a las sierras y hay un grupo de mujeres que se puso al hombro la tarea de armar los disfraces que utilizarán para el desfile en la apertura del sábado 26.
Marcela Castro Ríos es la profesora de danza, quien se encarga de coordinar al grupo “Juntando Afectos”. “Este es un grupo de hace muchos tiempo. Ya cumplió 26 años y yo hace desde 2007 que estoy”, contó.
“Comenzó siendo un grupo taller, con presentaciones en pequeños eventos y empezamos a incluir a bailarinas convencionales y a algunas mamás, papás que querían acompañar”, añadió.
-¿Cuál es la característica principal de Juntando Afectos?
-Marcela: Es un grupo integrado, hay bailarines con discapacidad y bailarines convencionales. En este momento hay sólo dos mamás, que son bailarinas y además hay personas de afuera, que se acoplan al grupo, porque llegaron y les gustó.
-¿Qué edades tienen los participantes? ¿Hay algún requisito para participar?
-M: La más chiquita tiene 16, porque una de las características es que tienen que ser mayores de esa edad, y la más grande tiene 73. Es una bailarina, mamá de uno de los bailarines que tiene síndrome de down. En general, las patologías que tienen algunos de los participantes son retardo mental y síndrome de Down.
Supimos tener gente con discapacidad motora, que usaba silla de ruedas o muletas. En esos casos, procurábamos que los bailarines con discapacidad se adapten al bailarín convencional y viceversa.
La presentación
-¿Qué van a presentar este año en el festival?
-M: Cosquín siempre tiene una temática. Este año, para el desfile, las temáticas son leyendas originarias de cada provincia. Nosotros llevamos la leyenda del duende Julián, del Cerro Uritorco, y por eso hacemos disfraces de una familia de duendes.
-¿Qué cuenta esa leyenda?
-M: Cuenta que Julián tiene un poder energético que protege a todos los que habitan en Capilla de Monte y a todos los que van a visitarlo. Los chicos, en el desfile, generalmente entregan un souvenir. La leyenda cuenta que cuando uno quiere invocar al duende y a su familia para protegerse, hay que armar una fogata con un popurrí de flores, hierbas aromáticas y pedacitos de metal y, según la tradición, cuando se funden todas las flores y las hierbas con los pedacitos de metal, estas piezas quedan poseídas por el duende y hay que llevarlas con uno para que te proteja de todos los males. Nosotros llevamos unas 800 bolsitas para repartir en el desfile.
La preparación para el festival se hace con un año de anticipación. Ni bien termina una presentación, se toman unos días de vacaciones y empiezan a orgarnizar el número artístico del año siguiente.
-¿Cuántas personas son las que viajan?
-M: Cuarenta son las personas que viajan, de las cuales 26 bailan y el resto va de acompañante. Vamos a estar los 10 días que dura el festival, hasta el 3 de febrero. Tenemos distintas actuaciones a lo largo del espectáculo. Una noche hay una peña, otra vamos al patio festivalero, pero llevamos dos o tres cuadros, no sólo los disfraces de los duendes. Con estos atuendos vamos solamente al desfile y después nos presentamos en los distintos espectáculos que se dan en el marco del Festival, en los balnearios y localidades aledañas.
-¿Todos los años cambian los ritmos?
-M: Todos los años se cambian las coreos. Trabajamos en cuadros, hacemos uno o dos nuevos y todos los años se cambian las ropas. A veces podemos reutilizar y a veces no.
-¿Por qué eligen seguir yendo a Cosquín?
-M: Los chicos lo esperan todo el año. Sabemos que son vacaciones para muchos, más allá de que vamos a trabajar y tenemos horario de actuación y de presentaciones, ellos lo esperan todo el año. Ya sabemos que está pautado, que se trabaja todo diciembre, todo enero sin descansar para poder ir a Cosquín.
-¿Qué clima se genera entre todos allá?
-Los primeros años fueron complicados, porque no es que vamos a un hotel 5 estrellas. Si bien estamos súper cómodos y nos atienden súper bien, nos alojamos en una colonia, donde dormimos todos juntos en un pabellón que es general, amanecemos todos juntos, estamos todo el tiempo juntos. A veces nos separan mujeres y varones y hay veces que estamos todos mezclados. Esa convivencia da el aprendizaje diario”.
Sentada en el suelo, dibujando los paños de goma espuma, está Jasmín Pedraza, una de las bailarinas del elenco, quien rescata los valores que aprende del grupo. "Yo tengo la posibilidad de acompañar hace un montón de años a los chicos y eso está bueno. Como bailarina, en mi experiencia personal, con ellos aprendo un montón de cosas, todos los días, todo el tiempo".
"En ellos encuentro compañerismo y valores únicos. Además, son bailarines completísimos y es lo que se valora en Cosquín. No llevan los chicos a posar, sino que hay una coreografía detrás", dijo.
A su lado, Alicia Herrera, una de las primeras participantes, pinta las caras de los duendes. "Tengo 26 años en el grupo y con la profe Marcela aprendí a entenderlos. El grupo me cambió muchas cosas. El de solidarizarte por el otro, hacer por el otro, por ahí no entendía cosas que ella marcaba como ‘acá van a salir todas iguales, las bailarinas especiales como las comunes”. A todo eso lo aprendí a través de ella, de que todos somos iguales. Eso es lo que cuesta y ellos te ayudan a verlo, además que toman la vida de una forma distinta", expresó.
Lo que se viene
-¿Con qué proyecto tienen pensado continuar este año?
-M: Vamos a descansar en febrero, dos o tres semanas y se vuelve a arrancar con la preparación para el año que viene. El proyecto de este año es poder viajar a Salta a un congreso de danza, que nos invitaron y no pudimos ir a presentar el proyecto de integración, así que ahí vamos a estar pidiendo a la ciudadanía que nos ayude. Todo el año se gestiona, se trabaja, se pide, se pelea, pero es un trabajo que vale la pena.
Magdalena Bagliardelli
Redacción Puntal
No es la primera vez que participan de la fiesta más popular del folklore, pero cada edición tiene algo especial. Hace una semana, estuvieron en la apertura oficial del pre Cosquín -es la cuarta vez que se suman a esta instancia- y ahora están a días de desfilar en la inauguración de la primera luna coscoína, el próximo sábado 26.
“A ellos les encanta”, afirmó Graciela Gonzales, mamá de Anabella, de 22, una de las bailarinas. “Yo al principio no podía entender qué le gustaba, pero la verdad es que mi hija es feliz y espera todo el año este momento", resumió la mujer.
En una de las habitaciones de su casa, las mesas están ocupadas por grandes paños de goma espuma. Falta una semana para viajar a las sierras y hay un grupo de mujeres que se puso al hombro la tarea de armar los disfraces que utilizarán para el desfile en la apertura del sábado 26.
Marcela Castro Ríos es la profesora de danza, quien se encarga de coordinar al grupo “Juntando Afectos”. “Este es un grupo de hace muchos tiempo. Ya cumplió 26 años y yo hace desde 2007 que estoy”, contó.
“Comenzó siendo un grupo taller, con presentaciones en pequeños eventos y empezamos a incluir a bailarinas convencionales y a algunas mamás, papás que querían acompañar”, añadió.
-¿Cuál es la característica principal de Juntando Afectos?
-Marcela: Es un grupo integrado, hay bailarines con discapacidad y bailarines convencionales. En este momento hay sólo dos mamás, que son bailarinas y además hay personas de afuera, que se acoplan al grupo, porque llegaron y les gustó.
-¿Qué edades tienen los participantes? ¿Hay algún requisito para participar?
-M: La más chiquita tiene 16, porque una de las características es que tienen que ser mayores de esa edad, y la más grande tiene 73. Es una bailarina, mamá de uno de los bailarines que tiene síndrome de down. En general, las patologías que tienen algunos de los participantes son retardo mental y síndrome de Down.
Supimos tener gente con discapacidad motora, que usaba silla de ruedas o muletas. En esos casos, procurábamos que los bailarines con discapacidad se adapten al bailarín convencional y viceversa.
La presentación
-¿Qué van a presentar este año en el festival?
-M: Cosquín siempre tiene una temática. Este año, para el desfile, las temáticas son leyendas originarias de cada provincia. Nosotros llevamos la leyenda del duende Julián, del Cerro Uritorco, y por eso hacemos disfraces de una familia de duendes.
-¿Qué cuenta esa leyenda?
-M: Cuenta que Julián tiene un poder energético que protege a todos los que habitan en Capilla de Monte y a todos los que van a visitarlo. Los chicos, en el desfile, generalmente entregan un souvenir. La leyenda cuenta que cuando uno quiere invocar al duende y a su familia para protegerse, hay que armar una fogata con un popurrí de flores, hierbas aromáticas y pedacitos de metal y, según la tradición, cuando se funden todas las flores y las hierbas con los pedacitos de metal, estas piezas quedan poseídas por el duende y hay que llevarlas con uno para que te proteja de todos los males. Nosotros llevamos unas 800 bolsitas para repartir en el desfile.
La preparación para el festival se hace con un año de anticipación. Ni bien termina una presentación, se toman unos días de vacaciones y empiezan a orgarnizar el número artístico del año siguiente.
-¿Cuántas personas son las que viajan?
-M: Cuarenta son las personas que viajan, de las cuales 26 bailan y el resto va de acompañante. Vamos a estar los 10 días que dura el festival, hasta el 3 de febrero. Tenemos distintas actuaciones a lo largo del espectáculo. Una noche hay una peña, otra vamos al patio festivalero, pero llevamos dos o tres cuadros, no sólo los disfraces de los duendes. Con estos atuendos vamos solamente al desfile y después nos presentamos en los distintos espectáculos que se dan en el marco del Festival, en los balnearios y localidades aledañas.
-¿Todos los años cambian los ritmos?
-M: Todos los años se cambian las coreos. Trabajamos en cuadros, hacemos uno o dos nuevos y todos los años se cambian las ropas. A veces podemos reutilizar y a veces no.
-¿Por qué eligen seguir yendo a Cosquín?
-M: Los chicos lo esperan todo el año. Sabemos que son vacaciones para muchos, más allá de que vamos a trabajar y tenemos horario de actuación y de presentaciones, ellos lo esperan todo el año. Ya sabemos que está pautado, que se trabaja todo diciembre, todo enero sin descansar para poder ir a Cosquín.
-¿Qué clima se genera entre todos allá?
-Los primeros años fueron complicados, porque no es que vamos a un hotel 5 estrellas. Si bien estamos súper cómodos y nos atienden súper bien, nos alojamos en una colonia, donde dormimos todos juntos en un pabellón que es general, amanecemos todos juntos, estamos todo el tiempo juntos. A veces nos separan mujeres y varones y hay veces que estamos todos mezclados. Esa convivencia da el aprendizaje diario”.
Sentada en el suelo, dibujando los paños de goma espuma, está Jasmín Pedraza, una de las bailarinas del elenco, quien rescata los valores que aprende del grupo. "Yo tengo la posibilidad de acompañar hace un montón de años a los chicos y eso está bueno. Como bailarina, en mi experiencia personal, con ellos aprendo un montón de cosas, todos los días, todo el tiempo".
"En ellos encuentro compañerismo y valores únicos. Además, son bailarines completísimos y es lo que se valora en Cosquín. No llevan los chicos a posar, sino que hay una coreografía detrás", dijo.
A su lado, Alicia Herrera, una de las primeras participantes, pinta las caras de los duendes. "Tengo 26 años en el grupo y con la profe Marcela aprendí a entenderlos. El grupo me cambió muchas cosas. El de solidarizarte por el otro, hacer por el otro, por ahí no entendía cosas que ella marcaba como ‘acá van a salir todas iguales, las bailarinas especiales como las comunes”. A todo eso lo aprendí a través de ella, de que todos somos iguales. Eso es lo que cuesta y ellos te ayudan a verlo, además que toman la vida de una forma distinta", expresó.
Lo que se viene
-¿Con qué proyecto tienen pensado continuar este año?
-M: Vamos a descansar en febrero, dos o tres semanas y se vuelve a arrancar con la preparación para el año que viene. El proyecto de este año es poder viajar a Salta a un congreso de danza, que nos invitaron y no pudimos ir a presentar el proyecto de integración, así que ahí vamos a estar pidiendo a la ciudadanía que nos ayude. Todo el año se gestiona, se trabaja, se pide, se pelea, pero es un trabajo que vale la pena.
Magdalena Bagliardelli
Redacción Puntal

